Mindfoodness, o cómo la alimantación más consciente puede beneficiar la salud

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Si nos detenemos por un momento a pensar en la forma en que comemos, nos daremos cuenta de que comer se ha convertido en un trámite más. Es un comer automático, a veces incluso sin registrar lo que estamos introduciendo en nuestra boca, y la mayoría de ocasiones sin preguntarle a nuestro cuerpo si tiene hambre o deseos de comer.

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Si en nuestro hambre manda nuestra cabeza, la alimentación se convierte también en una ingesta por emociones. Comemos para saciar la angustia, ansiedad, tristeza…o incluso el aburrimiento.

¿Dónde ha quedado nuestro cuerpo, principal beneficiario y “necesitador fisiólogico” del alimento?

De unos años a esta parte, Mindfulness se ha convertido en un término esencial para hablar de la presencia en nuestras vidas. Vivir con atención plena, en el presente y sin juzgarlo,  lo que nos permite tomar mayor contacto con nuestra vida y vivirla plenamente.

Mindfoodness consiste en aplicar esa atención plena a la alimentación para desarrollar nuestra capacidad de prestar atención a lo que comemos.

Es importante aclarar que NO es una dieta en particular ni un recurso para perder peso. Al relacionarnos con los alimentos desde la consciencia aprendemos una manera de alimentarnos cuyo fin último es mejorar la forma en que comemos.

Mindfoodness nos ayuda a rescatar las señales internas de nuestro cuerpo que tenemos olvidadas. Señales que nos hablan de saciedad natural, de comer cuando hay hambre, es decir, por necesidad, y no ingerir por emociones o por factores externos que nos alteran.

Con Mindfoodness aprendemos una nueva relación con nosotros mismos:

1.     Promueve el autoconocimiento

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Simplemente el preguntarnos “¿qué necesita mi cuerpo ahora?” nos lleva a tenernos en cuenta y explorar nuestras necesidades, sin dejar a un lado el placer que nos brinda la comida.

2.     Promueve el autocontrol.

Lo que reduce los antojos, el comer por estímulos que nada tienen que ver con la necesidad fisiológica de ingerir alimentos, o ajustar las cantidades que comemos a las necesidades del cuerpo. Todo esto beneficia a nuestra dieta y es, por tanto, salud para nuestro organismo.

Al mejorar la relación con los alimentos y así, promover un comportamiento alimentario saludable, mindfoodness puede contribuir a la prevención de diferentes trastornos alimentarios, como concluye una investigación publicada en Eating Disorders.

En resumen, una alimentación más consciente puede evitar conductas nocivas al momento de comer que con el tiempo, perjudican la salud.

Os invitamos a que hagáis una prueba. Utilizad al menos 10 minutos para el ejercicio. Coged un alimento pequeño (un fruto seco, un cachito de fruta, etc) y comedlo con consciencia plena.

Haced uso de cada uno de vuestros sentidos en esta ingesta:

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  • Observa qué hay, que forma tiene lo que comes, cómo incide La Luz en cada zona del plato, las sombras, los colores.
  • Haz que penetre el olor por tus fosas nasales, descubre aromas diferentes;
  • Pasa el alimento por tus dedos, percibe la textura, quizás cuando des el primer bocado puedas conectar con el tacto a través de la lengua;
  • Acerca tu oreja al alimento, aplástalo o rózalo con tus dedos¿ a que suena lo que vas a comer?;
  • Pon un poco de comida en la boca, sin tragar, dejando que el sabor se esparza por ella, da un mordisco sintiendo la explosión de sabor, no tragues, frena el deseo de tragar que comienza a emerger , y sólo cuando no necesites tragar, hazlo.

¿ Cómo ha sido tu experiencia?

Raquel Ibáñez Ortego

Psicóloga, terapeuta y experta en mindfulness

Grupo Crece

 

 

Cómo hablar de sexo con niños menores de 10 años

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Muchos padres se preguntan cómo pueden dar a sus hijos una buena educación sexual cuando ellos no la han recibido. Abordar este tema con los niños puede resultar complicado y es necesario encontrar el camino y la manera de poder hacerlo de forma natural. La educación sexual no es únicamente dar información sobre los órganos sexuales, la reproducción o los anticonceptivos, sino que es hablar también de comunicación, de afectividad, de responsabilidad y de placer. 

A los niños y niñas se les puede explicar que la sexualidad es una de las formas que tenemos las personas para comunicarnos, darnos cariño y placer, y divertirnos juntas. Como padres y como madres tenemos que saber, que sexos hay dos, hombre y mujer, pero hay muchas maneras de construirse como hombre y como mujer. Para hacer educación sexual de calidad desde el papel de la familia no hay que ser sexólogos o sexólogas. Nos pasa que no somos expertos en nutrición, seguridad vial, economía, sin embargo sabemos que no es algo que sea ajeno y podemos aportar nuestra experiencia y conocimiento. 

¿En qué nos equivocamos los padres y madres a la hora de hablar de sexualidad con los hijos e hijas?

El principal error que pueden cometer los padres y madres es interpretar con ojos de adulto las manifestaciones infantiles de la sexualidad.

La sexualidad infantil está poco diferenciada y poco organizada con relación a la de la persona adulta. No hay unas sensaciones estrictamente eróticas como en la persona adulta. Ni es una sexualidad centrada en lo genital y en la procreación, por supuesto. Como es lógico, si no parecen claros los deseos, mucho menos la posible orientación de éstos. 

Otro error es hablarles de forma ambigua, esquiva y poco clara. Es importante que nuestro lenguaje sea más directo y concreto para que ellos no perciban que evitamos el tema como si fuese algo prohibido o perjudicial.

Lenguaje no verbal poco adecuado: explicarles cualquier cosa sobre sexualidad desde gestos y expresión corporal confusa, con matices ansiosos, inseguros y/o que denote que nos escandalizamos.

Es bueno partir admitiendo que las principales causas del miedo y la resistencia a hablar de sexo con los hijos e hijas son los temores personales. El padre y la madre se encuentran en una situación en la que perciben la propia desinformación, dudan incluso sobre qué es en realidad la educación sexual y para qué sirve, se enfrentan a ideas erróneas e incluso falsas, y a la influencia de los medios de comunicación, que conduce muchas veces a tener una imagen distorsionada de la relación paterno filial. Por eso es tan importante conocerse previamente uno mismo y, si es necesario, realizar un ejercicio de autoformación.

 

 ¿Cómo hablar con ellos?

Hay que escuchar con mucha atención e interés todas las preguntas que sobre sexualidad nos hagan los niños/as y responderlas sobre la marcha con palabras sencillas, pero, sobre todo,  intentando decirles lo que realmente sabemos, lo que nos parece que más se acerca a la verdad.

En relación a este tipo de preguntas, hay que tener en cuenta estos criterios:

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1.   Explicarles de forma sencilla, en palabras que puedan entender, con vocabulario popular (si no expresa sexismo, es agresivo o malsonante) en la familia con los más pequeños. Poco a poco iremos introduciendo otro vocabulario más técnico, lo que sepamos, con interés y sinceridad.  El vocabulario popular y técnico pueden coexistir y favorecer el realismo de las respuestas. No hay que ocultarles información ni adulterarla. La actitud de “decirle la verdad” es lo más importante.

2.   Tomarse muy en serio las preguntas, aunque podamos darles después una visión alegre y positiva a las respuestas sobre la sexualidad.  Por ejemplo:

Hablar positivamente del hecho de ser niño o niña, de forma que se queden satisfechos con su identidad. No comparar a los niños y las niñas atribuyendo ventajas a uno u otra, sino dar una visión positiva de las dos identidades.

Indicar que los padres tienen hijos porque se quieren y lo desean, que están encantados con el embarazo y que el parto, aunque cuesta, es una gran alegría.

Dar una visión positiva de los cambios puberales incluida la menstruación, diciéndoles que se demuestra que su desarrollo ha ido bien, les hace mayores, etc.

Decirles que las conductas sexuales (besos en la boca, por ejemplo) las hacen los adultos porque les gusta, la desean, se lo pasan bien y se expresan cariño.

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3.     Podemos usar algunos libros con dibujos o algunos cuentos para explicarles estas cosas. También, si estamos de forma natural desnudos delante de los hijos e hijas, podemos usar nuestro propio cuerpo para enseñarles las diferencias entre hombres y mujeres.

4.      Dejarles claro que los chicos y las chicas pueden ser lo que quieran y que no debe haber desigualdades entre los hombres y las mujeres. Debemos ser flexibles e igualitarios en nuestra vida real.

5.   Responderles a sus preguntas con naturalidad, al menos intentarlo aunque nos resulte muy difícil y volvamos hablar del tema más tarde. Las preguntas son muy diversas, muchas de ellas bien difíciles de explicar  para los padres y madres e incluso para los profesionales. Pero lo importante es intentar decirles lo que sabemos, incluso se les puede decir que no lo sabemos bien.

6.      No buscar respuestas enrevesadas o respuestas complejas. Es normal que no lo entiendan del todo, y se les puede también decir: “ya lo entenderás cuando seas mayor, son cosas buenas que hacemos los mayores cuando nos queremos, nos gusta, etc.”.

7.   Puede responderse delante de menores de diferente edad, porque no hay que dosificar la información, sino adaptar la respuesta al que pregunta. Los demás que están presentes podrán hacer nuevas preguntas si lo desean.

Susana Paniagua Díaz

Psicóloga

Grupo Crece

 

 

Tengo pendiente una conversación difícil: cómo prepararla. Pasos 4, 5 y 6

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Vamos avanzando en los tips más importantes para preparar esa conversación difícil que tanto nos angustia. Como recordaréis, en post anteriores, explicamos las claves para analizar nuestra propia historia interna, aprendimos a clarificar adecuadamente nuestro objetivo y visualizamos lo que nos gustaría que esa persona cambiara o hiciera.

Hoy vamos a hablar de otras tres cuestiones importantes: la preparación emocional previa, la anticipación de las posibles reacciones y la búsqueda de argumentación sólida.

Prepárate a nivel emocional

Gestionar esta conversación difícil requiere tener nuestras emociones templadas. Las emociones no solo son fuente de información sobre nuestro estado o sobre cómo nos afectan las cosas, también orientan y guían nuestro comportamiento. Una emoción de enfado intenso nos puede llevar a defendernos de forma agresiva, así como una gran tristeza nos llevará probablemente a asumir cuestiones que en el fondo no asumiríamos. Ni que tiene que decir, que una situación de exceso nerviosismo o ansiedad, nos va a llevar a querer resolver los problemas probablemente de forma precipitada y desde la angustia. Por tanto, la conclusión es gestionar las emociones previamente, con el objeto de estar lo más templados posible.

La clave para afrontar bien esta tarea, radica en el conocimiento y la comprensión de nuestras emociones, lo que englobaría la capacidad para percibirlas y comprenderlas.

Te propongo el siguiente ejercicio mediante estos pasos:

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1. Piensa en la situación de conflicto y trata de buscar al menos dos o tres emociones que te susciten esta situación.

2. Busca las emociones básicas que emanan de estos sentimientos (por ejemplo, si me ha venido una gran decepción, este sentimiento estará relacionado con la tristeza, o si es un gran nerviosismo o ansiedad, el sentimiento nos está informando que la emoción básica activada es el miedo).

3. Establece un diálogo con estas emociones básicas y pregúntales por qué están apareciendo y que te den su explicación.

¿Por qué siento miedo?, ¿qué es lo que me enfada?, ¿por qué me entristece esta situación?, ¿qué parte de mi esencia o valores están siendo dañados opuestos en peligro?.

La respuesta a estas cuestiones será conveniente que las anotes de algún modo, esto te hará situarte como observador externo a ellas cuando lo puedas leer y analizar desde una perspectiva externa. La clave aquí no está en resolver la situación ni pensar en una estrategia, sino en testarme y comprenderme.

4. Una vez que tenga clara las emociones y el origen de su aparición, vamos a plantearnos la siguiente pregunta: ¿qué quiero hacer con ellas con respecto a esta conversación que estoy preparando?.

Quizá decida expresarlas, omitirlas en cierto grado, plantearlas abiertamente, o sencillamente aceptarlas o tratar de distraerme de ellas si me parecen excesivas o que están siendo claramente autogeneradas. Todo dependerá de la situación particular en la que me halle.

Anticípate a las posibles reacciones de la persona a quien va dirigida

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Este paso pretende evitar sorpresas y estar completamente preparados para afrontar la situación, independientemente del curso en que se desarrollen los acontecimientos.

En el ejercicio que te propongo aquí, se trata de estudiar a nuestro interlocutor. ¿Cómo suele comportarse?, ¿ante qué circunstancias reacciona?, ¿qué espera de mi?, ¿qué estilo comunicativo presenta normalmente?...

De esta manera podemos establecer un plan, en función de las dos o tres reacciones o respuestas distintas que nos pueda plantear (por ejemplo incredulidad, agresividad o comprensión) y trazar una estrategia ante estas posibles reacciones.

Si anticipamos que nuestra conversación no va a ser bien recibida, podemos decidir adoptar una posición comprensiva, empatizar con la persona e insistir con calidez pero con contundencia, teniendo claro nuestro objetivo. Sin embargo, si su reacción es más pasiva, o adopta una posición victimista, podemos preparar una estrategia en la que explicaremos claramente que no buscamos atacar, sino que es muy importante para nosotros resolver unas cuestiones que son personales, pero que atañen a esta persona de alguna manera, y que esta conversación en ningún momento pretende culpar o desvalorar a esta persona.

Piensa fundamentos sólidos en los que basar tus argumentos

Nuestra petición de cambio, límite, crítica o búsqueda de soluciones, se puede ver altamente afectada ante la resistencia de nuestro interlocutor, si carecemos de argumentos de peso a la hora de defenderlos.

Es necesario pues, encontrar hechos objetivos, independientemente y separados de las emociones que nos generen, que están complicando aquella cuestión importante para nosotros y nos impiden nuestros objetivos.

Ejemplo:

Si queremos pedir un cambio de actitud, a un compañero que está retrasando nuestro trabajo conjunto, por dedicarle un tiempo insuficiente o no darle el marco adecuado, necesitamos tener claros los momentos en los que hace esto y cómo nos repercute. Podríamos entonces pensar en argumentos como:

  • Días de la semana en que el trabajo se retrasa al hacerlo a última hora

  • Conversaciones concretas habladas o por correo electrónico en que, se llegan a acuerdos que, finalmente no se han cumplido o solo se están cumpliendo parcialmente

  • Llamadas de atención de algún superior ante el trabajo retrasado

  • Situaciones concretas en las que, ante la petición de adelantar trabajo, la respuesta ha sido negativa o se ha contestado con una evasiva ("lo vemos luego")

  • Repercusiones que han tenido para nosotros estas cuestiones a nivel laboral (llamadas de atención, acumulación en día estresantes, errores de entrega...)

Es muy importante tomar conciencia que, hacer acopio de estos argumentos, no suponen un arma para "vomitarla" directamente sobre la persona y generar un efecto nocivo de "gano-pierdes". Consiste, básicamente, en tener un apoyo para pedir un cambio (como es en el caso de este ejemplo), y no necesariamente han de expresarse todos y siempre, ya que la actitud del receptor puede ser positiva y no ser necesario para conseguir la mejora.

Ya estamos más cerca de preparar al 100% nuestra conversación difícil.

¡A entrenar se ha dicho!

Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece

El precio de la libertad

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Desde que nacemos, el ser humano camina de manera directa hacia la búsqueda y conquista de la libertad. El niño pequeño comienza a andar, para tener libertad y poder de decisión sobre sus destinos, los adolescentes luchan por autoafirmarse en su capacidad de elección, buscando conquistar el estatus de "personas libres". Sin embargo, parece que la libertad es algo idealizado que, al conocerse, nos hace recular en nuestro avance por su conquista, como si no hubiese cumplido nuestras expectativas. Y es que la libertad lleva aparejado un concepto del que no somos tan amigos: la responsabilidad. 

En un mundo lleno de opciones, en el que los dogmas y las verdades absolutas cada vez ocupan menos espacio, la libertad de elección impera, haciendo que la responsabilidad tome un papel protagonista. Responsabilidad para elegir entre el abanico de opciones que se despliega ante nosotros en cada decisión, responsabilidad para aceptar el rechazo que cada elección conlleva, y responsabilidad para elegir hasta cuándo nos mantenemos en esa decisión. Y el más difícil todavía: responsabilidad para aceptar que nos hemos equivocado.

El mecanismo antagónico de la responsabilidad es la queja. La queja es el mecanismo que delega las situaciones en los demás. "Mi pareja está hecha un muermo, no me
propone nunca planes", "mi compañero es un vago", "mis amigas ya no están en la misma onda que yo"... Quejarse en una justa medida, es sano, ya que nos ayuda a canalizar la frustración, a tomar conciencia de las cosas que no nos están gustando con el objetivo de movilizarnos hacia una resolución. Sin embargo,  instaurarse en la queja en cualquier aspecto de nuestras vidas es una manera de tirar la toalla, de no responsabilizarnos de tomar decisiones en el sentido que necesitemos, tomando un rol pasivo respecto a nuestro bienestar y felicidad. Instaurarse en la queja implica afinar mi mirada ante lo que, según mi criterio, no funciona, convirtiéndonos en jueces de una realidad que no se altera al ser juzgada.

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De este modo, somos libres y responsables de elegir las opciones que sean más acordes a nuestras necesidades, objetivos y valores. Somos libres y responsables de poner en marcha los mecanismos necesarios para nuestras opciones elegidas. Y somos libres y responsables de detectar cuando esa opción ya no nos está sirviendo, y tenemos que volver a elegir.

Conectar con nuestra libertad, tomar conciencia de hasta qué punto nos  estamos responsabilizando de nuestra vida, es necesario para empoderarnos y para conocernos. Es posible que veamos que nuestra vida es el resultado de una serie de elecciones libres, pero también podemos darnos cuenta de que la libertad no es la piedra angular que guía nuestro camino.

¿Qué cosas nos dificultan el ejercicio de la libertad?


1. El miedo al fracaso:

Preferimos estar mal "por culpa de otros" que intentar estar bien y que no nos salga bien. 

2. Idealismo:

Pensar que lo que elijamos tiene que ser la opción perfecta nos impide tomar la mayor parte de decisiones en nuestra vida, que estarán marcadas por opciones que tiene partes positivas y partes negativas. Esto nos estanca en la indecisión y nos lleva a delegar en los demás la toma de decisiones y perder oportunidades por el hecho de no valorarlas.


3. Baja tolerancia a la frustración:

En cuanto vemos que nuestras elecciones no nos están dando los frutos esperados, damos marcha atrás, sin comprometernos con nuestras decisiones, volviendo a estándares que nos quiten responsabilidad.


La responsabilidad es un precio alto que hay que pagar para ejercer nuestra libertad. Pero más alto es el precio de vivir una vida sin decidir libremente y estando instaurados en la queja.  Y vosotros.

¿Qué elegís?

Sara Ferro Martínez

Psicóloga y coach

Grupo Crece

8 Trucos para estimular a los bebés desde el nacimiento

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Los niños están llenos de capacidades en potencia que tienen que desarrollarse en un momento determinado. Cuando estamos con nuestros hijos e hijas podemos simplemente dejar pasar el tiempo o estimular sus capacidades. Proponemos la segunda opción, y vamos a explicar cómo hacerlo a través de rutinas o mediante actividades lúdicas.

Cuando los padres y madres de plantean estimular a sus hijos e hijas han de saber, en primer lugar,  que lo que hagan será decisivo para su desarrollo. Tienen que seguir sus pautas evolutivas, y para ello, aunque la edad les servirá de guía, hay que tener en cuenta que cada  niño es diferente.

A la hora de estimularle, no se trata de dominarle sino de trabajar y jugar sin imponerse. Le estamos dando su tiempo, que es distinto al nuestro.

Se trata de ser creativos e utilizar la imaginación. Cuando padres y madres disfrutan con sus hijos e hijas, y les resulta divertido y placentero, seguro que están alcanzando el objetivo.

¿Qué materiales se pueden usar para estimular?

La voz, el canto, el baile y los movimientos…nuestros propios recursos. Cuando usamos estos materiales estamos en contacto íntimo con nuestro bebé y le proporcionamos seguridad emocional.

El niño o niña es muy sensible a:

  • Los diferentes tonos de voz: alegre, triste, firme…
  • Nuestras manifestaciones de cariño: sonrisas, risas, besos, caricias, abrazos…
  • Las diferentes expresiones faciales: muecas, gestos…
  • La música.
  • La expresión corporal, el baile y los movimientos.

¿Qué juegos o ejercicios pueden facilitar las capacidades de nuestro bebé?

El  paseo: cada vez que sacamos a pasear a nuestro bebé le estamos ofreciendo una gran variedad de experiencias nuevas. Sonidos, colores olores, la calle con personas y objetos en movimiento, gente que pasa y le sonríe, los niños que se acercan, animales, árboles, etc. Aparte de la estimulación sensorial que recibe (visual, auditiva, olfativa, térmica…) en el paseo se desarrollan sus relaciones sociales (vecinos, amigas, dependiente de la tienda), todos le saludan, le hablan, le llaman por su nombre…

  • El baño: es una situación  ideal para jugar, tocarle, acariciarle, cantarle, masajearle, etc. Es un momento muy placentero y divertido para ambos. También se trata de una actividad idónea para conocer y nombrar las partes de su cuerpo.
  • La natación: los niños y niñas pueden aprender a nadar muy pronto. El líquido es su medio natural hasta el nacimiento y, en cuanto se familiaricen con el agua, disfrutarán mucho. El contacto con el agua debe ser paulatino. Si estamos en la playa, es aconsejable que primero juegue con la pala y el cubo en la orilla, sin insistir ni forzarle. Otro día podemos entrar en el agua con él en brazos, así paulatinamente. Aprovechemos los cursos de natación para bebés y apuntémonos con él.
  • En la comida: mientras se alimenta, le estimulamos con nuestra voz, le hablamos con diferentes tonos, le cantamos. Más adelante, al introducir en su dieta nuevos alimentos se los  nombramos: “Mmmmm…. Qué rico el plátano! Está dulce…”. Dejemos que meta las manos en el plato, que se lleve el alimento a la boca, ya usará la cuchara más adelante.
  • A la hora de vestirle: nombrarle la ropa y para qué sirve, dónde se pone, en qué parte del cuerpo, que toque las texturas… Enseñarle a vestirle requiere tiempo y paciencia pero no hay que dejar de estimularle desde muy pequeño. En cuanto sea posible hay que procurarle autonomía y dejarle practicar.
  • Cambio de pañales: Otro de los momentos que podemos convertirlo en actividad lúdica. Mientras se le desnuda y se le limpia, se le puede hablar y cantar. También podemos nombrarle las partes de su cuerpo. Antes de colocarle el pañal nuevo le damos masajes en las piernas y en la tripita. Podemos colgar un móvil encima del cambiador y ofrecerle algún juguete para que se entretenga.
  • A la hora de dormir: al llevarle a la cuna le cantamos nanas en voz baja o le contamos un cuento.  Algunos niños prefieren dormir abrazados a un juguete, peluche o almohadita, estos objetos les hace sentirse más seguros.
  • En su habitación: No sobrecargarla de peluches y adornos, esto es contraproducente ya que provoca un exceso de estimulación.  Intentemos decorar con pocas cosas y siempre con lo adecuado para su edad. Cada cierto tiempo se puede variar algo en la decoración y poner al alcance del niño (de su vista y de su mano), de nuevo un juguete adecuado a su nivel de desarrollo. Podemos colgar algún cuadro a la altura del campo de visión del niño, así como paneles de corcho donde pueda poner láminas de cuentos fotografías o dibujos.

En resumen: al estimular, los padres y madres establecen un vínculo emocional con el niño o niña que beneficia a las dos partes, así van conociéndose mejor. El niño o niña a su vez, va adquiriendo las distintas capacidades cognitivas, motoras, emocionales y sociales.

Susana Paniagua

Psicóloga

Grupo Crece

La sexualidd infantil. Tips para orientar a madres y padres.

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El sexo es, sin duda, uno de los temas de conversación que más preocupa abordar a padres y madres. 


Puede que nuestra educación, en la que lo sexual no tenía mucho espacio, o la sociedad en la que hemos crecido, en la que la sexualidad ha estado cargada de mensajes ambivalentes, nos ponga la bola en la garganta cuando el sexo aparece a formar el triángulo con padres/madres e hijos/hijas. 

Entonces, ¿cómo debemos enfocar la sexualidad de nuestros hijos e hijas?

La primera cuestión que tiene que guiar el abordaje sobre el mundo del sexo con nuestros hijos e hijas es que la sexualidad en la infancia no se rige por los mismos planteamientos y esquemas que caracterizan la sexualidad adulta. No podemos, por lo tanto, evaluar, juzgar ni entender la sexualidad infantil desde nuestra mirada adulta.

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Debemos contextualizar el sexo en el momento concreto del desarrollo en el que se encuentren los niños y las niñas, incluyendo la sexualidad como un apartado propio del desarrollo, con sus fases e hitos, que deberán ser alcanzados para un correcto desarrollo.


Los adultos tenemos ciertas resistencias para asumir la sexualidad infantil, pero no podemos olvidar que la base de la sexualidad adulta, igual que la de otras tantas conductas, va a estar en la infancia. Los mensajes que recibamos y las emociones que rodeen la sexualidad van a marcar la manera de entenderla y vivenciarla en el futuro.

Por eso debemos de cuidar de manera especial nuestra comunicación en torno a la sexualidad con nuestros hijos e hijas, tanto la verbal como la no verbal. 

Para afrontar la comunicación, primero debemos entender las características de la sexualidad infantil, que nos permitan acercarnos desde una mirada adaptada y no desde nuestra perspectiva adulta:

  • Lo genital no tiene importancia en esta etapa.

Que la sexualidad es mucho más amplia y concierne a más aspectos de lo genital es algo que conocemos. En la infancia, la sexualidad tiene relación con el descubrimiento de sensaciones que resultan placenteras, provenientes de estímulos que activan los diferentes sentidos.

  • La sexualidad se relaciona con el hedonismo infantil.

Si hay algo que caracteriza a los niños es su tendencia a la búsqueda del placer (de cualquier tipo). En la infancia no se han adquirido aún ciertos aspectos sociales que regulan muchas de estas conductas hedónicas.  Es por ello que a los niños les cuesta mucho entender que tienen que renunciar en ocasiones al placer. En esta búsqueda del placer, los niños se encuentran con el sexo que,  para ellos, no es más que otro placer que descubrir y buscar (además, es de los pocos placeres que dependen de ellos mismos).

  • Los juegos sexuales de este periodo se basan en la enorme curiosidad y la tendencia a imitar que le son propias.

Los niños y las niñas están sometidos a una gran cantidad de información relacionada con sexualidad (parejas que se besan, la relación entre sus padres, palabras relacionadas con la sexualidad…) que captan y buscan comprender e integrar dentro de sus capacidades. Para ello, utilizan los recursos que están a su alcance, entre los que se encuentras la imitación y el juego simbólico. 

  • Las preferencias sexuales no están determinadas.

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Los niños y las niñas exploran y aprenden en función de sus necesidades evolutivas del momento, eso no quiere decir que las necesidades y las preferencias sexuales estén determinadas o sean estáticas.

La sexualidad es uno de los aspectos de nuestra especie que nos va a acompañar durante nuestra vida. Para ello, se va transformando en función del momento de nuestro ciclo vital, adaptándose a nuestras capacidades, nuestro ambiente y  nuestras motivaciones. Entender la sexualidad de nuestros hijos e hijas, sus manifestaciones y sus funciones, nos hará acercarnos a ella desde la calma y la seguridad, evitando trasmitirles ansiedad y culpa relacionadas a la sexualidad.

Sara Ferro Martínez

Psicóloga, coach y experta en educación y familia

Grupo Crece