¿Para qué sirve un taller de Inteligencia emocional y/o Asertividad?

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Después de un tiempo ya impartiendo formaciones que tienen que ver con las emociones y la comunicación asertiva, me he dado cuenta de lo importante que puede ser explicaros lo que hacemos, lo que la gente busca cuando viene, y en definitiva para que os podría servir. Porque,  ¡cuántas veces me han preguntado mis amigos o familiares! La misma cuestión de: ¿y eso para qué sirve? , ¿y qué hacéis ahí?.

Así, que ni corto ni perezoso, he decidido coger prestadas, de forma anónima por supuesto, frases o peticiones que me escriben personas que hacen los talleres. Estoy convencido de que os sentiréis identificados/as con muchas de ellas. El objetivo de estos escritos, es el de preparar ejercicios de rol-play donde las personas aprendan a superar estas dificultades, como si se enfrentaran a ellas en la realidad. Los alumnos/as escriben estas ideas en un post-it y luego con todas ellas preparamos las situaciones.

Ahí voy con algunas de ellas:

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“Quiero dejar de asumir responsabilidades que no son mías, como cuando alguien de mi entorno tiene un problema y me siento en la obligación de ayudar a resolverlo siempre”.

“Busco ser capaz en mis reuniones de trabajo, de saber orientar la atención en los buenos resultados en lugar de los malos”.

“Cuando hay una persona avasalladora y agresiva, quiero ser capaz de mantenerme firme y defenderme bien sin afectarme demasiado, no dejarme pisar, pero tampoco ser violenta”.

“Poder decir que no a una propuesta muy interesante, pero que en el fondo no me conviene”.

“Ser capaz de expresar y explicar mis sentimientos en situaciones que me hacen daño o me incomodan, como el plantón continuado de una amiga, el enfado con mi madre, o la insistencia de un compañero de trabajo que me pide el mismo favor insistentemente”.

“Saber parar los pies a personas manipuladoras o chantajistas, que utilizan un chantaje en el que todo el tiempo dan la vuelta a los argumentos, haciéndote sentir culpable o responsable”.

“Siento a mi pareja extremadamente triste y que no se abre a mí. Me gustaría encontrar la forma de que compartiera sus cosas conmigo siendo más empático”.

“Necesito conseguir replicar a mi jefe, que me habla en tono agresivo siempre, sin quedarme bloqueado.

“Quiero permitirme el poder hacer una crítica, sin tener este excesivo miedo al rechazo o el abandono.”

“Me gustaría mostrar mis deseos y opiniones sobre temas que a primera vista pueden parecer banales, como dónde ir a cenar o planificar un fin de semana con amigos, ya que casi siempre trago con lo que los demás hacen aunque a mí no me apetezca”.

“Me gustaría ser capaz de intervenir en las reuniones de trabajo, donde me cuesta mucho tomar la palabra, porque a veces contestan mal”.

“Me gustaría ser capaz de encajar mejor las críticas que me hacen, expresarlo si no estoy de acuerdo, pero hacerlo sereno, sin enfadarme en exceso”.

“Ser capaz de pedir a los compañeros de piso que no dejen cosas sucias en el fregadero, aunque suene una tontería, no me atrevo”.

“Proponer y opinar en la familia de mi pareja, donde me siento muy coartado”.

“Decir que no a mi director de tesis y permitirme pedirle ayuda”.

“Darme el derecho a que alguien no me caiga bien, y ser capaz de dejarle marchar”.

“Cuando un amigo me critica, mantener el control en la réplica”.

“Al exponer un sentimiento, no mostrar ira excesiva o lloriquear”.

“Expresar mis ideas a los jefes, aunque me condicione mi rol de becaria”.

“Ser capaz de iniciar una conversación con una persona desconocida sin sentir demasiada vergüenza”.

“Manejar el chantaje infantil de mis hijos, que acaban haciendo lo que quieren porque me siento mal al castigarles”.

“Saber mandar adecuadamente una tarea a un compañero de trabajo”.

“Pedir a mi hermano que dedique más tiempo a estar conmigo”.

Esas son solo algunas, y me he dejado muchísimas más. Espero haber respondido a la pregunta que planteaba el título.

¿Es posible que os ocurra también a vosotros/as algunos de estos conflictos?

¡FELIZ SEMANA!

Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece

 

 

 

8 de Marzo: aún queda mucho por conseguir

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Hoy es el día de la mujer trabajadora, un día importante para recordarnos que hay que seguir luchando por nuestros derechos y la igualdad con el sexo masculino. Si bien es cierto que en las últimas décadas la mujer ha conseguido ampliar sus roles en la sociedad, siendo estos muchos más amplios  (mayor división del trabajo en casa entre ambos sexos, mayor conciliación entre el trabajo y la familia, acceso a puestos de trabajo “típicamente masculinos”, mayor variabilidad a la hora de elegir formar o no una familia, mujeres emprendedoras que montan su propia empresa, etc.) aún queda mucho por avanzar para alcanzar la plena igualdad entre hombres y mujeres.

Seguimos teniendo dificultades para conciliar trabajo, hogar y familia y tanto el salario como la posibilidad de acceder a ciertos puestos de trabajo, siguen siendo, en muchos casos, menores que en los hombres. Esto se debe a que durante muchos años los roles masculinos y femeninos han estado fuertemente estipulados, sin lugar a tener modificación o cambio: nuestro trabajo debe estar enfocado a que  poco a poco tiendan a disminuir, y en esto está  nuestro esfuerzo, este es el foco que nos debe guiar, y nuestra mejor herramienta es la educación en la igualdad.

Para que nuestros hijos e hijas y las nuevas generaciones puedan aprender de la importancia de no tener unos roles estipulados dentro de una pareja, unidad familiar o puesto de trabajo, es vital que nosotros/as conozcamos cómo eran y son esos roles, y cómo queremos modificarlos, para poder ser el mejor ejemplo. De este modo, los más pequeños y pequeñas comprenderán de forma vivencial que no existen diferencias de género entre hombres y mujeres, y ofrecernos respeto entre sexos. En definitiva, poner todo nuestro esfuerzo para despedirnos de los roles del pasado (hombre dominante y mujer sumisa), deshaciéndonos poco a poco de la desigualdad.

Es esencial entonces no caer en tópicos qué cosas se esperan cuando eres niño y cuando eres niña, qué profesiones, ropa, deportes, aficiones, etc.  Si los niños y las niñas ven que tanto el padre como la madre tienen el mismo poder de decisión en la familia, y en la relación,  es más probable que se respeten por igual y que admiren la relación de cariño y respeto que se tienen haciendo que ellos y ellas en el futuro crean en la igualdad, la interioricen y normalicen, es entonces muy probable que busquen pareja y amigos del mismo modo, sean del sexo contrario o del mismo sexo, pero con los roles que han aprendido en un ambiente sano, respetuoso e igualitario.

Susana Paniagua

Psicóloga

Grupo Crece

Los vínculos y los educadores

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Durante estos últimos meses, he tenido la desagradable experiencia de vivir dos pérdidas, muy diferentes, pero con cosas en común. La madre de un buen amigo, y una maestra que fue muy importante en nuestra infancia.  Ambas eran dos personas muy queridas en su tierra, y aquello se vio claramente por la forma en que reaccionaron todos los vecinos y conocidos.

Llamó mucho la atención, la cantidad de gente que se trasladó al funeral de nuestra maestra de primaria. Gente de todos los cursos que la habíamos tenido muchos años atrás, salieron ese fin de semana de sus ciudades (algunas extranjeras) para poder despedirse de ella y decirle adiós. Esto me ha hecho pensar mucho sobre la educación y los vínculos, y la importancia que tiene el tener un buen maestro o una buena maestra durante tu etapa de formación.

Actualmente estamos trabajando en centros educativos, y vemos la gran relevancia que tiene este tipo de figura en el desarrollo, no solo intelectual, sino afectivo del alumnado que participa en las clases. Nuestra maestra nos hacía sentir tremendamente queridos e importantes, sabía sacar lo positivo que teníamos cada uno de nosotros, y nos enseñó a querernos a nosotros mismos, pero a querernos bien. Fueron años geniales, en tercero y cuarto de primaria, y llegamos incluso a buscar al director de nuestro centro, para pedirle que se quedara en nuestra clase muchos años más.

El vínculo que consiguió crear esta mujer con los alumnos, ha hecho que ninguno la olvidemos, y tengamos un recuerdo genial de esta etapa de nuestra infancia. ¿Acaso es esto menos importante que sacar buenas notas?, ¿qué beneficios consideráis que se pueden conseguir en el futuro cuando te has sentido valorado, querido y feliz en el colegio?

Aprendamos pues, a transmitir a los niños que se les quiere, y que podemos ser vínculos sanos para ellos, pero sin caer en la sobreprotección, dotándolos así de una autoestima sana, para que sepan sus fortalezas y mejoren sus debilidades. Si logramos crear ese lazo, jamás nos olvidarán.

Todo eso que ella nos ha dado, se ha visto representado en esos días tan tristes, pero emocionantes a la vez, aunque cada uno de los alumnos y alumnas que la hemos disfrutado, la llevamos dentro de nosotros, su recuerdo y su cariño.

Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece

Estoy dispersa en mi trabajo... ¿Cómo puedo mejorar mi concentración?

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Con Mindfulness, por supuesto.

Si bien es cierto que Mindfulness no es en exclusiva el aprendizaje de herramientas para mejorar la concentración, éste es uno de los grandes beneficios que tiene cuando hacemos de la meditación una práctica habitual ( o casi habitual).  Cuando nos iniciamos en su práctica, comenzamos aprendiendo técnicas que nos anclen al presente, como es prestar atención a nuestro cuerpo o a la respiración ( no hay nada más presente, real y permanente que esto). Es entonces, al observarnos, cuando vemos casi inmediatamente que estamos pensando todo el tiempo. Con el mero hecho de darnos cuenta de cuándo nuestra cabeza se “ ha ido”, y llevar nuestra atención de nuevo a la respiración, estamos entrenando a nuestro cerebro en el desarrollo de la concentración.

Es un proceso sencillo, pero no por ello fácil a veces: nos centramos en la respiración- nuestra cabeza se va a pensar en otras cosas- somos conscientes de ello- de forma deliberada volvemos nuestra atención a la respiración.

 Te proponemos unos ejercicios básicos que puedes poner en práctica para esos momentos en que sientes que tu cabeza y tu cuerpo son incapaces de mantenerse en el sitio por más de 2 minutos…

Un último consejo: practica.

Meditación de 1 minuto

Para realizar este ejercicio no es necesario tener conocimientos abrumadores de meditación. Simplemente consiste en parar y prestar atención a la respiración. Cada vez que sientas que tu cabeza se dispersa, vuelve a la respiración, sin juicios ni críticas hacia ti ( “ ya se me ha vuelto a ir la cabeza, qué desastre”, “ esto no es para mí”,). El objetivo es darte cuenta de cuándo la cabeza viaja y de forma amable hacerla volver a la respiración.

Os dejamos un vídeo donde se muestra está técnica por si os quedan dudas:

https://m.youtube.com/watch?v=YJBB8ambUdI&feature=youtu.be

Meditación del conteo

Esta meditación sirve para los momentos de mayor dispersión. Hay personas a las que le funciona mejor y también tiene sus detractores. Prueba:

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Con la mente centrada en la respiración, siguiendo la respiración desde que comienza hasta que acaba, intentando no controlar o manipular el ritmo natural de la respiración, el ejercicio se basa en contar respiraciones ( la inhalación y la exhalación) desde 1 a 5 y una vez que se llega a 5 contar hacia atrás hasta alcanzar nuevamente 1. La siguiente ronda se procederá de la misma manera pero contando hasta 6, la siguiente hasta 7, y así sucesivamente hasta llegar a 10. Este procedimiento hace un Círculo Completo de Respiraciones. Si te despistas y te pierdes, vuelve a la cuenta desde la primera ronda. 

 

Al final la atención y concentración consiste en prestar atención al presente a una cosa determinada ( a la respiración o a contar como os hemos propuesto en este artículo). Cada uno puede elegir lo que mejor le venga.

En el siguiente os propondremos otros ejercicios cuyo objeto de atención serán el cuerpo y los sentidos.

Raquel Ibáñez Ortego

Psicóloga

Grupo Crece

 

El papel de la familia en el desarrollo social del niño

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Durante la infancia se dan las primeras experiencias del niño o la niña con sus iguales, en las que los padres y madres van a mediar para que su hijo o hija disfrute de la compañía de otros niños o niñas y aprenda a compartir y cooperar con ellos y ellas. La educación previa y el estilo de comunicación de los padres y madres con el/la pequeño/a van a influir en cómo él o ella se relacione con sus iguales.

Los padres y madres autoritarios/as, controladores/as, que establecen normas de comportamiento que no se pueden negociar ni cuestionar, que optan por la disciplina forzosa y obediencia inmediata, que evitan métodos educativos como el elogio y la motivación, o aquellos/as que son permisivos/as y pasan por alto el establecimiento y cumplimiento de normas, suelen provocar que sus hijos e hijas adopten formas agresivas o pasivas para resolver los conflictos.

Los padres y madres asertivos refuerzan y alientan las buenas conductas de sus hijos, les motivan en el proceso de aprendizaje y facilitan el desarrollo de su competencia social. Estos padres y madres:

1.      Tienen en cuenta los sentimientos, emociones y las necesidades de sus hijos.

2.      Se interesan por sus actividades cotidianas.

3.      Se sienten orgullosos/as y refuerzan sus logros poniendo atención especial al proceso más que al resultado.

4.      Muestran cariño y afecto hacia ellos y ellas.

5.      No ceden ante las normas establecidas por ellos y ellas mismos/as.

6.      No utilizan el castigo de forma sistemática.

7.      Evitan resolver los conflictos de manera agresiva.

8.      No utilizan los gritos ni las amenazas como pautas educativas.

9.      Huyen de etiquetar negativamente a sus hijos e hijas y se centran en las conductas que quieren mejorar.

Una educación muy autoritaria o permisiva puede inducir en el niño y la niña actitudes agresivas o pasivas en sus conflictos con los demás.

Relacionarnos con los demás y hacerlo de forma eficaz es una garantía de éxito social que nos aporta numerosos beneficios personales. Superar con éxito las diferentes situaciones sociales que se nos presentan a diario depende de las habilidades que hayamos desarrollado para ello.

Tener buenas relaciones sociales significa contar con una red de amigos/as, compañeros/as y familiares capaces de ayudarnos en los momentos difíciles y de disfrutar con nosotros en los buenos momentos. Utilizar unas habilidades sociales adecuadas ayuda a mejorar el autocontrol, ya que muchas veces es necesario postponer los deseos o necesidades porque son incompatibles con la situación social en la que estamos.

Los niños y niñas que no poseen estas habilidades pueden experimentar aislamiento y el rechazo social. Ser socialmente competente tiene una importancia fundamental para la adaptación del niño o niña al medio en el que vive, así como su desarrollo futuro.

En resumen, tener unas adecuadas habilidades sociales implica una serie de beneficios:

1.      El niño o niña comprende mejor a los demás y así mismo/a.

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2.      Se comunica mejor, expresa sus sentimientos y necesidades.

3.      Se enfrenta a todas las situaciones sociales, ya sean novedosas o conocidas, sin huir de ellas.

4.      Hace más amigos/as, los mantiene más en el tiempo y los conoce mejor.

5.      Es más fácil que participe en actividades lúdicas como juegos, deportes o manualidades.

6.      Puede tener un papel más importante en la familia y estar más implicado/a en las decisiones familiares. 

7.      Es más fácil que sus profesores y profesoras, compañeros y compañeras, valoren positivamente su relación con él.

8.      Probablemente logre mejores rendimientos escolares, tenga menos conflictos con los amigos/as y compañeros/as y consiga una buena adaptación posterior en la vida adulta.

9.      Tiene más posibilidades de ser una persona más feliz.

En los próximos post hablaremos de algunas actuaciones que pueden utilizar los padres y madres para aumentar las probabilidades de que sus hijos e hijas desarrollen habilidades que les permitan establecer con éxito relaciones sociales.

Susana Paniagua

Psicóloga y coach

Grupo Crece