La habilidad para decir "NO", ¿es tan sencilla?

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Uno de los motivos más frecuentes, y que muchas personas demandan, tanto en sesiones individuales como en talleres de asertividad, es la dificultad para “decir que NO” a los demás.

Los pasos para aplicar o aprender esta habilidad parecen sencillos, muchos compañeros o alumnos indican: “pues dices que NO, y ya valdría, ¿verdad?”, pero luego, en la realidad no es tan fácil, y hay que tener en cuenta una serie de factores. De ser así de sencillo, bastaría con tener un comportamiento robotizado, como si fuésemos un androide al que aplican una orden y un programa y responde automáticamente, y nada más lejos de la realidad.

Para saber decir que NO hay que tener en cuenta las siguientes cuestiones:

1)      Valoración inicial: ¿Hasta que punto puedo decir que NO en esta situación?

En este punto hay que pensar en quiénes son estas personas a las que nos queremos negar o poner un límite. ¿Son familiares, amigos, mi propia jefa?, ¿qué consecuencias puede tener para mí?, ¿estaría dispuesto a asumirlas, o a asumir posibles riesgos?

Para este punto es muy importante saber cual es nuestro OBJETIVO, nuestras motivaciones y lo más importante. Valorarlo en función de nuestras metas.

También hay que tener en cuenta el contexto en el que se produce. No es lo mismo negarnos a dejar nuestro coche (que no queremos que toque nadie) a nuestra prima, que poner un límite a nuestra jefa al respecto de unos horarios o tareas que consideramos abusivas, así como expresarle a nuestro mejor amigo, que finalmente no queremos ir a esa fiesta a la que nos comprometimos a acompañarle meses atrás, porque hemos cambiado de idea.

2)      Permitirnos tomarnos un tiempo para actuar

Puede ocurrirnos, que en muchas ocasiones no estemos preparados y nos pillen “in fraganti” con una petición, un compromiso, o a través de un chantaje, para que accedamos o aceptemos algo que en el fondo no queremos hacer. ¿Qué podríamos hacer entonces? La clave está en dos factores. Permitirnos el DERECHO A CAMBIAR DE OPINIÓN, y permitirnos también UN TIEMPO PARA PENSARLO SIN DAR UNA RESPUESTA.

En muchas ocasiones nos dejamos llevar por el efecto “aquiescencia”, que es la respuesta o tendencia natural del ser humano a decir que SÍ a todo. Y posteriormente nos sentimos presas de ese compromiso y accedemos a algo que en el fondo no queríamos hacer “¿cómo voy ahora a decirle que no?, pobrecito, ya me había comprometido”. Por este motivo, estos dos derechos asertivos fundamentales, pueden resultar clave. “Perdona, esto que me pides, necesito pensarlo un poco, permítemelo”. “Entiendo que en su momento te dije que sí, pero ahora he cambiado de opinión, me hago cargo de que te haya podido molestar, lo siento”.

3)      Escuchar y entender nuestras emociones

Independientemente de la reflexión, el análisis y los derechos asertivos, hay otra cuestión clave a la hora de permitirnos realizar o no determinadas conductas. Se trata de nuestro motor principal, nuestro indicador natural de lo que es importante o baladí. Las emociones. Hay ciertas emociones que pueden bloquear o dificultar nuestra actitud a la hora de permitirnos decir un NO. Algunas de ellas son las siguientes:

Miedo

El miedo nos prepara para el escape o el afrontamiento de una situación peligrosa. En caso de que sea algo que anticipamos que pueda ocurrir, lo podríamos denominar ansiedad. Cuando tenemos miedo a que nos dañen, nos abandonen, no nos quieran… condicionará mucho el establecimiento de nuestro límite. Hay que estudiar detenidamente que parte de miedo es real y cual distorsionado.

Tristeza

La tristeza nos ayuda a refugiarnos cuando nos sentimos dolidos, para no estar expuestos a aquello que nos hiere. Nos hace tomar distancia. Es una emoción que no nos moviliza para la defensa de nuestros derechos, sino para el escape. Cuando estamos tristes no peleamos, muchas veces incluso aceptamos cuestiones que no son propias o de las cuales no tenemos responsabilidad, simplemente por sentirnos débiles o con la confianza baja.

Vergüenza

La vergüenza es un tipo de miedo social. Nos defiende de que nuestra imagen pública quede dañada o mal parada. A veces, cuando hay un exceso de vergüenza, nos bloquea cuestiones importantes para nosotros. Ejemplos muy sencillos pueden ser los relacionados con dar una opinión propia en un grupo, hacerle ver a un camarero que se ha equivocado con nuestra bebida o mostrarnos en un grupo en el que aún no tenemos confianza.

Enfado

El enfado facilita la defensa de nuestros derechos, pero cuando no es bien gestionado y se convierte en rabia, nos precipita al ataque, normalmente agresivo y sin empatía hacia el otro. A la hora de decir NO, el enfado puede ser un aliado si está bien gestionado, si en lugar del enfado es rabia descontrolada, nuestro límite será agresivo, y es posible que tenga consecuencias desagradables para nosotros.

Culpa

Es una emoción que podemos situar entre la tristeza y el miedo. Nos responsabilizamos de ciertas cuestiones que nos han podido hacer daño a nosotros mismos u a otras personas, para poder aprender de ello y no repetirlo. En ocasiones la culpa también puede estar mal gestionadas y hacernos responsables de cosas que nos son nuestras. Si asumo culpas que no me corresponden, me resultará muy difícil decir un NO. Si me siento culpable por que mi amiga se sienta triste, me responsabilizaré de su tristeza, y por tanto accederé a peticiones, aunque me parezcan mal.

 

Espero que este artículo os haya hecho reflexionar sobre estas tres cuestiones. ¿Sois capaces de manejarles adecuadamente a la hora de poner un límite? En el próximo artículo hablaremos, de manera más concreta de cómo decir un NO y mantenerlo con firmeza y sin agresividad.

Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece

 

¿Para qué sirve un taller de Inteligencia emocional y/o Asertividad?

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Después de un tiempo ya impartiendo formaciones que tienen que ver con las emociones y la comunicación asertiva, me he dado cuenta de lo importante que puede ser explicaros lo que hacemos, lo que la gente busca cuando viene, y en definitiva para que os podría servir. Porque,  ¡cuántas veces me han preguntado mis amigos o familiares! La misma cuestión de: ¿y eso para qué sirve? , ¿y qué hacéis ahí?.

Así, que ni corto ni perezoso, he decidido coger prestadas, de forma anónima por supuesto, frases o peticiones que me escriben personas que hacen los talleres. Estoy convencido de que os sentiréis identificados/as con muchas de ellas. El objetivo de estos escritos, es el de preparar ejercicios de rol-play donde las personas aprendan a superar estas dificultades, como si se enfrentaran a ellas en la realidad. Los alumnos/as escriben estas ideas en un post-it y luego con todas ellas preparamos las situaciones.

Ahí voy con algunas de ellas:

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“Quiero dejar de asumir responsabilidades que no son mías, como cuando alguien de mi entorno tiene un problema y me siento en la obligación de ayudar a resolverlo siempre”.

“Busco ser capaz en mis reuniones de trabajo, de saber orientar la atención en los buenos resultados en lugar de los malos”.

“Cuando hay una persona avasalladora y agresiva, quiero ser capaz de mantenerme firme y defenderme bien sin afectarme demasiado, no dejarme pisar, pero tampoco ser violenta”.

“Poder decir que no a una propuesta muy interesante, pero que en el fondo no me conviene”.

“Ser capaz de expresar y explicar mis sentimientos en situaciones que me hacen daño o me incomodan, como el plantón continuado de una amiga, el enfado con mi madre, o la insistencia de un compañero de trabajo que me pide el mismo favor insistentemente”.

“Saber parar los pies a personas manipuladoras o chantajistas, que utilizan un chantaje en el que todo el tiempo dan la vuelta a los argumentos, haciéndote sentir culpable o responsable”.

“Siento a mi pareja extremadamente triste y que no se abre a mí. Me gustaría encontrar la forma de que compartiera sus cosas conmigo siendo más empático”.

“Necesito conseguir replicar a mi jefe, que me habla en tono agresivo siempre, sin quedarme bloqueado.

“Quiero permitirme el poder hacer una crítica, sin tener este excesivo miedo al rechazo o el abandono.”

“Me gustaría mostrar mis deseos y opiniones sobre temas que a primera vista pueden parecer banales, como dónde ir a cenar o planificar un fin de semana con amigos, ya que casi siempre trago con lo que los demás hacen aunque a mí no me apetezca”.

“Me gustaría ser capaz de intervenir en las reuniones de trabajo, donde me cuesta mucho tomar la palabra, porque a veces contestan mal”.

“Me gustaría ser capaz de encajar mejor las críticas que me hacen, expresarlo si no estoy de acuerdo, pero hacerlo sereno, sin enfadarme en exceso”.

“Ser capaz de pedir a los compañeros de piso que no dejen cosas sucias en el fregadero, aunque suene una tontería, no me atrevo”.

“Proponer y opinar en la familia de mi pareja, donde me siento muy coartado”.

“Decir que no a mi director de tesis y permitirme pedirle ayuda”.

“Darme el derecho a que alguien no me caiga bien, y ser capaz de dejarle marchar”.

“Cuando un amigo me critica, mantener el control en la réplica”.

“Al exponer un sentimiento, no mostrar ira excesiva o lloriquear”.

“Expresar mis ideas a los jefes, aunque me condicione mi rol de becaria”.

“Ser capaz de iniciar una conversación con una persona desconocida sin sentir demasiada vergüenza”.

“Manejar el chantaje infantil de mis hijos, que acaban haciendo lo que quieren porque me siento mal al castigarles”.

“Saber mandar adecuadamente una tarea a un compañero de trabajo”.

“Pedir a mi hermano que dedique más tiempo a estar conmigo”.

Esas son solo algunas, y me he dejado muchísimas más. Espero haber respondido a la pregunta que planteaba el título.

¿Es posible que os ocurra también a vosotros/as algunos de estos conflictos?

¡FELIZ SEMANA!

Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece

 

 

 

Hoy me he vuelto a levanar triste. Tips para manejarte en estos días.

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La tristeza es una emoción básica en el ser humano. Con básica me refiero a que ha sido, es y será una emoción que siempre va a estar en nuestro repertorio emocional. Añadiría incluso que DEBE estar, ya que cumple una función adaptativa y necesaria para el equilibrio psíquico y emocional.

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La tristeza es la respuesta natural a una situación u acontecimiento que se caracteriza por una perdida, por un fracaso, o desgaste de energía. La tristeza nos provoca un descenso de actividad, desmotivación, y aumento ligero de la actividad cardiaca y neurológica. La tristeza por lo tanto permite la reflexión,  el análisis y el encuentro con uno mismo, nos sirve para ahorra energía y descansar tras mucho desgaste. Además la expresión de la tristeza tiene la función de pedir consuelo y apoyo a los seres queridos.

Así que hay días, y temporadas, en las que la tristeza va a estar en tu vida.

Te damos unos sencillos tips para que en esos días puedas gestionar la tristeza:

1.       Recuerda que el objetivo no es eliminar el malestar generado por la emoción, sino saber manejar dicha emoción para que no sea tan intensa y duradera.

2.       No busques el “ por qué”: no vayas a buscar aquello por lo que estás o podrías estar triste. Sólo conseguirás entrar en un bucle sin respuestas y que cosas sin importancia empiecen a tener una carga pesada irreal que no hará más que aumentar tu tristeza.

3.       No pienses en “ cómo deberías o no estar”: no sé si deberías o no estar triste, sólo sé que hoy estás triste. La tiranía de los deberías no nos permite estar en el presente. Aunque el presente sea difícil, estar en él y aceptarlo es lo único que nos permitirá construir/reconstruir. No se construye nada sobre algo que ya no está ( el pasado) ni sobre aquello volátil ( el futuro).

4.       Permítete estar triste: Así sin más. No temas que acampe a sus anchas en ti, pues la tristeza, como cualquier emoción, es como un toro: si lo dejas pasear libremente por el campo, el toro, a pesar de ser considerado un animal bravío, es capaz de buscar una sombra sobre la que echarse a descansar.

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5.       Pregúntate a ti misma: ¿Cómo puedo cuidarme mejor en este momento? Realiza una actividad agradable que puedas realizar en ese momento o que te parezca adecuada: date un baño de agua caliente, duerme una siesta, pasea (con un amigo o con el perro), visita a un amigo, practica tu hobby favorito,  realiza algún ejercicio, telefonea a un amigo, pasa un tiempo con alguien que te guste, cocina, etc.

Lo más importante es que no escojas una acción esperando deshacerte del sentimiento desagradable. El objetivo es emprender una acción para cuidarte si te sientes desanimado.

6.       Practica Mindfulness: Mindfulness es la capacidad de estar en el presente de forma voluntaria y sin emitir juicios ni críticas. A través de la práctica de la meditación conseguirás vivir las emociones complicadas desde un lugar más sano y desde el que puedas buscar soluciones.

Raquel Ibáñez Ortego

Psicóloga y formadora

Grupo Crece

 

Descubriendo el universo emocional: el enfado y la pregunta mágica

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El enfado es la emoción protagonista de nuestro post de hoy.

Como ya hablamos en nuestro anterior post emocional, sobre la tristeza, hay que tener en cuenta siempre, que las emociones son positivas, porque nos dan información sobre cómo nos afecta algo y en qué medida, y por tanto, su conocimiento, lectura y entendimiento son claves para manejarnos en el mundo.

El enfado, es una emoción que prepara nuestro cuerpo para el ataque. Nos prepara para atacar, porque de alguna manera, algo nuestro que es importante, está resultando dañado o herido. Es especialmente importante entender este concepto, ya que nos ayudará a canalizar la emoción correctamente, ya sea para nosotros mismos, o cuando la gestionamos en otra persona.

Entonces una pregunta clave que os propongo es la siguiente...

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"Estoy enfadado... ¿qué parte de mí está resultando herida?"

Probablemente, el resultado de la respuesta a esta pregunta, nos ayude a manejar la situación mucho mejor.

Una vez que sepamos lo que significa el enfado en este caso, podremos sacar con facilidad, lo que nos está queriendo transmitir, y por tanto, nos resultará más sencillo decidir la estrategia de gestión.

Ejemplo:

"Salgo tarde del trabajo, con muchas ganas de volver a casa, y cuando llego al metro resulta que acabo de perderlo, tengo que esperar tiempo, y el siguiente que pasa va lleno y apenas me puedo colocar en el vagón"

¿Qué parte de esta persona puede estar resultando dañada?

Probablemente su necesidad de comodidad y descanso, su expectativa de poder llegar a casa pronto para descansar, o su necesidad de cuadrar los tiempos, teniendo en cuenta todo lo que tiene que hacer esa misma tarde o durante la semana.

 

¿De qué está avisando el enfado?

El enfado en este caso, está avisando de lo que es importante para esta persona (llegar a tiempo, descansar, estar tranquilo, tener tiempo para cuadrar todo).

¿Cuál sería la gestión correcta de esta emoción?

Una vez entendida la emoción, la mejor forma de gestionarla en este caso es la aceptación, ya que no puede vaciar el tren ni llegar antes por arte de magia. Técnicas como el control de pensamientos, las autointrucciones positivas o la relajación pueden ser muy útiles.

Ejemplo de autoinstrucción positiva:

"No es mi culpa, no puedo hacer nada, estoy disgustado pero no me va a ayudar, ya llegaré a casa y lo arreglaré, puedo ir incluso pensando cómo hacerlo"

"No pasa nada, encontraré una forma de descansar un poco después"

"Estoy enfadado pero se me va a pasar, es normal enfadarse un poco cuando ocurre esto"

"No hay  nada mejor que pueda hacer ahora que relajarme un poco"

Os animo entonces, a utilizar esta pregunta mágica cuando notéis los síntomas del enfado o la tristeza: ¿qué parte de mi está siendo dañada?.

Algunas pistas para saber que estamos enfadados, a través de nuestro cuerpo son las siguientes:

  • Tensión en mandíbulas, garganta y/o extremidades

  • Sensación de calor

  • Respiración más acelerada

  • Resoplar

  • Pensamientos agresivos

  • Uso de palabras malsonantes

  • Elevación de la voz (gritos)

  • Gestos violentos (golpes en la mesa, lanzamiento de objetos al suelo...)

 ¡Feliz manejo del enfado!

Alberto López Viñau

Psicólogo, coach y formador

Grupo Crece

Tengo pendiente una conversación difícil. ¿Cómo prepararla? Pasos 7 y 8 (últimos pasos)

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Planifica tu enfoque:

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Quizá, si te planteas un preparación excesiva, en cualquier momento se puede desmontar por completo tu guión, ya que cualquier imprevisto puede hacer que aquello que tenías tan minuciosamente preparado, de repente deje de servir.  Además, la persona con la que interacciones tiene la capacidad de reaccionar o cambiarte el paso, no es una pared que vaya a responder a los puntos que a nosotros nos interesan, y como a nosotros nos convenga.

Por tanto, en lugar de un exceso de detalle, lo conveniente es tener una serie de ideas claras sobre lo que queremos abordar, y una estrategia sobre la forma de abordarlo. Esto, es especialmente importante en el momento de la apertura (es decir, el arranque de la conversación). En este punto, si puede ser interesante pensar las frases con las que pretendo arrancar, y las contestaciones a las primeras reacciones.

Imaginemos una situación de conversación difícil a nivel laboral. Supongamos que hemos seleccionado para esta conversación dos puntos fundamentales: los problemas de comunicación y mi rol en el equipo de trabajo. Podríamos entonces decidir estrategias de entrada como las siguientes:

Arranque: "María, hay dos cuestiones clave que me gustaría debatir hoy en la reunión, por las que llevo tiempo buscando un espacio. Tienen que ver con la comunicación entre el equipo y los roles establecidos. He observado ciertas situaciones que se podrían mejorar y tengo propuestas que me gustaría que fuesen debatidas".

Ante una posible evasiva: "Soy consciente de la cantidad de temas que hay pendientes, no obstante considero necesario e importante encontrar un espacio para estas cuestiones".

Selecciona un lugar y un contexto adecuado para abordarla

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Elegir el momento y contexto adecuado para la conversación que queremos plantear, puede tener una repercusión notable en el desarrollo y consecuencias de esta. Los momentos adecuados están relacionados también con los estados emocionales de quienes deben participar en ella. A parte de este, otro aspecto clave para determinar el momento y lugar adecuado, consiste en la disponibilidad de tiempo suficiente para mantener un intercambio de opiniones o puntos de vista mínimos, para que tenga algún éxito.

Unidos a estas dos cuestiones, también, hemos de considerar el lugar. Si la conversación requiere un entorno mínimamente tranquilo y exento de sorpresas, o si la conversación requiere de unas condiciones de confidencialidad.

Por tanto, finalmente sabremos si cumplimos con este punto si tenemos en cuenta las siguientes preguntas:

1. ¿Me encuentro yo, o la otra persona en un estado emocional propicio para abordar la conversación o reunión difícil?

2. ¿Dispondremos del tiempo suficiente, teniendo en cuenta el problema, para llegar a que se aborden los puntos o se resuelvan mínimamente los problemas?

3. ¿Qué entorno he elegido para tener esta conversación?, ¿es el adecuado para lo que quiero transmitir o necesito solucionar?

Los estados emocionales, como hemos comentado en alguno de los puntos anteriores, pueden complicar la transmisión o recepción de la información, llevando la interpretación a través de la emoción. En el caso de un compañero de equipo, tremendamente disgustado por el desarrollo de una reunión, que nos pide tener una charla inmediata sobre esta, y algunos asuntos con los que no está de acuerdo, concluiremos que el estado emocional no es el adecuado para abordar dicha conversación difícil, y tendremos que tratar de emplazarle a otro momento, eso sí, con tacto e inteligentemente. por ejemplo:

"Javier, entiendo que esta cuestión es importante para ti, y lamento de verdad que te sientas contrariado por lo que ha ocurrido hoy en la reunión. El tema que me comentas necesitamos hablarlo con más calma y en otro contexto, ya que merece una mayor dedicación. Me gustaría que entendieras esto."

Ya tienes las claves más importantes a la hora de preparar una conversación o reunión difícil. No obstante te recuerdo los puntos y te remito a leer los post anteriores por si te perdiste alguno de los artículos:

1. Analiza tu propia historia interna sobre la conversación

2.  Define claramente cuál es tu objetivo para esa conversación

3.  Ten claro previamente lo que te gustaría que la persona hiciera de manera específica

4.  Prepárate a nivel emocional

5.  Trata de anticiparte a las posibles reacciones de la persona con la que hablarás

6.  Piensa en fundamentos sólidos en los que vas a basar tus argumentos

7. Planifica tu enfoque

8.  Selecciona un contexto y lugar adecuado para abordarla

¡Valor... y mucha suerte!

Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece

 

¿Sabes empatizar?

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Podríamos hablar de la empatía en varios términos, por ejemplo como una capacidad, una habilidad, una característica innata de alguna persona, una herramienta de comunicación o una técnica para conseguir algún objetivo. Sin embargo todas ellas comparten un denominador común: el efecto que genera en la persona que lo recibe.

La definición más conocida y simple de la empatía es la siguiente: “la capacidad de ponerse en el lugar del otro”. Pero… ¿qué es eso de ponerse en el lugar? Erróneamente las personas que leen esta definición podrían concluir que para empatizar con alguien tendrían que ser capaces de sentir exactamente lo mismo que esa persona está sintiendo en ese momento. Esto por supuesto es un error.

La empatía o capacidad de empatizar se ha estudiado también utilizando como contraste los trastornos del espectro autista.  En estos casos las personas que lo padecen, en mayor o menor medida muestran grandes dificultades para tener en cuenta lo que piensa o siente el otro. Una de las teorías que se han estudiado para comprender esta incapacidad son las teorías referentes a las “neuronas en espejo”. De una forma muy simple (sin ánimo de profundizar en el asunto) se concluiría que estas personas tendrían dificultades para ponerse en el lugar del otro debido a la ausencia o alteración en este sustrato. Dando esto por cierto, estas neuronas en espejo serían las responsables de que saltásemos de alegría cuando un amigo nos comunica con gran entusiasmo que le han ascendido en el trabajo, o las que nos pueden hacer llorar cuando vemos una película triste.

Como veis hemos empezado a hablar de emociones y ya no tanto de estar en el lugar de nadie. Hablamos de CAPTAR Y RECOGER LA EMOCIÓN.

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La verdadera clave de la habilidad de empatizar está en ser capaz de CAPTAR y RECOGER esa emoción para después TRANSMITIR al otro que lo hemos hecho. En este caso, captar significaría “darnos cuenta”, recoger significaría “colocarla en nosotros mismos” y transmitir estaría relacionado con “ser reflejo de ella ante el otro”. Y para ello la auténtica y verdadera clave está en una sola cosa: LA EMOCIÓN.

En las formaciones de inteligencia emocional al igual que en muchas otras, siempre me gusta dar un papel importantísimo a la capacidad de empatizar, ya que en sí supone la capacidad de centrarse en la emoción del otro en lugar de vislumbrar el problema. Y hay una metáfora que me gusta mucho contar para explicarla.

“Tendríamos que pensar o imaginar que tenemos un jardín pequeño y delicado, con bonsáis y pequeñas macetas entre otros elementos. Disponemos de una manguera para poder regar todas estas plantas pero el agua sale con un chorro de gran presión. ¿Cómo regaríamos nuestras plantas?... y todo el mundo contesta… pues echando el agua a un cubo o una regadera… Pues precisamente esa acción de meter ese chorro de gran presión… recogerlo… colocarlo… para luego regar… es la capacidad de empatía. El gran chorro de agua es la emoción y nosotros somos ese recipiente que guardará el agua para luego regar con delicadeza (el jardín sería el problema o la cuestión de la que emana esa emoción)”.

En el primer párrafo habíamos indicado que el denominador común de la empatía era el efecto que generaba en el otro. Y esto es realmente lo único importante cuando hablamos estrictamente de habilidad empática,  lograr generar la sensación en el otro de que somos capaces de recogerle antes de empezar a dar consejos para solucionar sus problemas.

Si tuviésemos que resumir el proceso en tres pasos serían los siguientes:

1) Visualizar la emoción

En primer lugar tenemos que olvidar el problema o cuestión que conlleva la situación y visualizar la emoción. Una persona puede venir a contarnos algo en un tono neutro o sin emoción… en este caso no tiene ningún sentido empatizar, pero en otras ocasiones las palabras o acciones pueden estar mediadas por esa emoción. Las claves para detectar esta emoción las podemos detectar en el lenguaje no verbal o paraverbal. Imaginemos que un amigo viene a hablar con nosotros y nos saluda con desgana, su tono de voz es bajo y monocorde con respecto a lo que estamos acostumbrados en él, se muestra cabizbajo y algo encogido, habla muy despacio y tarda en reaccionar a lo que le decimos... ¿sospecháis alguna emoción? Efectivamente, esta persona parece triste.

2) Recoger la emoción

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El siguiente paso está en recoger esa emoción. Ya nos hemos dado cuenta de que viene triste y decaído y por tanto nosotros vamos a adoptar nuestra postura y gesto a él. Nuestro rostro, actitud corporal, tono de voz,  velocidad… van a adaptarse como si fuésemos un espejo, hasta que la emoción vaya estabilizándose. En este paso no vamos a dar consejos ni a interrumpir, solo escuchar con atención lo que cuenta y a su emoción.

3) Reflejar y sincronizar la emoción

Por último, en el transcurso de la conversación le mostraremos el reflejo de ese espejo a través de expresiones empáticas como “entiendo…”, “lo lamento mucho…”, “entiendo que estés triste”,“noto que esto te es doloroso”…

¡¡MUCHO ÁNIMO Y A PRACTICAR!!

Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece