La habilidad para decir "NO", ¿es tan sencilla?

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Uno de los motivos más frecuentes, y que muchas personas demandan, tanto en sesiones individuales como en talleres de asertividad, es la dificultad para “decir que NO” a los demás.

Los pasos para aplicar o aprender esta habilidad parecen sencillos, muchos compañeros o alumnos indican: “pues dices que NO, y ya valdría, ¿verdad?”, pero luego, en la realidad no es tan fácil, y hay que tener en cuenta una serie de factores. De ser así de sencillo, bastaría con tener un comportamiento robotizado, como si fuésemos un androide al que aplican una orden y un programa y responde automáticamente, y nada más lejos de la realidad.

Para saber decir que NO hay que tener en cuenta las siguientes cuestiones:

1)      Valoración inicial: ¿Hasta que punto puedo decir que NO en esta situación?

En este punto hay que pensar en quiénes son estas personas a las que nos queremos negar o poner un límite. ¿Son familiares, amigos, mi propia jefa?, ¿qué consecuencias puede tener para mí?, ¿estaría dispuesto a asumirlas, o a asumir posibles riesgos?

Para este punto es muy importante saber cual es nuestro OBJETIVO, nuestras motivaciones y lo más importante. Valorarlo en función de nuestras metas.

También hay que tener en cuenta el contexto en el que se produce. No es lo mismo negarnos a dejar nuestro coche (que no queremos que toque nadie) a nuestra prima, que poner un límite a nuestra jefa al respecto de unos horarios o tareas que consideramos abusivas, así como expresarle a nuestro mejor amigo, que finalmente no queremos ir a esa fiesta a la que nos comprometimos a acompañarle meses atrás, porque hemos cambiado de idea.

2)      Permitirnos tomarnos un tiempo para actuar

Puede ocurrirnos, que en muchas ocasiones no estemos preparados y nos pillen “in fraganti” con una petición, un compromiso, o a través de un chantaje, para que accedamos o aceptemos algo que en el fondo no queremos hacer. ¿Qué podríamos hacer entonces? La clave está en dos factores. Permitirnos el DERECHO A CAMBIAR DE OPINIÓN, y permitirnos también UN TIEMPO PARA PENSARLO SIN DAR UNA RESPUESTA.

En muchas ocasiones nos dejamos llevar por el efecto “aquiescencia”, que es la respuesta o tendencia natural del ser humano a decir que SÍ a todo. Y posteriormente nos sentimos presas de ese compromiso y accedemos a algo que en el fondo no queríamos hacer “¿cómo voy ahora a decirle que no?, pobrecito, ya me había comprometido”. Por este motivo, estos dos derechos asertivos fundamentales, pueden resultar clave. “Perdona, esto que me pides, necesito pensarlo un poco, permítemelo”. “Entiendo que en su momento te dije que sí, pero ahora he cambiado de opinión, me hago cargo de que te haya podido molestar, lo siento”.

3)      Escuchar y entender nuestras emociones

Independientemente de la reflexión, el análisis y los derechos asertivos, hay otra cuestión clave a la hora de permitirnos realizar o no determinadas conductas. Se trata de nuestro motor principal, nuestro indicador natural de lo que es importante o baladí. Las emociones. Hay ciertas emociones que pueden bloquear o dificultar nuestra actitud a la hora de permitirnos decir un NO. Algunas de ellas son las siguientes:

Miedo

El miedo nos prepara para el escape o el afrontamiento de una situación peligrosa. En caso de que sea algo que anticipamos que pueda ocurrir, lo podríamos denominar ansiedad. Cuando tenemos miedo a que nos dañen, nos abandonen, no nos quieran… condicionará mucho el establecimiento de nuestro límite. Hay que estudiar detenidamente que parte de miedo es real y cual distorsionado.

Tristeza

La tristeza nos ayuda a refugiarnos cuando nos sentimos dolidos, para no estar expuestos a aquello que nos hiere. Nos hace tomar distancia. Es una emoción que no nos moviliza para la defensa de nuestros derechos, sino para el escape. Cuando estamos tristes no peleamos, muchas veces incluso aceptamos cuestiones que no son propias o de las cuales no tenemos responsabilidad, simplemente por sentirnos débiles o con la confianza baja.

Vergüenza

La vergüenza es un tipo de miedo social. Nos defiende de que nuestra imagen pública quede dañada o mal parada. A veces, cuando hay un exceso de vergüenza, nos bloquea cuestiones importantes para nosotros. Ejemplos muy sencillos pueden ser los relacionados con dar una opinión propia en un grupo, hacerle ver a un camarero que se ha equivocado con nuestra bebida o mostrarnos en un grupo en el que aún no tenemos confianza.

Enfado

El enfado facilita la defensa de nuestros derechos, pero cuando no es bien gestionado y se convierte en rabia, nos precipita al ataque, normalmente agresivo y sin empatía hacia el otro. A la hora de decir NO, el enfado puede ser un aliado si está bien gestionado, si en lugar del enfado es rabia descontrolada, nuestro límite será agresivo, y es posible que tenga consecuencias desagradables para nosotros.

Culpa

Es una emoción que podemos situar entre la tristeza y el miedo. Nos responsabilizamos de ciertas cuestiones que nos han podido hacer daño a nosotros mismos u a otras personas, para poder aprender de ello y no repetirlo. En ocasiones la culpa también puede estar mal gestionadas y hacernos responsables de cosas que nos son nuestras. Si asumo culpas que no me corresponden, me resultará muy difícil decir un NO. Si me siento culpable por que mi amiga se sienta triste, me responsabilizaré de su tristeza, y por tanto accederé a peticiones, aunque me parezcan mal.

 

Espero que este artículo os haya hecho reflexionar sobre estas tres cuestiones. ¿Sois capaces de manejarles adecuadamente a la hora de poner un límite? En el próximo artículo hablaremos, de manera más concreta de cómo decir un NO y mantenerlo con firmeza y sin agresividad.

Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece

 

¿Para qué sirve un taller de Inteligencia emocional y/o Asertividad?

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Después de un tiempo ya impartiendo formaciones que tienen que ver con las emociones y la comunicación asertiva, me he dado cuenta de lo importante que puede ser explicaros lo que hacemos, lo que la gente busca cuando viene, y en definitiva para que os podría servir. Porque,  ¡cuántas veces me han preguntado mis amigos o familiares! La misma cuestión de: ¿y eso para qué sirve? , ¿y qué hacéis ahí?.

Así, que ni corto ni perezoso, he decidido coger prestadas, de forma anónima por supuesto, frases o peticiones que me escriben personas que hacen los talleres. Estoy convencido de que os sentiréis identificados/as con muchas de ellas. El objetivo de estos escritos, es el de preparar ejercicios de rol-play donde las personas aprendan a superar estas dificultades, como si se enfrentaran a ellas en la realidad. Los alumnos/as escriben estas ideas en un post-it y luego con todas ellas preparamos las situaciones.

Ahí voy con algunas de ellas:

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“Quiero dejar de asumir responsabilidades que no son mías, como cuando alguien de mi entorno tiene un problema y me siento en la obligación de ayudar a resolverlo siempre”.

“Busco ser capaz en mis reuniones de trabajo, de saber orientar la atención en los buenos resultados en lugar de los malos”.

“Cuando hay una persona avasalladora y agresiva, quiero ser capaz de mantenerme firme y defenderme bien sin afectarme demasiado, no dejarme pisar, pero tampoco ser violenta”.

“Poder decir que no a una propuesta muy interesante, pero que en el fondo no me conviene”.

“Ser capaz de expresar y explicar mis sentimientos en situaciones que me hacen daño o me incomodan, como el plantón continuado de una amiga, el enfado con mi madre, o la insistencia de un compañero de trabajo que me pide el mismo favor insistentemente”.

“Saber parar los pies a personas manipuladoras o chantajistas, que utilizan un chantaje en el que todo el tiempo dan la vuelta a los argumentos, haciéndote sentir culpable o responsable”.

“Siento a mi pareja extremadamente triste y que no se abre a mí. Me gustaría encontrar la forma de que compartiera sus cosas conmigo siendo más empático”.

“Necesito conseguir replicar a mi jefe, que me habla en tono agresivo siempre, sin quedarme bloqueado.

“Quiero permitirme el poder hacer una crítica, sin tener este excesivo miedo al rechazo o el abandono.”

“Me gustaría mostrar mis deseos y opiniones sobre temas que a primera vista pueden parecer banales, como dónde ir a cenar o planificar un fin de semana con amigos, ya que casi siempre trago con lo que los demás hacen aunque a mí no me apetezca”.

“Me gustaría ser capaz de intervenir en las reuniones de trabajo, donde me cuesta mucho tomar la palabra, porque a veces contestan mal”.

“Me gustaría ser capaz de encajar mejor las críticas que me hacen, expresarlo si no estoy de acuerdo, pero hacerlo sereno, sin enfadarme en exceso”.

“Ser capaz de pedir a los compañeros de piso que no dejen cosas sucias en el fregadero, aunque suene una tontería, no me atrevo”.

“Proponer y opinar en la familia de mi pareja, donde me siento muy coartado”.

“Decir que no a mi director de tesis y permitirme pedirle ayuda”.

“Darme el derecho a que alguien no me caiga bien, y ser capaz de dejarle marchar”.

“Cuando un amigo me critica, mantener el control en la réplica”.

“Al exponer un sentimiento, no mostrar ira excesiva o lloriquear”.

“Expresar mis ideas a los jefes, aunque me condicione mi rol de becaria”.

“Ser capaz de iniciar una conversación con una persona desconocida sin sentir demasiada vergüenza”.

“Manejar el chantaje infantil de mis hijos, que acaban haciendo lo que quieren porque me siento mal al castigarles”.

“Saber mandar adecuadamente una tarea a un compañero de trabajo”.

“Pedir a mi hermano que dedique más tiempo a estar conmigo”.

Esas son solo algunas, y me he dejado muchísimas más. Espero haber respondido a la pregunta que planteaba el título.

¿Es posible que os ocurra también a vosotros/as algunos de estos conflictos?

¡FELIZ SEMANA!

Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece

 

 

 

¿Se ha de decir siempre lo que piensa?

¿ Se ha de decir siempre lo que uno piensa?

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Los profesionales de la psicología siempre insistimos en la importancia de que las personas vayan siendo conscientes de sus deseos y necesidades más profundas y sinceras. Y no sólo que sean conscientes de ellas, sino que puedan expresarlos hacia afuera. Que las personas que nos rodean, también, sepan de nuestros deseos, nuestras opiniones, de nuestras necesidades es muy saludable para crear relaciones sanas (o romper con relaciones insanas).

Pero…¿ es necesario decirle siempre al otro lo que pensamos? ¿Es necesario que la “ bandera de la verdad” sea nuestra representante?

Ser sincero con uno mismo y con los demás es algo muy recomendable, pero si, además, utilizamos algunos criterios para que la verdad no se vuelva en nuestra contra, aprenderemos a discernir entre las verdades útiles y que las que pueden provocar un daño innecesario.

Os dejamos este cuento para la reflexión:

Las tres rejas

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El joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa de éste y le dice:

- Oye maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia.....

- !Espera! - lo interrumpe el filosofo - ¿ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?

- ¿Las tres rejas?

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- Si. La primera es la verdad. ¿Estas seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?

- No. Lo oí comentar a unos vecinos.

- Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?.

- No, en realidad no. Al contrario...

- !Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?

- A decir verdad, no.

- Entonces, dijo el sabio sonriendo

- Si no sabemos si es verdad, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

Podemos recoger estos criterio de verdad, bondad y necesidad para cualquier cosa que queramos expresar. No sólo para los “chismes” de unos contra otros, sino para verdades nuestras.

A veces, si hemos estado mucho tiempo de nuestra vida callando y aprendemos a quitarnos el miedo a expresar, surge en nosotros la necesidad imperiosa de llevar la verdad por delante, de no volver a callar.

 Antes de hablar pregúntate esto:

1. ¿ Lo qué quieres decir es absolutamente cierto?

2. ¿ Lo que quieres decir es bueno para alguien?

3. ¿ Es necesario que el otro sepa lo que quieres decir?

 

Raquel Ibáñez Ortego

Psicóloga y terapeuta

Grupo Crece

La opinión de los demás importa demasiado

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Usted siempre es valioso, no porque alguien lo diga,

 no porque usted es exitoso,

no porque usted gana mucho dinero,

sino porque usted decide creerlo por ninguna razón". Wayne Dyer.

 

Para el ser humano es una motivación básica ser valorado y estimado, ser aceptado. Necesitamos el reconocimiento de que nuestra identidad ( lo que decimos, lo que pensamos y hacemos) tiene un valor y de que nos hace únicos y diferentes

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Ahora bien, una cosa es que te afecte algo y otra que te paralice completamente.

Es como si hubiera dos sintonías en nuestra vida: la de los otros , con sus juicios, deseos, alabanzas y consejos; la nuestra propia, con nuestros juicios, deseos, alabanzas y consejos.

Pero la sintonía de los otros está a un mayor volumen, por lo que silencia la nuestra. La nuestra queda relegada a un simple hilillo de voz al que no damos valor ni fuerza para sonar.

Sintonizar únicamente con lo que los demás piensan de ti puede llevarte a no vivir la vida que quieres vivir, a ignorar tus deseos y necesidades, pues serán los deseos y necesidades de los demás los que gobiernen tu vida.

¿ Cómo puedo manejar esto?

Bueno, esto no es fácil, porque siempre habrá otros que opinen sobre ti. Por lo que en principio el objetivo irá encaminado a empoderar ( dar volumen a ) tu sintonía propia y no tanto el acallar la de los demás.

1. ¿ Sabes cuál es tu sintonía? ¿ La has escuchado alguna vez?

Lo primero de todo es empezar a escucharte, porque quizás nunca te hayas preguntado qué quieres tú. Cada vez que el otro emita una opinión, consejo, crítica o algo que veas que te afecte, pon el foco en ti y pregúntate ¿qué quiero yo? La respuesta no tiene por qué ser rápida, instantánea. Quizás necesites tiempo para dar con ella, pero el primer paso es empezar a buscarla.

Cuando estás convencida de que haces lo que de verdad quieres no dejas que las críticas de los demás te paren.

2. Cada sintonía tiene su historia.

La sintonía del otro es resultado de la experiencia del otro, de su historia de vida, de sus aprendizajes, de sus fracasaos, de sus éxitos, de sus circunstancias. Es su sintonía y es la que le ha llevado a donde se encuentra. No tiene por qué ser válida para ti, para tu historia, para tus circunstancias. Tu historia y tus circunstancias son únicas.

Escucha a alguien que tenga experiencia en tu situación o en ti ( que conozca tu manera de sentir, pensar y hacer de forma habitual). No es necesario que nunca escuches a otros que no sepan de lo tuyo, siempre está bien tener en cuenta las ideas de personas de otros campos porque te pueden abrir los ojos a ciertas cosas que no habías considerado. Eso es una cosa y otra dejar que una persona ajena a tu historia  te diga que haces bien o mal.

3. Aléjate de personas que sólo saben malmeter y criticar.

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Una cosa es la crítica constructiva, que te ayuda a crecer y mejorar (aunque duela un poco), y otra la crítica descarnada y con mala idea. Aléjate de ese tipo de personas y rodéate de gente que te apoye y te anime, que no quiere decir que te den siempre la razón, pero que al menos te apoyen.

Si siempre te adaptas a los deseos de otros, nunca vas a conocer los propios y, probablemente, alejes más gente de la que atraiga.

Raquel Ibáñez Ortego

Psicóloga

Grupo Crece

Tengo pendiente una conversación difícil. ¿Cómo prepararla? Pasos 7 y 8 (últimos pasos)

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Planifica tu enfoque:

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Quizá, si te planteas un preparación excesiva, en cualquier momento se puede desmontar por completo tu guión, ya que cualquier imprevisto puede hacer que aquello que tenías tan minuciosamente preparado, de repente deje de servir.  Además, la persona con la que interacciones tiene la capacidad de reaccionar o cambiarte el paso, no es una pared que vaya a responder a los puntos que a nosotros nos interesan, y como a nosotros nos convenga.

Por tanto, en lugar de un exceso de detalle, lo conveniente es tener una serie de ideas claras sobre lo que queremos abordar, y una estrategia sobre la forma de abordarlo. Esto, es especialmente importante en el momento de la apertura (es decir, el arranque de la conversación). En este punto, si puede ser interesante pensar las frases con las que pretendo arrancar, y las contestaciones a las primeras reacciones.

Imaginemos una situación de conversación difícil a nivel laboral. Supongamos que hemos seleccionado para esta conversación dos puntos fundamentales: los problemas de comunicación y mi rol en el equipo de trabajo. Podríamos entonces decidir estrategias de entrada como las siguientes:

Arranque: "María, hay dos cuestiones clave que me gustaría debatir hoy en la reunión, por las que llevo tiempo buscando un espacio. Tienen que ver con la comunicación entre el equipo y los roles establecidos. He observado ciertas situaciones que se podrían mejorar y tengo propuestas que me gustaría que fuesen debatidas".

Ante una posible evasiva: "Soy consciente de la cantidad de temas que hay pendientes, no obstante considero necesario e importante encontrar un espacio para estas cuestiones".

Selecciona un lugar y un contexto adecuado para abordarla

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Elegir el momento y contexto adecuado para la conversación que queremos plantear, puede tener una repercusión notable en el desarrollo y consecuencias de esta. Los momentos adecuados están relacionados también con los estados emocionales de quienes deben participar en ella. A parte de este, otro aspecto clave para determinar el momento y lugar adecuado, consiste en la disponibilidad de tiempo suficiente para mantener un intercambio de opiniones o puntos de vista mínimos, para que tenga algún éxito.

Unidos a estas dos cuestiones, también, hemos de considerar el lugar. Si la conversación requiere un entorno mínimamente tranquilo y exento de sorpresas, o si la conversación requiere de unas condiciones de confidencialidad.

Por tanto, finalmente sabremos si cumplimos con este punto si tenemos en cuenta las siguientes preguntas:

1. ¿Me encuentro yo, o la otra persona en un estado emocional propicio para abordar la conversación o reunión difícil?

2. ¿Dispondremos del tiempo suficiente, teniendo en cuenta el problema, para llegar a que se aborden los puntos o se resuelvan mínimamente los problemas?

3. ¿Qué entorno he elegido para tener esta conversación?, ¿es el adecuado para lo que quiero transmitir o necesito solucionar?

Los estados emocionales, como hemos comentado en alguno de los puntos anteriores, pueden complicar la transmisión o recepción de la información, llevando la interpretación a través de la emoción. En el caso de un compañero de equipo, tremendamente disgustado por el desarrollo de una reunión, que nos pide tener una charla inmediata sobre esta, y algunos asuntos con los que no está de acuerdo, concluiremos que el estado emocional no es el adecuado para abordar dicha conversación difícil, y tendremos que tratar de emplazarle a otro momento, eso sí, con tacto e inteligentemente. por ejemplo:

"Javier, entiendo que esta cuestión es importante para ti, y lamento de verdad que te sientas contrariado por lo que ha ocurrido hoy en la reunión. El tema que me comentas necesitamos hablarlo con más calma y en otro contexto, ya que merece una mayor dedicación. Me gustaría que entendieras esto."

Ya tienes las claves más importantes a la hora de preparar una conversación o reunión difícil. No obstante te recuerdo los puntos y te remito a leer los post anteriores por si te perdiste alguno de los artículos:

1. Analiza tu propia historia interna sobre la conversación

2.  Define claramente cuál es tu objetivo para esa conversación

3.  Ten claro previamente lo que te gustaría que la persona hiciera de manera específica

4.  Prepárate a nivel emocional

5.  Trata de anticiparte a las posibles reacciones de la persona con la que hablarás

6.  Piensa en fundamentos sólidos en los que vas a basar tus argumentos

7. Planifica tu enfoque

8.  Selecciona un contexto y lugar adecuado para abordarla

¡Valor... y mucha suerte!

Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece

 

Tengo pendiente una conversación difícil. Segunda parte.

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En nuestro anterior post para preparar conversaciones difíciles hablamos del primer paso: "Analizar nuestras propias historias respecto a la conversación".

En este segundo artículo hablaremos del segundo y tercer paso: "Definir el objetivo" y Clarificar los comportamientos concretos que deseamos de la otra persona". 

No obstante te recordamos los 8 pasos necesarios para preparar una conversación con la máxima eficacia:

1) Analiza tu propia historia interna sobre la conversación

2) Define claramente cuál es tu objetivo para esa conversación

3) Ten claro previamente lo que te gustaría que la persona hiciera de manera específica

4) Prepárate a nivel emocional

5) Trata de anticiparte a las posibles reacciones de la persona con la que hablarás

6) Piensa en fundamentos sólidos en los que vas a basar tus argumentos

7) Planifica tu enfoque

8) Selecciona un contexto y lugar adecuado para abordarla

Paso 2: Definir el objetivo

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Cuando hablamos de definir nuestro objetivo, nos estamos refiriendo concretamente a clarificar qué es aquello que nos gustaría lograr mediante esta conversación. Esto es importante hacerlo, ya que en ocasiones, pese a que nuestras metas estén relacionadas con mejorar las relaciones, aclarar malos entendidos y vencer distancias, lo que acabamos realizando sin darnos cuenta son enfrentamientos como si se tratara de separar un bando de otro.

Las buenas intenciones pueden desaparecer por las cargas emocionales que tienen estas conversaciones. Y es aquí donde el objetivo es lo que debe orientar, centrar y guiar la conversación, al aportarnos una idea clara. De esta forma incluso este objetivo se puede verbalizar al comenzar la conversación como en los siguientes ejemplos:

 "Mi intención con esta conversación, es arreglar el posible malentendido que tuvimos en la reunión del jueves".

"Si en algún momento te hago sentir atacado/a indícamelo, ya que el objeto de la reunión va a ser buscar soluciones para mejorar nuestro sistema de trabajo".

"Nuestra relación es muy importante para mí, y he buscado este momento para poder aclarar las discrepancias del otro día porque me gustaría proteger mi amistad contigo".

Este objetivo también va a ser muy útil para recordarnos a nosotros mismos, en algún momento de la conversación que sintamos que estamos entrando a atacar, que nuestra meta es otra.

Paso 3: Tener claro el comportamiento que deseo que cambie la otra persona.

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Respecto a este paso, es importante que sepamos que hay que tratar de ser lo más específicos posibles. Las conductas deben quedar concretadas, ya que si realizamos las peticiones de manera genérica, la otra persona será la que tenga que adivinar lo que nosotros queremos que cambie. De este manera tendríamos que sustituir mensajes más genéricos por otros más concretos como en los siguientes ejemplos:

Mensajes genéricos:

"No atiendes", "no estás implicado", "las riendas te están esperando desde hace tiempo", "a veces siento que no logro sacar punta de ti".

Mensajes concretos (responden a cada uno de los anteriores):

"Durante el último tramo de la reunión de ayer te noté un tanto distraído, y tengo la sensación de que durante la semana ha ocurrido en más ocasiones".

"He observado que tu participación ha disminuido en las últimas reuniones, lo he notado especialmente en el número de intervenciones que realizas".

"Me he dado cuenta que desde la semana pasada, en la que hablamos de comenzar a asumir las responsabilidades del equipo de ventas, no se han producido cambios en este sentido y el trabajo sigue siendo muy similar al que existía antes de tener la conversación, ¿hay algún problema o necesitas ayuda?".

"He de confesarte que en ocasiones me siento algo disgustado, ya que los últimos retos que te he lanzado sobre responsabilidad y equipo están todavía sin desarrollar y no he observado cambios. ¿Por qué está ocurriendo esto?".

Como podréis imaginar, redactar los mensajes concretos me ha llevado mucho más tiempo que los genéricos, que prácticamente me han salido de carrera. Ser específico es positivo e imprescindible para abordar bien una conversación difícil, pero no debemos creer en nuestra espontaneidad en exceso, y por tanto tenemos que darle tiempo y cierto esfuerzo para pensarlos y prepararlos previamente.

Por tanto, como tarea, y para finalizar este segundo post, te invito a que pienses muy bien en tu objetivo y que escribas varios comportamientos concretos que te gustaría que cambiaran, se aminoraran, incrementaran... en esa persona con la que te estás preparando para hablar.

¡Mucho ánimo!

Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece