Ayudando a nuestros hijos a conocerse mejor

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El autoconocimiento es una de las primeras capacidades que necesitan los niños y niñas para desarrollar su inteligencia emocional, porque es lo que le hace descubrir qué siente y cómo lo expresa.

Les ayudamos si:

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1.      Aprenden a nombrar  y expresar sus emociones y descubrir la de los demás.

2.      Valoran sus capacidades y pueden describirse como un ser único, diferente del resto.

3.      Reflexionan acerca de lo que provocan sus emociones y las del otro.

Ante distintas situaciones, y siempre después de observarles, pondremos nombre a sus emociones: “Estás triste”, “Pareces muy enfadado/a”; “Veo que estás contento/a”… A continuación le preguntaremos si es así cómo se siente. Luego le podemos contar cómo nos sentimos nosotros para que aprenda que las emociones pertenecen a cada uno, que son reacciones personales a situaciones concretas y que, por tanto, no son buenas ni malas: “Tienes cara de susto por el petardo… siento que te hayas asustado, a mí, en cambio me parece divertido”.

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Las emociones se expresan tanto con el lenguaje verbal como con el no verbal. Las palabras ponen el nombre para poder expresar lo que nos pasa o escuchar lo que les ocurre a los otros, pero lo no verbal tiene un valor fundamental. Para que el  niño o la niña entienda esto podemos usar unas fotos con caras que expresen emociones y pedirles que las imiten o hacer con él/ella un dado con las palabras “triste, alegre, enfadado, vergonzoso, feliz, asustado, etc.” Al tirarlo, tendrá que poner la expresión que corresponda.

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La expresión de emociones tiene que ver con la salud, en la medida que contamos lo que nos pasa, somos más capaces de buscar soluciones a los conflictos; si callamos, podemos somatizar dolencias físicas como los dolores de tripa, de cabeza, tics nerviosos, etc. Por eso es importante reconocer nuestras emociones. Para que los niños y niñas lo comprendan les decimos que la dificultad para expresar sentimientos es como un bichito que crece en el estómago y nos hace encontrarnos mal, mientras que si contamos a alguien lo que nos pasa, el bichito se va haciendo cada vez más pequeño, hasta desaparecer.

Uno de los pasos más complicados es que entiendan la relación que existe entre sus actos (gritar, pegar…) y las emociones que los provocan (enfado, frustración…). Si es capaz de identificarlas, también lo será expresarlas de manera adecuada. Es importante mostrarse firme y constante con las consecuencias de los comportamientos de los hijos e hijas, de esta forma les ayudaremos a entender esta relación, siempre con un respeto y cariño incondicional.

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A continuación hay que enseñarles a canalizar aquellos comportamientos que no son adecuados para expresar sus emociones. Este aprendizaje va estrechamente unido a lo que su comportamiento provoca en los demás. Podemos decirle: “ya veo que estás (enfadado, sorprendido, contento, triste…) por eso (gritas, ríes, lloras…), comprendo cómo te sientes…(empatizamos). Pero cuando tú haces eso, yo me siento…(consecuencias de su actuación en los otros: enfadada, contenta, preocupada, etc…).

Conocer por qué se producen las emociones también supone un aprendizaje que ayuda a canalizarlas y expresarlas adecuadamente, a la vez, nos proporciona información sobre lo que nosotros provocamos en los demás con nuestras actuaciones.

En los próximos post seguiremos profundizando sobre cómo ayudar a los hijos e hijas a su autoconocimiento y autovaloración.

Susana Paniagua Díaz

Psicóloga y coach

Grupo Crece

El amor, ¿de quién depende?

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Si en algo coincidimos todos es en que el amor es difícil. Desde encontrar una persona que te genere ese nosequé que queseyo hasta mantener una relación duradera, hay una sucesión de pasos que hacen que concluyamos que esto del amor, es casi un milagro.

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Cierto es que, en este juego del amor, hay muchos factores incontrolables. No podemos controlar que las personas que encontramos en nuestro camino
cumplan con nuestros estándares, ni que  estén abiertos a emprender el camino de apertura y descubrimiento que implica el inicio de una relación, ni que busquen el mismo modelo de relación que nosotros y nosotras... Sin embargo, vivirlo desde una vision casi azarosa nos puede hacer tomar una
actitud de gran pasividad, que derive incluso en actitudes apáticas o
defensivas.

Pero, ¿donde estamos cada uno en todo esto? ¿Seguimos siendo la princesa a la espera de que el príncipe luche contra nuestros dragones para abrirle nuestro corazón? ¿Seguimos siendo ese príncipe a la espera de encontrar una princesa que se entregue plenamente después de proponernos un reto para sentirnos seguros? Sin duda, este planteamiento pasivo del amor nos traslada a lugares tan antiguos como peligrosos.

Necesitamos conquistar nuestro territorio, tomar nuestra parte de responsabilidad en cada uno de los pasos y ejercer nuestra parte de poder.


¿Estoy haciendo todo lo que está en mi mano hacer para conocer a personas?

¿Estoy favoreciendo que esta relación avance?

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¿Qué puedo hacer para que mejore esta crisis de pareja?

¿Tengo heridas que están influyendo en este campo y debería sanar?


Este enfoque nos permitirá dar luz a un mundo que en ocasiones nos confunde con sus sombras, nos hace sentir perdidos y nos llena de angustia. Tomar nuestra responsabilidad nos coloca en un rol activo, nos abre esperanza y una visión positiva, o, al menos, más poderosa.

Pero, ¿por qué nos cuesta tanto tomar nuestra parte de responsabilidad?

Históricamente, el amor se ha tratado de manera categórica, entendiendo que existe sólo una manera de amar, una manera de vivir el amor, como si fuese una calle de sentido único. Esto nos lleva a esa actitud de dejarnos llevar, sintiendo que en ese carril habrá giros a la izquierda y la derecha que, suponemos, forman parte del camino. Nos lleva a vivir esos giros como inesperados, y a no saber cuándo se volverá a re alinear el camino.

Por eso, reconozcamos la complejidad de tan amplío tema, con todas sus matices, viendo las partes que no controlamos, pero sin perder de vista todos los campos en los que nuestra influencia va a tener un peso clave. Y una vez detectadas nuestras responsabilidades,  nuestro poder, ¿vas a renunciar a él?

Quiero ser perfecta/o

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En terapia, tras muchas frases de angustia, de duda, de inconexión absoluta entre ideas, jaleo de emociones, pensamientos destructivos y sufrimiento a raudales, en muchas ocasiones lo que leo entre líneas es sencillamente :  

QUIERO SER LA PERSONA PERFECTA.

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Querer manejar conflictos sin un ápice de descontrol, gestionar emociones negativas sin que desborden y que duren poco en el tiempo, ser divertida, simpática, inteligente y con palabras siempre razonables y justas, resolutiva en el trabajo, tener un cuerpo estupendo, disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, dar tiempo a mi pareja, ser una madre/padre que atienda a sus hijos y les de el tiempo que necesitan y les enseñe la felicidad…Y todo esto a la vez!

 

En la perfección una imagina el éxito. Si tiramos del hilo , tras el “éxito” lo que encontramos es la necesidad de amor, de que me valoren y quieran. Y si tiramos un poco más, encontramos el miedo a defraudar a…( siempre hay alguien, que curiosamente suele ser un padre/madre/ familiar).

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Pero en la perfección olvidamos la otra cara de la moneda: el que se encuentra por encima de otras personas ( pues ser perfecta no es otra cosa que ser mejor que otras), se encuentra en la más pura soledad. Si somos perfectas no necesitamos a nadie, pues en nosotras está todo. Estamos completas. Y ¿ Cómo puede sentirse una persona al lado de otra que no se permite ni necesita nada de nadie? Todo el mundo necesita ser valorado, pero al lado de una persona perfecta nadie se siento valorado, pues el perfecto lo absorbe todo. Conclusión, el perfecto es el primero que se excluye y se acerca a la soledad que tanto teme.

Si quieres llegar a ser la mejor persona, trabaja en tu propia imperfección.

El imperfecto que se acepta como tal, deja de tener miedo a cometer errores, pues sabe que los habrá, que de ellos aprenderá y que con ello conseguirá sus objetivos.

El imperfecto que se acepta, se sitúa al mismo nivel que el resto de humanos ( imperfectos como él), por lo que las relaciones se viven desde la igualdad, dejando de lado las comparaciones, la soberbia, las envidias y el sentimiento de inferioridad.

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El imperfecto que se acepta, entenderá la imperfección del otro, por lo que no le considerará inútil, tonto o inferior, comprenderá que hay cosas en las que el otro no es tan hábil, pero le respetará como ser humano.

Así que sólo te deseo que tu objetivo sea ser el/la PERFECTO/A IMPERFECTO/A.

Raquel Ibáñez Ortego

Psicóloga y formadora

Grupo Crece


 

 

¿Se ha de decir siempre lo que piensa?

¿ Se ha de decir siempre lo que uno piensa?

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Los profesionales de la psicología siempre insistimos en la importancia de que las personas vayan siendo conscientes de sus deseos y necesidades más profundas y sinceras. Y no sólo que sean conscientes de ellas, sino que puedan expresarlos hacia afuera. Que las personas que nos rodean, también, sepan de nuestros deseos, nuestras opiniones, de nuestras necesidades es muy saludable para crear relaciones sanas (o romper con relaciones insanas).

Pero…¿ es necesario decirle siempre al otro lo que pensamos? ¿Es necesario que la “ bandera de la verdad” sea nuestra representante?

Ser sincero con uno mismo y con los demás es algo muy recomendable, pero si, además, utilizamos algunos criterios para que la verdad no se vuelva en nuestra contra, aprenderemos a discernir entre las verdades útiles y que las que pueden provocar un daño innecesario.

Os dejamos este cuento para la reflexión:

Las tres rejas

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El joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa de éste y le dice:

- Oye maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia.....

- !Espera! - lo interrumpe el filosofo - ¿ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?

- ¿Las tres rejas?

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- Si. La primera es la verdad. ¿Estas seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?

- No. Lo oí comentar a unos vecinos.

- Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?.

- No, en realidad no. Al contrario...

- !Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?

- A decir verdad, no.

- Entonces, dijo el sabio sonriendo

- Si no sabemos si es verdad, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

Podemos recoger estos criterio de verdad, bondad y necesidad para cualquier cosa que queramos expresar. No sólo para los “chismes” de unos contra otros, sino para verdades nuestras.

A veces, si hemos estado mucho tiempo de nuestra vida callando y aprendemos a quitarnos el miedo a expresar, surge en nosotros la necesidad imperiosa de llevar la verdad por delante, de no volver a callar.

 Antes de hablar pregúntate esto:

1. ¿ Lo qué quieres decir es absolutamente cierto?

2. ¿ Lo que quieres decir es bueno para alguien?

3. ¿ Es necesario que el otro sepa lo que quieres decir?

 

Raquel Ibáñez Ortego

Psicóloga y terapeuta

Grupo Crece

Autoestima: aprendiendo a querernos bien

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En el lenguaje común, el término autoestima se utiliza para explicar, hasta cierto punto, el grado en que una persona se quiere o valora a sí misma.

Es tremendamente común en nuestros talleres, o sesiones individuales escuchar frases como "no me quiero a mi mismo", "tengo una autoestima muy baja" o "no me valoro".

Unos de los puntos importantes que nos gusta destacar, es que la autoestima no es un depósito que se tiene lleno o vacío, lo que sí es cierto, es que la autoestima emana de la valoración que hace la persona sobre si misma, sus fortalezas o debilidades, y su autoconcepto. Pero el término de autoestima alta o autoestima baja no nos gusta demasiado, preferimos hablar de autoestima dañada o sana.

Imaginémonos una personalidad narcisista. Para quien no esté familiarizado con el término lo explicamos. Es un tipo de personalidad, o rasgo, que llama la atención porque la persona nos da a entender que tiene un alto concepto de sí misma, tiende a achacar los errores a los demás o al entorno y a percibir los triunfos a su persona o a su gran capacidad. Estas personas, tienen una gran dificultad para aceptar o asumir errores, y una forma de concebir el mundo muy egocéntrica, lo que les dificulta a la hora de aprender, adaptarse a su entorno, o profundizar en sus relaciones personales, ya que, con mucha facilidad, podrán ser rechazados por los demás. Dan la imagen de sentirse superiores al resto, y se comportan con los demás como si eso fuese cierto. El ejemplo que hemos definido sería un narcisista de libro, pero existen muchas modulaciones de esta personalidad en el mundo. ¿Os suena alguna persona de vuestro entorno?... Si no es así, seguro que rápidamente os vienen a la mente ejemplos de personas famosas relacionadas con esta forma de ser.

Pues este es un ejemplo claro de tener, por un lado, una autoestima muy alta. Pero, ¿consideraríais esto una autoestima sana?. ¿Se está valorando esta persona de una forma realmente saludable?. Por cuestiones como esta, nos decidimos por la clasificación de autoestima sana y autoestima dañada.

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La autoestima sana, consistiría en ser capaz de valorarnos con justicia, siendo conscientes de nuestros errores o nuestras dificultades.

 

Yo puedo admitir que no soy un gran orador, pero también ser consciente de tener una gran capacidad de trabajo. Quizá no destaque en mi faceta deportiva, pero eso no quita que sea un gran motivador y una persona carismática que hace sentir unida y conectada a la gente que me rodea. Una persona con una autoestima sana, se reprochará con justicia por algo en lo que no haya dado la talla o no le haya salido bien, de forma constructiva, y también será capaz de reconocer sus logros y sentirse orgullosa de ellos, valorándolos, sin despreciarlos o restarles importancia.

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Cuando hablamos de autoestima dañada, nos referiríamos justo a lo contrario de la autoestima sana, pero esto no solo incluye a las personas que no se valoran o se valoran poco, sino también a quienes se consideran continuamente los números 1, sin admitir errores, o tratando de ocultar la responsabilidad o de echar balones fuera.

Por tanto, si estamos educando a niños pequeños, o queremos ayudar a alguien con problemas de autoestima, o a nosotros mismos, lo conveniente siempre, es enseñar a esa persona a valorarse de forma sana, en lo positivo y en lo negativo, y no necesariamente cubrirle de elogios o criticarle duramente. La clave está en generar esa reflexión justa, y en lograr ayudarles a explorar sus fortalezas y debilidades por sí mismos.

En el próximo post, os enseñaremos una técnica para explorar el autoconcepto.

¡A quererse se ha dicho! ... pero a quererse bien.

Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece

 

 

La opinión de los demás importa demasiado

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Usted siempre es valioso, no porque alguien lo diga,

 no porque usted es exitoso,

no porque usted gana mucho dinero,

sino porque usted decide creerlo por ninguna razón". Wayne Dyer.

 

Para el ser humano es una motivación básica ser valorado y estimado, ser aceptado. Necesitamos el reconocimiento de que nuestra identidad ( lo que decimos, lo que pensamos y hacemos) tiene un valor y de que nos hace únicos y diferentes

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Ahora bien, una cosa es que te afecte algo y otra que te paralice completamente.

Es como si hubiera dos sintonías en nuestra vida: la de los otros , con sus juicios, deseos, alabanzas y consejos; la nuestra propia, con nuestros juicios, deseos, alabanzas y consejos.

Pero la sintonía de los otros está a un mayor volumen, por lo que silencia la nuestra. La nuestra queda relegada a un simple hilillo de voz al que no damos valor ni fuerza para sonar.

Sintonizar únicamente con lo que los demás piensan de ti puede llevarte a no vivir la vida que quieres vivir, a ignorar tus deseos y necesidades, pues serán los deseos y necesidades de los demás los que gobiernen tu vida.

¿ Cómo puedo manejar esto?

Bueno, esto no es fácil, porque siempre habrá otros que opinen sobre ti. Por lo que en principio el objetivo irá encaminado a empoderar ( dar volumen a ) tu sintonía propia y no tanto el acallar la de los demás.

1. ¿ Sabes cuál es tu sintonía? ¿ La has escuchado alguna vez?

Lo primero de todo es empezar a escucharte, porque quizás nunca te hayas preguntado qué quieres tú. Cada vez que el otro emita una opinión, consejo, crítica o algo que veas que te afecte, pon el foco en ti y pregúntate ¿qué quiero yo? La respuesta no tiene por qué ser rápida, instantánea. Quizás necesites tiempo para dar con ella, pero el primer paso es empezar a buscarla.

Cuando estás convencida de que haces lo que de verdad quieres no dejas que las críticas de los demás te paren.

2. Cada sintonía tiene su historia.

La sintonía del otro es resultado de la experiencia del otro, de su historia de vida, de sus aprendizajes, de sus fracasaos, de sus éxitos, de sus circunstancias. Es su sintonía y es la que le ha llevado a donde se encuentra. No tiene por qué ser válida para ti, para tu historia, para tus circunstancias. Tu historia y tus circunstancias son únicas.

Escucha a alguien que tenga experiencia en tu situación o en ti ( que conozca tu manera de sentir, pensar y hacer de forma habitual). No es necesario que nunca escuches a otros que no sepan de lo tuyo, siempre está bien tener en cuenta las ideas de personas de otros campos porque te pueden abrir los ojos a ciertas cosas que no habías considerado. Eso es una cosa y otra dejar que una persona ajena a tu historia  te diga que haces bien o mal.

3. Aléjate de personas que sólo saben malmeter y criticar.

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Una cosa es la crítica constructiva, que te ayuda a crecer y mejorar (aunque duela un poco), y otra la crítica descarnada y con mala idea. Aléjate de ese tipo de personas y rodéate de gente que te apoye y te anime, que no quiere decir que te den siempre la razón, pero que al menos te apoyen.

Si siempre te adaptas a los deseos de otros, nunca vas a conocer los propios y, probablemente, alejes más gente de la que atraiga.

Raquel Ibáñez Ortego

Psicóloga

Grupo Crece