Cómo hablar de sexo con niños menores de 10 años

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Muchos padres se preguntan cómo pueden dar a sus hijos una buena educación sexual cuando ellos no la han recibido. Abordar este tema con los niños puede resultar complicado y es necesario encontrar el camino y la manera de poder hacerlo de forma natural. La educación sexual no es únicamente dar información sobre los órganos sexuales, la reproducción o los anticonceptivos, sino que es hablar también de comunicación, de afectividad, de responsabilidad y de placer. 

A los niños y niñas se les puede explicar que la sexualidad es una de las formas que tenemos las personas para comunicarnos, darnos cariño y placer, y divertirnos juntas. Como padres y como madres tenemos que saber, que sexos hay dos, hombre y mujer, pero hay muchas maneras de construirse como hombre y como mujer. Para hacer educación sexual de calidad desde el papel de la familia no hay que ser sexólogos o sexólogas. Nos pasa que no somos expertos en nutrición, seguridad vial, economía, sin embargo sabemos que no es algo que sea ajeno y podemos aportar nuestra experiencia y conocimiento. 

¿En qué nos equivocamos los padres y madres a la hora de hablar de sexualidad con los hijos e hijas?

El principal error que pueden cometer los padres y madres es interpretar con ojos de adulto las manifestaciones infantiles de la sexualidad.

La sexualidad infantil está poco diferenciada y poco organizada con relación a la de la persona adulta. No hay unas sensaciones estrictamente eróticas como en la persona adulta. Ni es una sexualidad centrada en lo genital y en la procreación, por supuesto. Como es lógico, si no parecen claros los deseos, mucho menos la posible orientación de éstos. 

Otro error es hablarles de forma ambigua, esquiva y poco clara. Es importante que nuestro lenguaje sea más directo y concreto para que ellos no perciban que evitamos el tema como si fuese algo prohibido o perjudicial.

Lenguaje no verbal poco adecuado: explicarles cualquier cosa sobre sexualidad desde gestos y expresión corporal confusa, con matices ansiosos, inseguros y/o que denote que nos escandalizamos.

Es bueno partir admitiendo que las principales causas del miedo y la resistencia a hablar de sexo con los hijos e hijas son los temores personales. El padre y la madre se encuentran en una situación en la que perciben la propia desinformación, dudan incluso sobre qué es en realidad la educación sexual y para qué sirve, se enfrentan a ideas erróneas e incluso falsas, y a la influencia de los medios de comunicación, que conduce muchas veces a tener una imagen distorsionada de la relación paterno filial. Por eso es tan importante conocerse previamente uno mismo y, si es necesario, realizar un ejercicio de autoformación.

 

 ¿Cómo hablar con ellos?

Hay que escuchar con mucha atención e interés todas las preguntas que sobre sexualidad nos hagan los niños/as y responderlas sobre la marcha con palabras sencillas, pero, sobre todo,  intentando decirles lo que realmente sabemos, lo que nos parece que más se acerca a la verdad.

En relación a este tipo de preguntas, hay que tener en cuenta estos criterios:

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1.   Explicarles de forma sencilla, en palabras que puedan entender, con vocabulario popular (si no expresa sexismo, es agresivo o malsonante) en la familia con los más pequeños. Poco a poco iremos introduciendo otro vocabulario más técnico, lo que sepamos, con interés y sinceridad.  El vocabulario popular y técnico pueden coexistir y favorecer el realismo de las respuestas. No hay que ocultarles información ni adulterarla. La actitud de “decirle la verdad” es lo más importante.

2.   Tomarse muy en serio las preguntas, aunque podamos darles después una visión alegre y positiva a las respuestas sobre la sexualidad.  Por ejemplo:

Hablar positivamente del hecho de ser niño o niña, de forma que se queden satisfechos con su identidad. No comparar a los niños y las niñas atribuyendo ventajas a uno u otra, sino dar una visión positiva de las dos identidades.

Indicar que los padres tienen hijos porque se quieren y lo desean, que están encantados con el embarazo y que el parto, aunque cuesta, es una gran alegría.

Dar una visión positiva de los cambios puberales incluida la menstruación, diciéndoles que se demuestra que su desarrollo ha ido bien, les hace mayores, etc.

Decirles que las conductas sexuales (besos en la boca, por ejemplo) las hacen los adultos porque les gusta, la desean, se lo pasan bien y se expresan cariño.

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3.     Podemos usar algunos libros con dibujos o algunos cuentos para explicarles estas cosas. También, si estamos de forma natural desnudos delante de los hijos e hijas, podemos usar nuestro propio cuerpo para enseñarles las diferencias entre hombres y mujeres.

4.      Dejarles claro que los chicos y las chicas pueden ser lo que quieran y que no debe haber desigualdades entre los hombres y las mujeres. Debemos ser flexibles e igualitarios en nuestra vida real.

5.   Responderles a sus preguntas con naturalidad, al menos intentarlo aunque nos resulte muy difícil y volvamos hablar del tema más tarde. Las preguntas son muy diversas, muchas de ellas bien difíciles de explicar  para los padres y madres e incluso para los profesionales. Pero lo importante es intentar decirles lo que sabemos, incluso se les puede decir que no lo sabemos bien.

6.      No buscar respuestas enrevesadas o respuestas complejas. Es normal que no lo entiendan del todo, y se les puede también decir: “ya lo entenderás cuando seas mayor, son cosas buenas que hacemos los mayores cuando nos queremos, nos gusta, etc.”.

7.   Puede responderse delante de menores de diferente edad, porque no hay que dosificar la información, sino adaptar la respuesta al que pregunta. Los demás que están presentes podrán hacer nuevas preguntas si lo desean.

Susana Paniagua Díaz

Psicóloga

Grupo Crece

 

 

Deseantes y Deseados-as

Hay una pregunta que pocas personas se hacen o en muchos casos, dan por supuesto que es así y así ha de ser.

¿Te has preguntado alguna vez si eres Deseante o Deseado-a?

Esto es, en la manera que te relacionas sexual y afectivamente ¿dónde te colocas?

Esta relación con el deseo tiene un importante matiz de género:  Antes de estaría bien que aclaremos qué es “género”.

El género[1] – en otro artículo hablaremos de los orígenes del término- como muchas y muchos sabréis es la carga cultural  y de expectativas sociales que se da sobre un hecho biológico: el sexo.  Esto quiere decir que la cultura donde has nacido dicta que puede, debe o no hacer un hombre o una mujer. Es todo el entramado de estereotipos. El sexo es biológico (hombre mujer o intersexual), son los caracteres físicos más primarios (y aún así, a veces, también muy mutables), y el género es el guión que se espera de ti en base al sexo que has nacido; fuerte, sensible, con dinero, madre, retorcida, simple etc. ¿Os suenan verdad? Pues ninguno de estos son naturales.

Con el deseo ha pasado algo semejante, se ha dado por natural que ellos desean de una manera, ellas de otra. O incluso que ellos siempre desean y ellas siempre son deseadas. Que ellos han de ser más “genitales” y ellas más “globales” y un sin fin de reglas castrantes.

Sí, las cosas están cambiando, las relaciones están cambiando. Cada vez las mujeres ocupan más espacios antes solo masculinos. Aunque no puedan ir solas a un bar sin ser miradas con sospechas. Los hombres cada vez toman conciencia de su responsabilidad en los cuidados, aunque puedan arriesgarse a no ser promocionados en el trabajo por exigir su derecho a la baja por paternidad.

En la vivencia de la sexualidad también se están dando cambios, no todos buenos. ¿Crees que ellos necesitan más el coito que ellas? ¿Crees que ellas tienen una sexualidad biológicamente diferente? Pues bien, tal como lo explicaron Masters y Johnson en lo 60’, la respuesta biológica sexual en hombres y mujeres es idéntica. Sí, idéntica.

Si analizamos la respuesta sexual de modo “lineal”- por que hay otras formas pero eso nos regalará otro texto- vendría a ser : Estimulo, excitación, meseta y orgasmo. Ambos sexos vasodilatan, erectan y eyaculan.

Lo que cambia es la percepción de la sexualidad, del propio cuerpo, de los propios genitales, de las fantasías. De lo que es “deseable que desee”. Lo que me hace más hombre o más mujer o “mejor sexualmente”. También esto es cultura.

Pero no todo es blanco o negro, por suerte. Vayamos al día a día, puedo ser una mujer que me gusta sentirme deseada, que me miren, me ronden, pero esto no significa que sea pasiva, puedo “ ejercer mi deseo”. No solo eso, sino que el deseo es líquido, cambia, crece, se problematiza, se libera, etc.

Puedo ser también un varón que me posiciono como deseante, pero que en la intimidad necesito dejarme llevar en los brazos de la otra u el otro ( ¡Otro gran tema que podremos hablar, deseo y orientación sexual!).

En un principio esto parece nada más que un hermoso baile de “deseantes con deseadas-os”. Pero muchas veces nos pasan tantas cosas a la vez,  y no sabemos lo que de verdad deseamos, o no nos lo permitimos, o no sabemos como ejecutarlo.

Y lo que siempre interfiere, el género; aún muchas mujeres no realizan su deseo y ellos no saben bien como colocarse como deseados. Es decir, si nos salimos del binomio de los códigos más clásico ¿Qué ocurre con todo este deseo?

¿Qué ocurre si soy una mujer deseante y quiero acercarme a otro varón deseado pero este no lo sabe? ¿le asusto? Puede que si, puede que no.

Y si somos dos mujeres deseantes ¿Qué ocurre en la intimidad?-  Por favor, no vengáis con el tópico de “quien hace de tío” ¿eh?.

Entre dos chicos a veces –a veces- es más simple, uno mira, el otro mantiene la mirada o no.

Muchas preguntas, más. ¿Y si me muevo entre deseante y deseada?

Cuantas veces en una pareja el hombre ha sido el deseante pero con los años se agota de ese rol y como ella no responde con iniciativa, no se encuentran…

El deseo hemos de entender que empieza mucho antes que la excitación.

Este deseo en deseantes o deseados-as o los dos y sus infinitas variables, es un mundo impalpable e infinito y entender cómo deseamos, qué deseamos y dónde nos colocamos hará que ese deseo infinito pueda ser palpable.

Deseo que estemos cenando y me mires. Deseo que me sorprendas. Deseo que me escuches. Deseo conversaciones estimulantes. Deseo verte vestido así a veces. Deseo que me admires. Deseo estar entre mucha gente y me beses de repente.

Deseo desearte. Deseo ser tu deseo.

Delfina Mieville Manni

Sexóloga

Grupo Crece

[1]Según la OMS: El género se refiere a los conceptos sociales de las funciones, comportamientos, actividades y atributos que cada sociedad considera apropiados para los hombres y las mujeres. Las diferentes funciones y comportamientos pueden generar desigualdades de género, es decir, diferencias entre los hombres y las mujeres que favorecen sistemáticamente a uno de los dos grupos