Los vínculos y los educadores

maxresdefault.jpg

Durante estos últimos meses, he tenido la desagradable experiencia de vivir dos pérdidas, muy diferentes, pero con cosas en común. La madre de un buen amigo, y una maestra que fue muy importante en nuestra infancia.  Ambas eran dos personas muy queridas en su tierra, y aquello se vio claramente por la forma en que reaccionaron todos los vecinos y conocidos.

Llamó mucho la atención, la cantidad de gente que se trasladó al funeral de nuestra maestra de primaria. Gente de todos los cursos que la habíamos tenido muchos años atrás, salieron ese fin de semana de sus ciudades (algunas extranjeras) para poder despedirse de ella y decirle adiós. Esto me ha hecho pensar mucho sobre la educación y los vínculos, y la importancia que tiene el tener un buen maestro o una buena maestra durante tu etapa de formación.

Actualmente estamos trabajando en centros educativos, y vemos la gran relevancia que tiene este tipo de figura en el desarrollo, no solo intelectual, sino afectivo del alumnado que participa en las clases. Nuestra maestra nos hacía sentir tremendamente queridos e importantes, sabía sacar lo positivo que teníamos cada uno de nosotros, y nos enseñó a querernos a nosotros mismos, pero a querernos bien. Fueron años geniales, en tercero y cuarto de primaria, y llegamos incluso a buscar al director de nuestro centro, para pedirle que se quedara en nuestra clase muchos años más.

El vínculo que consiguió crear esta mujer con los alumnos, ha hecho que ninguno la olvidemos, y tengamos un recuerdo genial de esta etapa de nuestra infancia. ¿Acaso es esto menos importante que sacar buenas notas?, ¿qué beneficios consideráis que se pueden conseguir en el futuro cuando te has sentido valorado, querido y feliz en el colegio?

Aprendamos pues, a transmitir a los niños que se les quiere, y que podemos ser vínculos sanos para ellos, pero sin caer en la sobreprotección, dotándolos así de una autoestima sana, para que sepan sus fortalezas y mejoren sus debilidades. Si logramos crear ese lazo, jamás nos olvidarán.

Todo eso que ella nos ha dado, se ha visto representado en esos días tan tristes, pero emocionantes a la vez, aunque cada uno de los alumnos y alumnas que la hemos disfrutado, la llevamos dentro de nosotros, su recuerdo y su cariño.

Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece

Como ayudar a nuestros hijos para que se valoren como seres únicos

 

estimaestimulo-p.jpg

Nos diferencian las cosas que nos gustan y las que no. Los gustos van se van definiendo por las emociones que nos provocan las experiencias. Repetimos lo que nos gusta y evitamos o disminuimos el tiempo destinado a lo que no nos agrada. Buscamos estar con quien queremos e intentamos alejarnos de quien nos disgusta. Los niños y niñas van descubriendo qué les satisface y qué no, eligen entre una u otra actividad, entre esta o aquella persona, este juego u otro, y ello los define y los diferencia.

Podemos utilizar el tradicional “veo veo” para averiguar sus preferencias. Empezamos diciendo: “Veo veo…”, “¿Qué ves?...? A lo que nosotros respondemos: “una cosita que te gusta comer (jugar, escuchar, aprender, etc.). Del mismo modo, podemos decir: “Una cosita que no te gusta comer…”

No siempre actuamos por gusto. A veces las cosas requieren esfuerzo. Por ejemplo, para tirarse al agua hay que aprender a nadar y eso significa ir a clase de natación todas las semanas. Podemos ayudar al niño o la niña a diferenciar estos conceptos. Si escribimos un listado con lo que le gusta, lo que le disgusta y lo que le cuesta, podemos premiarle con algo que le agrada cuando haga el esfuerzo de realizar lo que le cuesta (un halago, un privilegio, comer su merienda favorita…).

La valía depende en gran medida de lo que reconocemos que sabemos hacer. En el caso de los niños y niñas, el reconocimiento de sus logros es fundamental para animarles a aceptar nuevos retos y a que los afronten con confianza en sus capacidades.

El autoconocimiento lleva conocimiento de los demás, conduce a comprenderlos e inicia el desarrollo de la empatía.

¿Cómo podemos aprovechar las situaciones cotidianas para enseñarles este autoconocimiento?

desarrollar-autoestima-en-niños.jpg
  1. Durante la comida, un paseo o una circunstancia que provoque emociones, preguntemos a nuestro hijo o hija por qué le asusta, se ríe o se enfada.

  2. Ante una pelea entre amigos/as o hermanos/as , una película donde el protagonista manifieste una emoción, un momento en el que estemos enfadados o una contrariedad que suponga la expresión de rabia del niño o niña, aprovechemos para que profundice en su conocimiento y en el de los demás.

  3. Podemos hacer un relato, y al final, animar a nuestro hijo o hija a que cuente cómo se sienten los protagonistas.

  4. Jugar con sus muñecos y simular situaciones donde se provoquen emociones a través de los distintos roles y personajes.

  5. Hacer roleplaying con situaciones reales o ficticias donde vayamos rotando en los distintos personajes e ir preguntándoles cómo se sienten en cada uno de ellos.

  6. Usar fotos con caras que expresen emociones y pedirle que las imite o hacer con él un dado con las palabras “triste, alegre, enfadado, vergonzoso, feliz, asustado, etc.” Al tirarlo tendrá que poner la expresión que corresponda

En futuros post seguiremos profundizando en la importancia del autoconocimiento para el desarrollo personal y social en nuestros hijos e hijas.

Susana Paniagua Díaz

Psicóloga, coach y formadora

Grupo Crece

8 Trucos para estimular a los bebés desde el nacimiento

bebe.jpg

Los niños están llenos de capacidades en potencia que tienen que desarrollarse en un momento determinado. Cuando estamos con nuestros hijos e hijas podemos simplemente dejar pasar el tiempo o estimular sus capacidades. Proponemos la segunda opción, y vamos a explicar cómo hacerlo a través de rutinas o mediante actividades lúdicas.

Cuando los padres y madres de plantean estimular a sus hijos e hijas han de saber, en primer lugar,  que lo que hagan será decisivo para su desarrollo. Tienen que seguir sus pautas evolutivas, y para ello, aunque la edad les servirá de guía, hay que tener en cuenta que cada  niño es diferente.

A la hora de estimularle, no se trata de dominarle sino de trabajar y jugar sin imponerse. Le estamos dando su tiempo, que es distinto al nuestro.

Se trata de ser creativos e utilizar la imaginación. Cuando padres y madres disfrutan con sus hijos e hijas, y les resulta divertido y placentero, seguro que están alcanzando el objetivo.

¿Qué materiales se pueden usar para estimular?

La voz, el canto, el baile y los movimientos…nuestros propios recursos. Cuando usamos estos materiales estamos en contacto íntimo con nuestro bebé y le proporcionamos seguridad emocional.

El niño o niña es muy sensible a:

  • Los diferentes tonos de voz: alegre, triste, firme…
  • Nuestras manifestaciones de cariño: sonrisas, risas, besos, caricias, abrazos…
  • Las diferentes expresiones faciales: muecas, gestos…
  • La música.
  • La expresión corporal, el baile y los movimientos.

¿Qué juegos o ejercicios pueden facilitar las capacidades de nuestro bebé?

El  paseo: cada vez que sacamos a pasear a nuestro bebé le estamos ofreciendo una gran variedad de experiencias nuevas. Sonidos, colores olores, la calle con personas y objetos en movimiento, gente que pasa y le sonríe, los niños que se acercan, animales, árboles, etc. Aparte de la estimulación sensorial que recibe (visual, auditiva, olfativa, térmica…) en el paseo se desarrollan sus relaciones sociales (vecinos, amigas, dependiente de la tienda), todos le saludan, le hablan, le llaman por su nombre…

  • El baño: es una situación  ideal para jugar, tocarle, acariciarle, cantarle, masajearle, etc. Es un momento muy placentero y divertido para ambos. También se trata de una actividad idónea para conocer y nombrar las partes de su cuerpo.
  • La natación: los niños y niñas pueden aprender a nadar muy pronto. El líquido es su medio natural hasta el nacimiento y, en cuanto se familiaricen con el agua, disfrutarán mucho. El contacto con el agua debe ser paulatino. Si estamos en la playa, es aconsejable que primero juegue con la pala y el cubo en la orilla, sin insistir ni forzarle. Otro día podemos entrar en el agua con él en brazos, así paulatinamente. Aprovechemos los cursos de natación para bebés y apuntémonos con él.
  • En la comida: mientras se alimenta, le estimulamos con nuestra voz, le hablamos con diferentes tonos, le cantamos. Más adelante, al introducir en su dieta nuevos alimentos se los  nombramos: “Mmmmm…. Qué rico el plátano! Está dulce…”. Dejemos que meta las manos en el plato, que se lleve el alimento a la boca, ya usará la cuchara más adelante.
  • A la hora de vestirle: nombrarle la ropa y para qué sirve, dónde se pone, en qué parte del cuerpo, que toque las texturas… Enseñarle a vestirle requiere tiempo y paciencia pero no hay que dejar de estimularle desde muy pequeño. En cuanto sea posible hay que procurarle autonomía y dejarle practicar.
  • Cambio de pañales: Otro de los momentos que podemos convertirlo en actividad lúdica. Mientras se le desnuda y se le limpia, se le puede hablar y cantar. También podemos nombrarle las partes de su cuerpo. Antes de colocarle el pañal nuevo le damos masajes en las piernas y en la tripita. Podemos colgar un móvil encima del cambiador y ofrecerle algún juguete para que se entretenga.
  • A la hora de dormir: al llevarle a la cuna le cantamos nanas en voz baja o le contamos un cuento.  Algunos niños prefieren dormir abrazados a un juguete, peluche o almohadita, estos objetos les hace sentirse más seguros.
  • En su habitación: No sobrecargarla de peluches y adornos, esto es contraproducente ya que provoca un exceso de estimulación.  Intentemos decorar con pocas cosas y siempre con lo adecuado para su edad. Cada cierto tiempo se puede variar algo en la decoración y poner al alcance del niño (de su vista y de su mano), de nuevo un juguete adecuado a su nivel de desarrollo. Podemos colgar algún cuadro a la altura del campo de visión del niño, así como paneles de corcho donde pueda poner láminas de cuentos fotografías o dibujos.

En resumen: al estimular, los padres y madres establecen un vínculo emocional con el niño o niña que beneficia a las dos partes, así van conociéndose mejor. El niño o niña a su vez, va adquiriendo las distintas capacidades cognitivas, motoras, emocionales y sociales.

Susana Paniagua

Psicóloga

Grupo Crece

¿Por qué es tan importante el hábito de estudio?

habito student-girl-studying-at-school-s.jpg

Un buen hábito de estudio genera mayores posibilidades de eficacia y rendimiento y permite asimilar más conocimientos con menor esfuerzo y menos tiempo. El estudio ayuda a los niños y niñas en su desarrollo cognitivo, en la solución de problemas, en el autocontrol, en la disciplina, en la constancia y en la consecución de objetivos y metas a corto y a largo plazo. Además cuando aprenden a ser más eficaces a la hora de asimilar nuevos aprendizajes, se sienten más confiados/as  en sus capacidades.

Los padres y madres deben facilitar el desarrollo de hábitos de estudio adecuados en sus hijos e hijas proporcionando para ello ciertas condiciones ambientales y educativas.

¿Por qué es importante el hábito de estudio?

- La adquisición de este hábito le ayudará a hacer del estudio una actividad diaria e ineludible.

- Asimismo, se sentirán más seguros/as en relación con los estudios y confiados/as en sus capacidades para superar las diferentes pruebas escolares.

- El estudio es fundamental para el aprendizaje de los niños y niñas puesto que les dota de los conocimientos necesarios para enfrentarse en el día a día y a su futuro laboral.

- También les ayuda a desarrollar sus capacidades lingüísticas y cognitivas tales como la atención y la memoria. Es igualmente importante para la maduración personal, social e intelectual.

- El hábito de estudio aumenta las posibilidades de conseguir un alto rendimiento escolar.

- Implica constancia y perseverancia, factores fundamentales para el éxito laboral y personal.

- Los  niños y niñas con buenos hábitos de estudio serán más capaces de adaptarse y desarrollar con éxito las labores que desempeñarán en sus puestos de trabajo.

Tenemos que ayudar a los niños y niñas a desarrollar su motivación hacia los estudios. Han de comprender que aunque las ventajas a corto plazo son escasas para ellos ya que sólo encuentran inconvenientes (el aburrimiento que les provoca hacer los deberes, el número de horas que podrían dedicar a jugar, etc.), es importante explicarles que estudiar tiene más beneficios que no hacerlo, lo fundamental es que encuentren su motivación hacia los estudios:

- “Todo el mundo lo hace y yo no voy a ser menos”

- “Porque me gustaría trabajar de…”

-“Porque me siento útil”

-“Para sacar buenas notas”

-“Para ser más listo…”

habitodeestudionino-p.jpg

El hábito de estudio es una rutina y como tal debe llevarse a cabo siempre en el  mismo lugar, a la misma hora y de la misma manera porque eso le ayudará a desarrollar posteriormente otro tipo de hábitos. Se establece a fuerza de repetirlo, no es necesario que los niños y niñas tengan deberes, lo ideal es que desde pequeños/as se habitúen a estar concentrados/as en una tarea durante un rato. De esta manera, podrá conseguir más concentración durante periodos largos de tiempo cuando sea más mayor, algo imprescindible para los estudios más avanzados (universitarios, másters, oposiciones, módulos, etc.).

Susana Paniagua

Psicóloga

Grupo Crece

Conseguir hijos independientes: La trampa del "corto plazo" en la educación de nuestr@s hij@s

art3.jpg

Los niños y niñas son y necesitan ser “demandantes”. Sin duda, nuestros hijos nos necesitan y demandan nuestra atención para una gran cantidad de cuestiones de su día a día. Y una de nuestras funciones como madres y padres es precisamente responder a esas necesidades. La pregunta es: “¿Estamos respondiendo de una manera adecuada a las demandas de nuestros hijos?”

Las necesidades de los niños y niñas son muy variadas y dependen de la edad, el carácter y la educación de cada uno. Eso quiere decir que, en realidad, las necesidades son, y deben ser, variables, y acordes a las capacidades de nuestros peques.

Sin embargo, en el día a día, nos encontramos con niños y niñas en los que se observa un desajuste entre las capacidades o la edad que tienen y las necesidades que manifiestan. En muchas ocasiones, el origen de esta situación está en la llamada“trampa del corto plazo”.

Pero ¿qué es la trampa del corto plazo?

Pongamos un par de ejemplos prácticos:

1. Juan, de seis años, tira su vaso de la merienda, derramando todo el batido sobre la encimera de la cocina. Su padre, agotado y agobiado, decide limpiarlo mientras muestra su disgusto por el poco cuidado que muestra Juan. Tras limpiarlo, coloca un nuevo vaso sobre la encimera, lo llena de batido y le explica a Juan que no debe jugar mientras come para evitar así que el vaso vuelva a derramarse.

2. Mariana, de siete años, es una niña que suele acompañar a sus padres allá donde ellos van. Y siempre que está en un contexto en el que puede sentirse algo aburrida, los padres, rápidamente, hacen un gran despliegue de la tecnología que tienen a mano, y le ponen un capítulo (o varios) de su serie de dibujos favorita.

A corto plazo, el padre de Juan y los padres de Mariana consiguen solucionar la situación que se les presenta: el padre de Juan logra arreglar la cocina y que su hijo meriende; los padres de Mariana consiguen hacer gestiones o compartir tiempo con sus amistades acompañados por su hija. El problema en uno y otro caso es el desajuste que se produce, ya que los progenitores no son conscientes de las trampas en las que caemos cuando nos enfocamos en el corto plazo en la educación. Y es que, un día, los padres de Juan se sorprenderán diciendo que no tienen tiempo para nada, que están sobrepasados por las tareas de la casa, que tienen que prepararle la merienda a su hijo, hacerle la cama, prepararle la ropa para el día siguiente y hacerle la mochila del cole, entre otras miles de tareas.

Y otro día, los padres de Mariana se enfadarán cuando Mariana no conteste a algún comentario de alguna persona que se dirija a ella, mientras ella está absorta viendo un capítulo de su serie favorita o jugando a ese videojuego que le apasiona.

Si a Juan le dedicamos diez minutos para enseñarle a recoger el batido que ha derramado y a que se ponga él el nuevo vaso, a corto plazo perderemos algo más de tiempo y quizá tengamos a Juan esparciendo el batido por la cocina en lugar de limpiarlo; pero a largo plazo tendremos un hijo que no depende de nosotros y en el que podemos confiar para responsabilizarse de sus tareas. De igual manera, si dedicamos un tiempo a Mariana para que ella misma aprenda a buscar distintas maneras de entretenerse en diferentes contextos, tendremos a largo plazo una hija flexible y con capacidad de adaptación que no dependerá de que llevemos todos los dispositivos cargados y disponibles.

Cuando hablamos de educación, tenemos que ser conscientes de que nuestros hijos nos van a requerir inversiones de diferente índole. Y eso va a suponer que ampliemos nuestra perspectiva a largo plazo.

Entender que los niños viven en un proceso continuo y que lo que sean capaces de hacer en un futuro dependerá de las inversiones que hagamos en el presente nos protegerá de caer en la suculenta trampa del corto plazo.

Sara Ferro Martínez

Psicóloga educativa, familiar y de pareja

Grupo Crece

 

Cuando hablamos de educación, tenemos que ser conscientes de que nuestros hijos nos van a requerir inversiones de diferente índole. Y eso va a suponer que ampliemos nuestra perspectiva a largo plazo.

Entender que los niños viven en un proceso continuo y que lo que sean capaces de hacer en un futuro dependerá de las inversiones que hagamos en el presente nos protegerá de caer en la suculenta trampa del corto plazo.