Hacer o recibir críticas: una expresión con mala fama (parte 2)

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En el anterior artículo explicamos el concepto adecuado de crítica y enumeramos los primeros pasos para realizarla correctamente. Os recordamos:

1)      Describir el hecho, conducta o situación de forma objetiva, sin atacar.

2)      Expresar como nos hace sentir esta situación con los mensajes del YO y lenguaje emocional.

3)      Empatizar con la otra persona.

4)      Expresar el deseo de solución, incluyéndonos como motivadores de cambio.

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En el artículo de hoy, finalizaremos con los últimos pasos para que la crítica quede completa.

 

5)      Pedir posibles soluciones a la otra persona o personas.

Durante este paso, lo que haremos será preguntarle a la otra persona que posibles soluciones entiende que ayudarían a mejorar o resolver la situación. Es importante empezar por aquí, ya que, con mucha frecuencia, tendemos a imponer o marcar nuestras propias medidas para que se produzcan los cambios sin tener en cuenta al otro. De esta manera, al invitar al otro a esta reflexión, eliminamos esta opción de parecer imperativos o transmitir la sensación de ser los únicos que conocemos cómo arreglar el asunto.

Ejemplo adecuado: “Me gustaría mucho saber como se te ocurre a ti que podríamos resolver esta cuestión”.

Ejemplo inadecuado: “Quiero que dejes de tener estos comportamientos, porque así no vamos a ninguna parte”.

 

6)      Ofrecer las propias soluciones.

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Ahora sí. En este punto, y una vez escuchado lo que la otra persona nos ha expuesto, podemos ofrecer nuestras soluciones, sin menospreciar las otras, tratando de argumentarlas y expresándolas también desde los mensajes del yo.

Ejemplo adecuado: “Después de escuchar lo que tu has dicho, a mi también se me ha ocurrido que podíamos repartir el trabajo de una manera diferente, y cuando ocurran estas situaciones comentarnos antes los problemas o mandarnos un email. Así el trabajo se agilizaría y sería menos probable que se produjeran malentendidos”.

Ejemplo inadecuado: “Yo creo que eso no sirve para nada, lo que hay que hacer es…”

 

7)      Negociar si es necesario y generar un compromiso.

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Este punto es fundamental, ya que la crítica puede quedar en agua de borrajas si no se marca un compromiso común entra ambas partes, y todos los puntos anteriores no tener ninguna utilidad. En algunas ocasiones, es posible que ambas partes tengan posturas algo opuestas, y quizá sea necesario llegar a un acuerdo o negociación entre ambas. Primero tendríamos que valorar hasta que punto estamos dispuestos a negociar, cual es nuestro objetivo y nuestra posición en este asunto. Explicitar de nuevo el acuerdo ayuda a recordarlo y comprobar si se ha entendido bien. Si la situación lo requiere, también puede ser interesante marcarse plazos o intervalos de tiempo.

Ejemplo adecuado: “Tu propuesta de escribirnos me ha gustado, y creo que a ella podríamos incorporar lo del reparto, yo estoy dispuesto a ceder estos días con estas labores y luego repartir de nuevo. Entonces, ¿te parece bien que ambos nos comprometamos a hacer esto durante este mes”.

Ejemplo inadecuado: “Vale, pues ya está, espero que vaya bien”.

 

8)      Anticipar consecuencias, tanto negativas como positivas.

¡Ojo! Este punto puede entenderse mal si lo convertimos en amenaza o lo damos a entender. El objetivo de esta parte de la crítica es hacer ver de nuevo las consecuencias que puede tener llegar al acuerdo o no llegar. Siempre deben expresarse desde el yo y puede ayudar el lenguaje emocional como en los ejemplos que pondremos a continuación.

Ejemplo adecuado: “Si conseguimos hacerlo así los dos, creo que nuestro trabajo será más efectivo y estaremos mucho más cómodos. Pero si lo dejamos pasar y continuamos así, probablemente el problema se enquiste, habrán malentendidos y nos sentiremos desmotivados y frustrados”.

Ejemplo inadecuado: “Mas vale que empecemos a cambiar, porque no se hasta donde vamos a llegar con este problema y no quiero más conflictos”.

 

9)      Paso final. Refuerzo, agradecimiento y cierre.

Es un paso de cierre para terminar con algo positivo el encuentro y motivar al acuerdo. Permite salir con buen sabor de boca y dar a entender que se ha dado un paso en algo que a veces parece difícil exponer.

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Ejemplo adecuado: “Te agradezco mucho este tiempo, estoy contento de que hayamos resuelto la situación”.

Ejemplo inadecuado: “Bien, pues como ya está hablado me voy, adiós”.

Antes de finalizar, y a parte de animaros a practicar, os señalo que dedicar un poquito de tiempo previo a preparar la crítica siempre es positivo, no es indispensable seguir los pasos tal cuál al pie de la letra, cada cual tenemos nuestro estilo. Si en un principio no os sale como esperabais, olvidáis algo importante o no tiene el efecto que deseáis. ¡No os desaniméis! Con la práctica se va perfeccionando y se consiguen cambios muy positivos.

 

¡A PRACTICAR Y FELIZ SEMANA!

 Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece

 

Relaciones tóxicas: cómo identificarlas

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La denominación de “relación tóxica” forma parte de nuestro vocabulario, la usamos en nuestras conversaciones cotidianas pero, sin embargo, no existe una definición unificada para ellas. Esta realidad nos indica lo complejo del término, y lo difícil que es identificarlas (es muy difícil identificarse con algo que no está definido). Por eso, a continuación vamos a reflexionar sobre los factores que caracterizan este tipo de relaciones:


1. Son difíciles de identificar.

Como hemos visto, no tener una definición unificada del término hace que nos cueste mucho darnos cuenta de que esa relación que tenemos con una persona determinada es, efectivamente, una relación tóxica. Además, ciertos modelos relacionales extendidos a través de películas, series y canciones, hacen que normalicemos comportamientos tóxicos y que les demos un significado incluso positivo.


2. Están basadas en la confusión.

Cuando estamos en una relación tóxica sentimos y pensamos cosas, hasta en ocasiones, contrarias. Esto nos hace dudar de que los pensamientos y emociones negativos puedan ser ciertos: “Como le voy a odiar si ha hecho tantas cosas por mi”, “como me va a hacer daño si soy tan importante para él/ella”.


3. Son drásticas e intensas.

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Las interacciones y las emociones que implican estas relaciones, son una montaña rusa, pueden cambiar en una misma conversación y pasar por estados diferentes en un periodo de tiempo muy corto.


4. Sensación de falta de control.... y de estar a la expectativa.

Estas relaciones, por las características que hemos nombrado en los puntos anteriores, hacen que vivamos la relación con un cierto grado de tensión y ansiedad. Sentimos que lo que suceda no está en nuestro control, que no sabemos si el otro va a reaccionar bien o mal ante una información, que no sabemos si estará hoy de buenas o de malas.


5. Hay un juego de poder.

En estas relaciones, muchas interacciones están basadas en poner a prueba el poder que se tiene sobre la otra persona, sobre sus decisiones, sus emociones... Estos juegos de poder pueden ser complementarios (uno de ellos ejerce poder y el otro se somete al poder) o simétricos (ambos luchan por el poder).

Atendiendo a estos factores, podemos darnos cuenta de que las relaciones tóxicas se pueden generar en cualquier contexto: familiar, laboral, social o de pareja. No existe un espacio más proclive que otro a generar dinámicas tóxicas, y todos son igual de graves y dañinos para quienes lo padecen.

Existen dos factores que generan una relación tóxica: personas tóxicas y dinámicas tóxicas.

Personas tóxicas

Las personas tóxicas son aquellas cuyo patrón relacional suele estar marcado por los factores arriba mencionados. Son personas con dificultades para establecer relaciones duraderas, que fundamentan sus relaciones en emociones muy extremas, y que suelen posicionarse en un marco continuo de aliados-enemigos, en el que el segundo grupo suele ser mayoritario.

Son personas con una actitud suspicaz ante las relaciones, que tienden a tener una interpretación negativa de los actos de los demás y que llevan a la acción todos sus pensamientos y sentimientos.

Son personas cuya historia está llena de episodios de abandonos, grandes enfados, personas con las que no se hablan, de amistades rotas y de historias de amor telenovelescas.

Dinámicas tóxicas

Las dinámicas tóxicas tienen un componente sistémico. Son situaciones en las que los implicados tienen un grado de responsabilidad, por fomentar o permitir la dinámica.

Las dinámicas tóxicas se cuecen a fuego lento, son una escalada que va poco a poco llevando la relación a lugares que no se podían imaginar en los inicios de la misma. Hacen que las personas saquen facetas que no les identifican en otros ámbitos de sus vidas, solo se muestran en esa relación y resultan hasta sorpresivas para los propios implicados.

Esto genera un mayor enganche en la idea de que la relación puede cambiar, de que en algún momento la relación volverá a un cauce normal, dificultando la ruptura de la misma.

La escalada tóxica de la relación es, muchas veces, paralela a la búsqueda de soluciones personales por cambiar la dinámica, entrando en un bucle de frustración que no hace si no empeorar la situación.

Conocer lo que significa una relación tóxica nos hará tener un criterio sobre el que valorar nuestras relaciones y las expectativas que tenemos. En muchas ocasiones, el cine y la televisión nos han mostrado relaciones tóxicas como modelos positivos, lo que nos crea una gran vulnerabilidad de normalizar patrones tóxicos en nuestras vidas.

Sara Ferro Martínez

Psicóloga y coach

Grupo Crece

Hacer o recibir críticas: una expresión con mala fama

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PARTE 1: CONCEPTO ADECUADO DE CRÍTICA Y PRIMEROS PASOS PARA APRENDER A HACERLAS

De alguna manera, el término criticar, o hacer una crítica en nuestro entorno, está mas bien asociado a algún hecho negativo, a una descalificación o al descubrimiento de una debilidad que debemos corregir. Es por ello, que puede ser algo que tendamos a evitar por no hacer daño, y que podemos recibir defensivamente por lo mismo.

Sin embargo, la cuestión no está en que el termino criticar sea en si negativo, sino en que las personasrealizamos o recibimos mal las críticas.

¿Cómo hacer bien las críticas? Ataca a la conducta o a los hechos, no a la persona.

Para responder a esta pregunta, hemos de tener claro, que la crítica nunca ha de realizarse a una persona en sí, sino a unas conductas, hábitos o rutinas, que generan algún problema o conflicto. Por ejemplo, podemos criticar que, en nuestro piso, no hay un hábito de limpieza que nos parezca adecuado, o que los platos y cacharros de la cocina se dejan sin lavar, en lugar de criticar que nuestros compañeros o compañeras sean unos “guarros” o unas “dejadas”. En el primer caso, criticamos una conducta que nos genera un problema y en el segundo, atacamos a una persona, aquí está la diferencia.

¿Es suficiente con esto? No. Lo adecuado es ser también un motivador del cambio.

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Para hacer críticas constructivas o conseguir cambios en una relación, lo más adecuado es introducirse como motivador de esas soluciones, por tanto, como parte importante en esos cambios. Aunque gran parte de los cambios los acometa la persona receptora de la crítica. En el mismo ejemplo, en lugar de decirles a mis compañeras que “tienen que ser más limpias”, orientaríamos la crítica a algo así como “¿qué podemos hacer para resolver esta situación?”. De esta última manera, el sujeto activo que pide el cambio, se compromete en buscar soluciones.

Pasos para hacer bien una crítica:

1) Describe de forma objetiva la situación

Tratando de no mostrar un punto de vista, centra tu crítica en hechos los más objetivos posibles, y transmítelos de forma impersonal, sin adjudicar responsabilidades a la otra persona.

Ejemplo: “Desde hace varias semanas, he visto con cierta frecuencia, que los cacharros de la cocina se quedan sin fregar durante varios días”

Ejemplo incorrecto: “La cocina está hecha una pocilga, eres una guarra y dejas todo sucio siempre”.

2) Expresa como te hace sentir. Con mensajes yo y lenguaje emocional

Consiste en expresar una emoción ajustada, utilizando la primera persona, al respecto de lo que te generan esas conductas o hechos.

Ejemplo adecuado: “Cuando ocurre esto, me siento molesto, ya que para mi es importante la limpieza y disponer de menaje limpio cuando lo necesito”.

Ejemplo inadecuado: “Es imposible vivir con gente tan poco responsable y respetuosa”.

3) Empatiza con la otra persona

Este paso ayuda a establecer una conexión empática con el otro, reduce la agresividad y enfoca la crítica de una forma más constructiva.

Ejemplo adecuado: “Entiendo que trabajas hasta tarde, o que fregar es pesado y costoso, o puedo entender que cada uno tengamos una concepción sobre lo que es limpieza u orden”.

Ejemplo inadecuado: “No parece que pienses en lo que me molesta esto a mí, te da igual, vas a lo tuyo…”.

4) Exprésale el deseo de que se resuelva el problema

Después de exponer lo que ocurre, expresar las emociones y empatizar, viene el momento fundamental, la búsqueda de soluciones. Antes de ello, es conveniente resaltar la importancia del cambio, para que la otra persona lo tome más en serio. En las críticas nos involucramos, no damos una orden.

Ejemplo adecuado: “Estas cuestiones pueden parecer menores, pero para mí es muy importante que busquemos una forma conjunta de resolverlo”.

Ejemplo inadecuado: “Necesito que cambies y dejes de hacer esto”.

 ¡Próximos pasos y cierre del artículo en el siguiente post!

Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece

¡Disfruta de tu familia en vacaciones!

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Con la llegada de las vacaciones se nos presenta un nuevo escenario familiar: 24 horas de presencia de los hijos/as  junto a sus padres y madres.

¿Cómo poder disfrutar de estar juntos  y de convivir en familia sin desgastarnos en el intento?

¿Se trata de buscar actividades para los hijos e hijas con el fin de que estén entretenidos o para evitar el desgaste de la convivencia? 

Las estadísticas nos muestran que aumentan las separaciones conyugales en el periodo vacacional así como el deseo de que los niños comiencen el colegio.

¿Estamos perdiendo la capacidad de convivir juntos sin las rutinas del día a día?

Las vacaciones generan mucha convivencia, y la convivencia muchos roces. Así que os proponemos algunas ideas para disfrutarlas con los hijos e hijas y con la pareja, disfrutar en familia:

1. Procurad comer todos juntos y simplemente mira a tu familia y diles lo que te gusta estar con ellos, evitando televisión, móvil y cualquier aparato tecnológico distractor. Evitad este momento para hablar de problemas, dificultades o cualquier clase de conflicto.

2. Intentad utilizar un lenguaje positivo hacia vuestra familia. Así vuestros/as hijos/as, la pareja,  escucharán cosas agradables de ellos mismos y ellos harán lo propio gracias al efecto espejo o modelado.

3. Buscad espacios personales independientes para leer, nadar, hacer deporte, dormir siestas, tomar el sol, caminar, etc. Esto os dará un buen momento de oxigenación y otra fuente de conversación para compartir en familia cuando estéis de nuevo juntos.

4. Evitad los motivos de enfado tan frecuentes en el día a día, sed más flexibles y aplicar la técnica del “colador”: priorizar los conflictos y desavenencias, no todos tienen la misma importancia (“hacer perfectamente la cama, ahora no es tan importante”, por ejemplo). Las vacaciones son una oportunidad para disfrutar de tu pareja, de tus hijos/as y esta es una tarea que nos obliga  a todos/as.

5. Si vuestros/as hijos/as se aburren, no os enfadéis, relativizad. Vuestra tarea no es entretenerles todo el tiempo, el aburrimiento es una emoción necesaria y una buena oportunidad para trabajar la creatividad.

6. Procurad cocinar todos juntos, en equipo. Llevarlos al mercado, hacer la compra, enseñar a cocinar,  es una manera de aprender a tener gusto, orden y disciplina.

7.- Cantad y bailad delante de vuestros hijos e hijas en casa, en el coche, pero cantad juntos. Poned la música a tope y a cantar y bailar.

8. Daros muestras de cariño. Los hijos necesitan ver como sus padres y madres manifiestan su amor. Aunque ellos pongan cara de horror.

10.- Disfrutad del aquí y ahora. El disfrute no quiere decir que no haya situaciones complicadas, la convivencia genera molestias, molestias inevitables. No estéis tan pendientes de lo molesto y valorad lo positivo.

La convivencia genera momentos de malestar y de bienestar. Disfrutadde los buenos y entonces estaréis enseñando a vuestros hijos/as cómo se disfruta en y de la familia.

Susana Paniagua Díaz

Psicóloga

Grupo Crece

 

La habilidad para decir "NO", ¿es tan sencilla?

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Uno de los motivos más frecuentes, y que muchas personas demandan, tanto en sesiones individuales como en talleres de asertividad, es la dificultad para “decir que NO” a los demás.

Los pasos para aplicar o aprender esta habilidad parecen sencillos, muchos compañeros o alumnos indican: “pues dices que NO, y ya valdría, ¿verdad?”, pero luego, en la realidad no es tan fácil, y hay que tener en cuenta una serie de factores. De ser así de sencillo, bastaría con tener un comportamiento robotizado, como si fuésemos un androide al que aplican una orden y un programa y responde automáticamente, y nada más lejos de la realidad.

Para saber decir que NO hay que tener en cuenta las siguientes cuestiones:

1)      Valoración inicial: ¿Hasta que punto puedo decir que NO en esta situación?

En este punto hay que pensar en quiénes son estas personas a las que nos queremos negar o poner un límite. ¿Son familiares, amigos, mi propia jefa?, ¿qué consecuencias puede tener para mí?, ¿estaría dispuesto a asumirlas, o a asumir posibles riesgos?

Para este punto es muy importante saber cual es nuestro OBJETIVO, nuestras motivaciones y lo más importante. Valorarlo en función de nuestras metas.

También hay que tener en cuenta el contexto en el que se produce. No es lo mismo negarnos a dejar nuestro coche (que no queremos que toque nadie) a nuestra prima, que poner un límite a nuestra jefa al respecto de unos horarios o tareas que consideramos abusivas, así como expresarle a nuestro mejor amigo, que finalmente no queremos ir a esa fiesta a la que nos comprometimos a acompañarle meses atrás, porque hemos cambiado de idea.

2)      Permitirnos tomarnos un tiempo para actuar

Puede ocurrirnos, que en muchas ocasiones no estemos preparados y nos pillen “in fraganti” con una petición, un compromiso, o a través de un chantaje, para que accedamos o aceptemos algo que en el fondo no queremos hacer. ¿Qué podríamos hacer entonces? La clave está en dos factores. Permitirnos el DERECHO A CAMBIAR DE OPINIÓN, y permitirnos también UN TIEMPO PARA PENSARLO SIN DAR UNA RESPUESTA.

En muchas ocasiones nos dejamos llevar por el efecto “aquiescencia”, que es la respuesta o tendencia natural del ser humano a decir que SÍ a todo. Y posteriormente nos sentimos presas de ese compromiso y accedemos a algo que en el fondo no queríamos hacer “¿cómo voy ahora a decirle que no?, pobrecito, ya me había comprometido”. Por este motivo, estos dos derechos asertivos fundamentales, pueden resultar clave. “Perdona, esto que me pides, necesito pensarlo un poco, permítemelo”. “Entiendo que en su momento te dije que sí, pero ahora he cambiado de opinión, me hago cargo de que te haya podido molestar, lo siento”.

3)      Escuchar y entender nuestras emociones

Independientemente de la reflexión, el análisis y los derechos asertivos, hay otra cuestión clave a la hora de permitirnos realizar o no determinadas conductas. Se trata de nuestro motor principal, nuestro indicador natural de lo que es importante o baladí. Las emociones. Hay ciertas emociones que pueden bloquear o dificultar nuestra actitud a la hora de permitirnos decir un NO. Algunas de ellas son las siguientes:

Miedo

El miedo nos prepara para el escape o el afrontamiento de una situación peligrosa. En caso de que sea algo que anticipamos que pueda ocurrir, lo podríamos denominar ansiedad. Cuando tenemos miedo a que nos dañen, nos abandonen, no nos quieran… condicionará mucho el establecimiento de nuestro límite. Hay que estudiar detenidamente que parte de miedo es real y cual distorsionado.

Tristeza

La tristeza nos ayuda a refugiarnos cuando nos sentimos dolidos, para no estar expuestos a aquello que nos hiere. Nos hace tomar distancia. Es una emoción que no nos moviliza para la defensa de nuestros derechos, sino para el escape. Cuando estamos tristes no peleamos, muchas veces incluso aceptamos cuestiones que no son propias o de las cuales no tenemos responsabilidad, simplemente por sentirnos débiles o con la confianza baja.

Vergüenza

La vergüenza es un tipo de miedo social. Nos defiende de que nuestra imagen pública quede dañada o mal parada. A veces, cuando hay un exceso de vergüenza, nos bloquea cuestiones importantes para nosotros. Ejemplos muy sencillos pueden ser los relacionados con dar una opinión propia en un grupo, hacerle ver a un camarero que se ha equivocado con nuestra bebida o mostrarnos en un grupo en el que aún no tenemos confianza.

Enfado

El enfado facilita la defensa de nuestros derechos, pero cuando no es bien gestionado y se convierte en rabia, nos precipita al ataque, normalmente agresivo y sin empatía hacia el otro. A la hora de decir NO, el enfado puede ser un aliado si está bien gestionado, si en lugar del enfado es rabia descontrolada, nuestro límite será agresivo, y es posible que tenga consecuencias desagradables para nosotros.

Culpa

Es una emoción que podemos situar entre la tristeza y el miedo. Nos responsabilizamos de ciertas cuestiones que nos han podido hacer daño a nosotros mismos u a otras personas, para poder aprender de ello y no repetirlo. En ocasiones la culpa también puede estar mal gestionadas y hacernos responsables de cosas que nos son nuestras. Si asumo culpas que no me corresponden, me resultará muy difícil decir un NO. Si me siento culpable por que mi amiga se sienta triste, me responsabilizaré de su tristeza, y por tanto accederé a peticiones, aunque me parezcan mal.

 

Espero que este artículo os haya hecho reflexionar sobre estas tres cuestiones. ¿Sois capaces de manejarles adecuadamente a la hora de poner un límite? En el próximo artículo hablaremos, de manera más concreta de cómo decir un NO y mantenerlo con firmeza y sin agresividad.

Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece

 

¿Para qué sirve un taller de Inteligencia emocional y/o Asertividad?

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Después de un tiempo ya impartiendo formaciones que tienen que ver con las emociones y la comunicación asertiva, me he dado cuenta de lo importante que puede ser explicaros lo que hacemos, lo que la gente busca cuando viene, y en definitiva para que os podría servir. Porque,  ¡cuántas veces me han preguntado mis amigos o familiares! La misma cuestión de: ¿y eso para qué sirve? , ¿y qué hacéis ahí?.

Así, que ni corto ni perezoso, he decidido coger prestadas, de forma anónima por supuesto, frases o peticiones que me escriben personas que hacen los talleres. Estoy convencido de que os sentiréis identificados/as con muchas de ellas. El objetivo de estos escritos, es el de preparar ejercicios de rol-play donde las personas aprendan a superar estas dificultades, como si se enfrentaran a ellas en la realidad. Los alumnos/as escriben estas ideas en un post-it y luego con todas ellas preparamos las situaciones.

Ahí voy con algunas de ellas:

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“Quiero dejar de asumir responsabilidades que no son mías, como cuando alguien de mi entorno tiene un problema y me siento en la obligación de ayudar a resolverlo siempre”.

“Busco ser capaz en mis reuniones de trabajo, de saber orientar la atención en los buenos resultados en lugar de los malos”.

“Cuando hay una persona avasalladora y agresiva, quiero ser capaz de mantenerme firme y defenderme bien sin afectarme demasiado, no dejarme pisar, pero tampoco ser violenta”.

“Poder decir que no a una propuesta muy interesante, pero que en el fondo no me conviene”.

“Ser capaz de expresar y explicar mis sentimientos en situaciones que me hacen daño o me incomodan, como el plantón continuado de una amiga, el enfado con mi madre, o la insistencia de un compañero de trabajo que me pide el mismo favor insistentemente”.

“Saber parar los pies a personas manipuladoras o chantajistas, que utilizan un chantaje en el que todo el tiempo dan la vuelta a los argumentos, haciéndote sentir culpable o responsable”.

“Siento a mi pareja extremadamente triste y que no se abre a mí. Me gustaría encontrar la forma de que compartiera sus cosas conmigo siendo más empático”.

“Necesito conseguir replicar a mi jefe, que me habla en tono agresivo siempre, sin quedarme bloqueado.

“Quiero permitirme el poder hacer una crítica, sin tener este excesivo miedo al rechazo o el abandono.”

“Me gustaría mostrar mis deseos y opiniones sobre temas que a primera vista pueden parecer banales, como dónde ir a cenar o planificar un fin de semana con amigos, ya que casi siempre trago con lo que los demás hacen aunque a mí no me apetezca”.

“Me gustaría ser capaz de intervenir en las reuniones de trabajo, donde me cuesta mucho tomar la palabra, porque a veces contestan mal”.

“Me gustaría ser capaz de encajar mejor las críticas que me hacen, expresarlo si no estoy de acuerdo, pero hacerlo sereno, sin enfadarme en exceso”.

“Ser capaz de pedir a los compañeros de piso que no dejen cosas sucias en el fregadero, aunque suene una tontería, no me atrevo”.

“Proponer y opinar en la familia de mi pareja, donde me siento muy coartado”.

“Decir que no a mi director de tesis y permitirme pedirle ayuda”.

“Darme el derecho a que alguien no me caiga bien, y ser capaz de dejarle marchar”.

“Cuando un amigo me critica, mantener el control en la réplica”.

“Al exponer un sentimiento, no mostrar ira excesiva o lloriquear”.

“Expresar mis ideas a los jefes, aunque me condicione mi rol de becaria”.

“Ser capaz de iniciar una conversación con una persona desconocida sin sentir demasiada vergüenza”.

“Manejar el chantaje infantil de mis hijos, que acaban haciendo lo que quieren porque me siento mal al castigarles”.

“Saber mandar adecuadamente una tarea a un compañero de trabajo”.

“Pedir a mi hermano que dedique más tiempo a estar conmigo”.

Esas son solo algunas, y me he dejado muchísimas más. Espero haber respondido a la pregunta que planteaba el título.

¿Es posible que os ocurra también a vosotros/as algunos de estos conflictos?

¡FELIZ SEMANA!

Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece