Música y salud: música para la hipertensión

Si tienes hipertensión, escuchar una música relajante durante media hora al día mientras respiras profundamente (aprende cómo hacerlo a través de la entrada en nuestro blog: "aprender a respirar o la clave de utilizar la respiración consciente a nuestro favor en nuestra vida cotidiana : respiración diafragmática" ), puede reducir de forma significativa tu tensión arterial sin fármacos. Esta es la conclusión a la que llega un nuevo estudio presentado en reunión científica de la Sociedad Americana de la Hipertensión (2013).

La investigación documentó que los pacientes con hipertensión leve que escucharon solo media hora de música clásica, celta o india (raga) a diario durante cuatro semanas, experimentaron reducciones significativas en una presión ambulatoria de 24 horas.

¿ A qué se debe esto? 

El Dr. L. Bernardi encontró que las pausas entre las notas musicales están relacionados con una disminución en la frecuencia cardíaca y la presión arterial . Su efectividad también tiene que ver con las frecuencias sonoras contenidas en esas composiciones musicales.

Cuando hablamos de frecuencias sonoras hablamos del tono, de lo grave o agudo que es un sonido, y se mide en herzios ( Hz). 

Según los especialistas, la música más adecuada para tratar este problema es la música clásica, principalmente cualquiera de las obras de Beethoven, que consigue mejorar la vasodilatación casi en un 26%. Las cuatro estaciones de Vivaldi y Serenata nº13 en Sol Mayor de Mozart o La Valse de Ravel también pueden ayudarnos a ello.

A continuación os pongo varios enlaces las obras antes citadas. 

Es importante aclarar que no puede considerarse musicoterapia cualquier interacción que tenga un individuo con la música. Es decir, escuchar los siguientes enlaces no es hacer musicoterapia. Es indispensable que: a) haya una interacción entre música, paciente y terapeuta; b) que ésta esté dada dentro del marco de un proceso sistemático de intervención; c) que haya una necesidad en salud que sea el centro del tratamiento; y d) que el terapeuta tenga el conocimiento de los elementos musicales y terapéuticos para poder diseñar experiencias musicales adecuadas.


Enlaces: 
-Beethoven, Concierto para violín op. 61 en Re menor:
https://m.youtube.com/watch?v=TiEWwz3ShZ8

- Mozart, Serenata No. 13 en Sol Mayor " Pequeña serenata nocturna" : 
https://m.youtube.com/watch?v=Um56hmRy0jo

-Vivaldi, " Las cuatro estaciones" :
https://m.youtube.com/playlist?list=PLtWS1rBvuyYYOAzFUVrKSE6tCpryDyxn7

-Ravel, " La valse" :
https://m.youtube.com/watch?v=y6czgPAutS0

Raquel Ibáñez Ortego

Psicóloga

Grupo Crece

 

 

La música y el desarrollo personal

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Todos somos conscientes de cómo la música nos ha ido acompañando en diferentes momentos de nuestra vida. De cómo cientos de canciones han servido de fondo en nuestras alegrías, amores, desamores, angustias y tristezas. De cómo seleccionamos el apartado de " canciones alegres" o " canciones tristes" en nuestro reproductor dependiendo del estado de ánimo con que amanezca nuestro día (o de si queremos cambiarlo). Y es que la música, no sólo suscita en las personas una experiencia estética, sino que permite expresar sentimientos, circunstancias, pensamientos o ideas. Es otra forma de comunicarse allá donde no llegan las palabras. 

Los efectos de la música

 “La música actúa sobre la bioquímica de nuestro organismo, positiva o negativamente según el tipo de música...Sterheimer ha descubierto ciertas notas musicales que afectan a los aminoácidos de una proteína y en consecuencia las plantas crecen con mayor rapidez ...

(Poch, 1999)

En las últimas décadas, la comunidad científica ha mostrado un gran interés por investigar los efectos beneficiosos que la música ejerce sobre el ser humano. Se ha comprobado que  la música influye no sólo en el estado actual al momento de escucharla, sino también en el desarrollo de las personas a largo plazo. Es capaz de producir cambios fisiológicos en el organismo, como acelerar o retardar las principales funciones orgánicas (ritmo cerebral, circulación, respiración, digestión y metabolismo), incrementar o disminuir el tono y la energía muscular, modificar el sistema inmunitario o alterar la actividad neuronal en las zonas del cerebro implicadas en la emoción. El oír música, ayuda a bajar los niveles de ansiedad, disminuir el dolor, hacer más rápida la recuperación de los enfermos, además de convertimos en personas más optimistas.

Psicológicamente, la música puede despertar, evocar, estimular y desarrollar diversas emociones y sentimientos. También puede traer a la memoria olores y colores, y modificar el estado de ánimo del oyente y su percepción del espacio y del tiempo.

Es una fuente de placer que en ocasiones es capaz de provocar en nosotros una verdadera experiencia catártica, puesto que la expresión de las pasiones de forma sana y saludable nos libera y limpia, permitiendo un contacto más directo con nuestra esencia, y, como consecuencia, originando auténticos momentos de felicidad.

Intelectualmente, la música desarrolla la capacidad de atención y favorece la imaginación y la capacidad creadora, estimula la habilidad de concentración y la memoria a corto y largo plazo y desarrolla el sentido del orden y del análisis. Facilita el aprendizaje al mantener en actividad las neuronas cerebrales, y ejercita la inteligencia, ya que favorece el uso de varios razonamientos a la vez al percibir diferenciadamente sus elementos (frecuencia, longitud de onda, timbre, melodía, armonía y ritmo), y sintetizarlos en la captación de un mensaje integrado, lógico y bello.

Quienes escuchan música desde pequeños y de forma constante, tienen mejores habilidades de lenguaje, son mas creativos y felices.

Terapéuticamente hablando, la música se utiliza para restaurar, pontenciar o mantener el funcionamiento físico, emocional, cognitivo, o social de las personas. Se denomina musicoterapia a este uso de la música con fines terapéuticos. Actualmente se aplica en áreas muy diversas: psicosis, autismo, enfermedades psicosomáticas, geriatría, discapacidad motora y sensorial, adicciones, embarazo,enfermedades terminales, hipertensión arterial, estados de ansiedad, depresión y estrés, alteraciones del sueño, etc.

 Os invitamos a escuchar las siguientes melodías, que son una pequeña muestra para empezar a entrar en contacto con nuestro mundo interior a través de este arte magistral. No hay una forma correcta de sentir ante ellas, así que esperamos vuestras respuestas con lo que os ha suscitado esta selección .

" Así habló Zarathustra" de Richard Strauss

http://youtu.be/JGjWcsDfmaU *

- Spotify: Also sprach zarathustra, op 30: sunrise ( versión de Fritz Reiner)

" Prelude" de Yanni

http://youtu.be/MwFfs4IFj24

* Os damos los enlaces para el Youtube , aunque para una mejor calidad para la obra clásica os recomendamos buscar en Spotify siguiendo nuestras indicaciones para buscar la mejor grabación. También os recomendamos que os pongáis unos auriculares y cerréis los ojos para aumentar el efecto emocional que produce.    

Raquel Ibáñez Ortego

Psicóloga 

¿Somos otros cuando hacemos teatro?

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“Los actores mienten”, “Cuando hago teatro soy otra persona”, “Este personaje está muy alejado de mi”, “Me ha costado mucho hacer este personaje, yo soy muy distinto”… En muchas ocasiones he oído estas afirmaciones acerca de la actuación teatral y el trabajo del actor. No solo de personas que van al teatro a ver teatro, sino también de actores amateurs y profesionales. Tales afirmaciones pueden parecer muy lógicas, ya que a nadie que ha de interpretar a un malvado le gusta pensar que esa maldad proviene de él. Sin embargo la expresión de ser otro nodeja de resultarme paradójica, y me lleva a hacerme algunas preguntas fundamentales: ¿Cómo es posible que yo sea o haga de otro? Y si yo no era eso, ¿quién era? Y ya puestos… ¿Quién soy yo? Dejando a un lado juegos de palabras me gustaría enfocar este dilema desde la perspectiva que ofrecen varios enfoques terapéuticos como la psicología Gestalt o el trabajo con Eneatipos. Y para empezar cabría fijarse en la definición que ambas disciplinas nos ofrecen de la personalidad. Esta es vista como una estructura compleja que se forma desde la niñez, y que funciona como una herramienta útil que nos ayuda a crecer, a desarrollarnos y a relacionarnos con nuestro entorno. La personalidad es una respuesta directa al ambiente en el que hemos crecido. De tal manera que si somos divertidos, serios, agresivos, tiernos o perfeccionistas lo seremos en función de cómo hayamos necesitado ser para crecer de la mejor manera posible. El problema viene cuando, con la edad, nos identificamos con esa manera de ser que tan útil nos fue en las primeras etapas de nuestro desarrollo. Así diremos: “yo soy simpático”, “soy un cascarrabias”, “siempre fui un angelito”, “yo es que soy así”, etc. Nos decimos yo soy esto o lo otro, nos identificamos con una manera de ser, y desgraciadamente nos olvidamos del resto del abanico. Ya lo decía Lope de Vega en su famoso soneto: “alegre, triste, humilde, altivo, enojado, valiente, fugitivo, satisfecho, ofendido, receloso…” Según el poeta todas ellas son facetas del amor, y es que “quien lo probó lo sabe”. Y también todas ellas son cualidades humanas a nuestro servicio disponibles para enfrentar las diferentes situaciones de la vida.

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La Gestalt afirma que la personalidad se forja como una estructura neurótica en tanto en cuanto limita nuestra capacidad de ser múltiples cosas. Habrá momentos en los que, con un bebe en los brazos, sea menester sacar nuestra más tierna paternidad, situaciones en las que debamos mostrarnos fuertes ante una agresión, fiestas en las que invocar nuestro lado más divertido, arduas tareas en las que trabajar de manera minuciosa y constante, etc. Pero si en lugar de eso decimos, yo es que no soy tierno, o fuerte, o divertido, o trabajador… estaremos negando partes de nosotros absolutamente necesarias. Nos identificamos con una parte, negamos las otras. Y nos convertimos en personas incompletas…

Pues bien es aquí donde aparece la maravillosa capacidad del teatro para permitirnos ser esas otras personas que decimos no ser. Representamos a un padre y recuperamos nuestra ternura perdida, a un rey Shakesperiano y saboreamos la fuerza, a un criado de la Comedia dell Arte y sacamos lo más divertido de nosotros, a una Madre Coraje y aparece nuestra capacidad de sacrificio. ¡Pero no son esos personajes los que hablan, sienten y actúan, somos nosotros! ¿De dónde sale sino ese grito, ese llanto, o esa carcajada? Por eso mismo muchas terapias llaman a la responsabilidad de nuestras expresiones artísticas. Nos invitan a hacernos cargo de aquello que hemos creado, y a que nos demos cuenta de que dependiendo de lo que necesitemos, podemos ser lo que queramos. El teatro nos invita a explorar las múltiples maneras de ser y a sentir todo lo que se puede sentir. Y eso nos hace personas más completas.

Fernando Gallego

Actor y terapeuta gestalt

Teatro: ¿simple diversión o desarrollo personal?

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En mi trayectoria como profesor de teatro siempre he encontrado, a rasgos generales, dos tipos de personas que se acercan a mis clases. Aquellas  que buscan el gozo a través del juego y la expresión artística, y los que desean profundizar en un camino de autoconocimiento a partir del trabajo actoral. Ambas aspiraciones son absolutamente válidas: la lúdica y la terapéutica. Pero ¿acaso se pueden separar ambas facetas del teatro? De hecho podría parecer que nada tiene que ver el teatro, y su aspecto lúdico y desenfadado, con un proceso terapéutico, considerado en ocasiones una tarea seria y emocionalmente costosa. Sin embargo para mí es cada vez más difícil separar estos dos conceptos, pues presiento que ambos se hallaban integrados desde el mismísimo origen del teatro. El arte ha tenido desde sus primeras manifestaciones una función mágico curativa que lo asemejaba directamente a un método terapéutico. El arte de la representación, por medio de rituales, nació para tratar de dar explicación a aquellos aspectos de la vida de difícil comprensión. De esta manera el ser humano tomaba contacto con lo misterioso, con lo invisible, en un anhelo de integrar en su interior aquello que le producía miedo y se escapaba a su limitada interpretación de la vida. Es como si necesitase reafirmar su capacidad para sobrevivir en un mundo absolutamente hostil. Así nacieron los mitos, los cuales narraban acciones virtuosas de los héroes, y ofrecían un modelo en el cual vernos reflejados. Con el tiempo los ritos religiosos y curativos evolucionaron transformándose en teatro, y los brujos encargados de la salud de la comunidad se transformaron por un lado en actores, y por otro en curanderos o chamanes. Parece que aquí se encuentra una clara escisión entre el teatro y la medicina o la psicología, en lo que a esa faceta sanadora se refiere. Estas dos últimas ciencias nacerían a partir de la aparición del logos en el ser humano y su necesidad de razonar científicamente las cosas, mientras que el teatro continuaría con su intento de acercarnos a la inexplicable y, en ocasiones, dolorosa realidad a través del arte. Tendría que pasar mucho tiempo para que a principios del siglo XX, personas del mundo de la psiquiatría volvieran a ver en el teatro esa cualidad terapéutica olvidada por el paso de los años.

aritoteles

Sin embargo, aunque el teatro convencional siempre fue considerado un producto artístico cultural que se compra y se vende, es fácil encontrar grandes teóricos que asignaron al actor esa difícil tarea de sanar con su actuación. Ya Aristóteles señaló la importante cualidad del actor de conseguir la purificación de las almas de los espectadores por medio de la catarsis (la psicología tomaría del filósofo este concepto en el siglo XX). Artaud en los años 20 estudió las formas rituales prehistóricas en la búsqueda de un actor capaz de lograr la transformación espiritual del espectador. Grotowski poco después comparó al actor con un sacerdote que debía seguir un camino de autoconocimiento para despojarse de todas sus resistencias y servir de vehículo catalizador de la experiencia sagrada del espectador.

Pero podría ser que muchos de nosotros, al oír estas teorizaciones tan profundas y teniendo en cuenta el panorama actual del teatro, nos quedemos con una sensación de cierta incredulidad. Más aún si vamos al teatro en busca de ese actor tan portentoso, y simplemente vemos una representación comercial de las que tanto abundan. Entonces nos preguntaríamos: “¿pero dónde está ese efecto catártico, sanador, purificador, revelador o como quieran que lo llamen los entendidos?” Pues bien, desde mi punto de vista, ese efecto mágico no se encuentra en los teatros, sino en la propia actuación. En el juego dramático en sí.

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El mayor hallazgo en esta materia fue el que hizo a principios del siglo XX Jacob Levi Moreno, psiquiatra y apasionado del teatro, que pensó que si este aportaba una experiencia sanadora en aquel que actuaba, era mejor olvidarse de ir a ver obras de teatro convencionales y dedicarnos por entero a actuar. Según él, y tantos otros, la creatividad cualidad fundamental del teatro, es algo inherente al ser humano, y todos podemos desarrollarla y disfrutar de ella. El hacer teatro, y todos los beneficios que procura, han de estar al alcance de todos.

Artaud

En definitiva, es difícil saber qué es aquello que nos aporta el teatro que nos sienta tan bien. Las personas que nunca lo han probado, y se acercan unos días a intentarlo, suelen reconocer que se sienten mejor. Con razón: se han desahogado, han jugado, se han reído, han gritado, han expresado emociones de todo tipo, han representado personajes absolutamente alejados de ellos… Y lo más importante de todo, lo han hecho en relación con otras personas. Y sea cual sea la razón por la que desean hacer teatro, algo encuentran en él que les hará sentir bien.

 

Fernando Gallego

Actor y terapeuta gestlt

Danza y teatro para expresar tu yo auténtico

 grupo crece

En la vida desempeñamos papeles, roles diversos. Algunos de esos roles nos han servido en momentos vitales, la mayoría nos fueron impuestos en el entorno familiar y social a edades tempranas y eran útiles para adaptarnos a dichos entornos, pero en la etapa adulta ya no nos sirven y pueden estar provocándoos insatisfacción, frustración y baja autoestima. Algunos de esos papeles que tuvimos que representar no estaban hechos a nuestra medida, no respondían a nuestras necesidades, nuestras capacidades o nuestros deseos más intrínsecos. Algunos roles no tuvimos ocasión de experimentarlos por imporsición, por tabúes o miedos y son una asignatura pendiente en nuestra vida.

El teatro terapéutico o teatro Gestalt y el movimiento expresivo y danza Gestalt facilitan que tomemos contacto con nuestro verdadero yo a través de juegos teatrales y la expresión del movimiento. Se trabaja con las emociones, la comunicación, la confianza, la aceptación, la vulnerabilidad y la fortaleza, para conseguir conocernos mejor, aprender a escucharnos a nosotros mismos a nivel corporal y emocional, afrontar miedos y dificultades, y sentirnos más seguros y motivados.

Este trabajo se realiza con adultos o con menores, en el ámbito del coaching y del crecimiento personal, en el ámbito clínico-terapéutico, educativo y psico-social.

Raquel López Vergara

Psicóloga y coach

 

Arteterapia: El arte de mirar con el corazón

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La terapia a través del arte, conocida como Arteterapia consiste en el uso de diferentes disciplinas artísticas con finalidades terapéuticas. Se basa en la idea de que las representaciones artísticas contribuyen a la construcción de un significado de los conflictos psíquicos, favoreciendo así su resolución. Se utiliza la pintura, la escultura, el barro, los títeres, pero también la danza, el clown, la música, la fotografía, relajaciones, visualizaciones, afirmaciones, representaciones dramáticas, escritura creativa, trabajo con mandalas, cuentos, trabajo con la voz, expresión corporal, entre otras artes. Cada cual tiene su baúl de recursos, como en toda profesión, depende de la trayectoria del arteterapeuta y su bagaje personal, el que sea capaz de afrontar los retos de cada sesión.

Lucio Anneo Séneca (filósofo romano) dijo "Todo arte es imitación de la naturaleza" y es que pintar, dibujar o moldear un trozo de arcilla es natural e innato desde nuestra más tierna infancia, donde tan solo creábamos y jugábamos y todo era perfecto, hasta ese castillo de arena torcido o esa muñeca coja y con poco pelo. A los ojos de un niño, cualquier cosa sirve para jugar, y todo vale. Algo tan natural que conforme vamos creciendo se va cohibiendo, en general, por que las normas que rigen lo que supuestamente esta bien hecho o mal hecho nos empañan la mirada. Perdemos esa forma de mirar con el corazón, de valorar las cosas, con esa inocencia en que se acepta todo tal y como es, tan solo por que es genuino.

Una vez, una maestra le dijo a un niño de 3 años mientras realizaba un dibujo de temática libre: "¿porque lo pintas todo lila? ¡Eso no puede ser! Siempre lila, ¡utiliza otros colores! ¡Me tienes harta!" Podríamos pensar "para él tendría un sentido, tal vez su estado emocional interior le pedía pintar con ese color, sin que eso tenga que significar nada", pero la maestra estaba "corrigiendo", más bien cohibiendo su natural predilección por ese color y tapando así la oportunidad del niño a  expresarse libremente.

Todo lo contrario a como se trabaja con arteterapia, aquí no se busca un resultado final ni estético, lo importante es como nos sentimos al hacerlo, qué pensamientos aparecen en nuestra mente, qué nos evoca, qué nos puede replantear de nuestra verdad interior. Como dijo Franz Marc (Pintor alemán) “El arte no es sino la expresión de nuestro sueño, el que más se entrega a ellos es el que más se acerca a su verdad interior". Y es que en arteterapia cualquier disciplina artística nos sirve de herramienta para acercarnos a nuestra verdad, sea cual sea, la podremos explorar, sentir y expresar, sin que tengamos que ponerle ninguna etiqueta, ni juicio, tan solo observar qué nos está diciendo, escucharla y reflexionar. Eso de por sí solo, ya es mucho.

Todo esto se da en el juego que se establece entre arterapeuta  y paciente, en un espacio cómodo y de confianza, y como en todas las sesiones, con unas consignas para empezar, continuar y acabar. Y al final, un cierre para recoger toda la experiencia y asegurarnos de que el trabajo es contenido para su posterior elaboración en la sesión siguiente.

Nos sorprenderíamos al ver lo que puede hacer surgir el arteterapia de nuestro interior. No solo sirve para exteriorizar nuestros sentimientos sino para sanarlos. La arteterapia se dirige a cualquier persona que desee mejorar su estado anímico, fortalecer la autoestima, despertar las facultades del hemisferio derecho de nuestro cerebro y desarrollar su potencial creativo. También es una vía de crecimiento personal para aquellas personas que quieran conocerse más a sí mismas, superar una separación o una muerte, por ejemplo. Se aplica en casos de integración escolar, donde la pluralidad de orígenes de los inmigrantes se encuentran delante de un mural para pintar y se comunican desde la perspectiva de que todos somos iguales a la hora de crear. Personas con TDH (trastorno de déficit de atención con hiperactividad), síndrome de dowm, fibromialgia, depresión, adicciones, cáncer, personas en situación o riesgo de exclusión social, en casos de violencia de género o para reforzar los vínculos afectivos entre miembros de una misma familia. Una aplicación muy novedosa es la de potenciar el vnculo entre una madre y el bebé que lleva en el vientre, así como para que pueda superar sus miedos durante el embarazo y conectarse con su lado maternal y  femenino. El papá también puede entrar en juego y superar los miedos de una nueva responsabilidad así como entender y apoyar a la futura madre en sus continuos cambios a todos los niveles, físicos, mentales, emocionales y espirituales.

Anna Freijomil

Arteterapeuta y pintora