Hacer o recibir críticas: una expresión con mala fama (parte 2)

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En el anterior artículo explicamos el concepto adecuado de crítica y enumeramos los primeros pasos para realizarla correctamente. Os recordamos:

1)      Describir el hecho, conducta o situación de forma objetiva, sin atacar.

2)      Expresar como nos hace sentir esta situación con los mensajes del YO y lenguaje emocional.

3)      Empatizar con la otra persona.

4)      Expresar el deseo de solución, incluyéndonos como motivadores de cambio.

http://www.grupocrece.es/blog/Psicolog%C3%ADahacer-o-recibir-crticas-una-expresin-con-mala-fama

En el artículo de hoy, finalizaremos con los últimos pasos para que la crítica quede completa.

 

5)      Pedir posibles soluciones a la otra persona o personas.

Durante este paso, lo que haremos será preguntarle a la otra persona que posibles soluciones entiende que ayudarían a mejorar o resolver la situación. Es importante empezar por aquí, ya que, con mucha frecuencia, tendemos a imponer o marcar nuestras propias medidas para que se produzcan los cambios sin tener en cuenta al otro. De esta manera, al invitar al otro a esta reflexión, eliminamos esta opción de parecer imperativos o transmitir la sensación de ser los únicos que conocemos cómo arreglar el asunto.

Ejemplo adecuado: “Me gustaría mucho saber como se te ocurre a ti que podríamos resolver esta cuestión”.

Ejemplo inadecuado: “Quiero que dejes de tener estos comportamientos, porque así no vamos a ninguna parte”.

 

6)      Ofrecer las propias soluciones.

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Ahora sí. En este punto, y una vez escuchado lo que la otra persona nos ha expuesto, podemos ofrecer nuestras soluciones, sin menospreciar las otras, tratando de argumentarlas y expresándolas también desde los mensajes del yo.

Ejemplo adecuado: “Después de escuchar lo que tu has dicho, a mi también se me ha ocurrido que podíamos repartir el trabajo de una manera diferente, y cuando ocurran estas situaciones comentarnos antes los problemas o mandarnos un email. Así el trabajo se agilizaría y sería menos probable que se produjeran malentendidos”.

Ejemplo inadecuado: “Yo creo que eso no sirve para nada, lo que hay que hacer es…”

 

7)      Negociar si es necesario y generar un compromiso.

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Este punto es fundamental, ya que la crítica puede quedar en agua de borrajas si no se marca un compromiso común entra ambas partes, y todos los puntos anteriores no tener ninguna utilidad. En algunas ocasiones, es posible que ambas partes tengan posturas algo opuestas, y quizá sea necesario llegar a un acuerdo o negociación entre ambas. Primero tendríamos que valorar hasta que punto estamos dispuestos a negociar, cual es nuestro objetivo y nuestra posición en este asunto. Explicitar de nuevo el acuerdo ayuda a recordarlo y comprobar si se ha entendido bien. Si la situación lo requiere, también puede ser interesante marcarse plazos o intervalos de tiempo.

Ejemplo adecuado: “Tu propuesta de escribirnos me ha gustado, y creo que a ella podríamos incorporar lo del reparto, yo estoy dispuesto a ceder estos días con estas labores y luego repartir de nuevo. Entonces, ¿te parece bien que ambos nos comprometamos a hacer esto durante este mes”.

Ejemplo inadecuado: “Vale, pues ya está, espero que vaya bien”.

 

8)      Anticipar consecuencias, tanto negativas como positivas.

¡Ojo! Este punto puede entenderse mal si lo convertimos en amenaza o lo damos a entender. El objetivo de esta parte de la crítica es hacer ver de nuevo las consecuencias que puede tener llegar al acuerdo o no llegar. Siempre deben expresarse desde el yo y puede ayudar el lenguaje emocional como en los ejemplos que pondremos a continuación.

Ejemplo adecuado: “Si conseguimos hacerlo así los dos, creo que nuestro trabajo será más efectivo y estaremos mucho más cómodos. Pero si lo dejamos pasar y continuamos así, probablemente el problema se enquiste, habrán malentendidos y nos sentiremos desmotivados y frustrados”.

Ejemplo inadecuado: “Mas vale que empecemos a cambiar, porque no se hasta donde vamos a llegar con este problema y no quiero más conflictos”.

 

9)      Paso final. Refuerzo, agradecimiento y cierre.

Es un paso de cierre para terminar con algo positivo el encuentro y motivar al acuerdo. Permite salir con buen sabor de boca y dar a entender que se ha dado un paso en algo que a veces parece difícil exponer.

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Ejemplo adecuado: “Te agradezco mucho este tiempo, estoy contento de que hayamos resuelto la situación”.

Ejemplo inadecuado: “Bien, pues como ya está hablado me voy, adiós”.

Antes de finalizar, y a parte de animaros a practicar, os señalo que dedicar un poquito de tiempo previo a preparar la crítica siempre es positivo, no es indispensable seguir los pasos tal cuál al pie de la letra, cada cual tenemos nuestro estilo. Si en un principio no os sale como esperabais, olvidáis algo importante o no tiene el efecto que deseáis. ¡No os desaniméis! Con la práctica se va perfeccionando y se consiguen cambios muy positivos.

 

¡A PRACTICAR Y FELIZ SEMANA!

 Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece

 

La opinión de los demás importa demasiado

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Usted siempre es valioso, no porque alguien lo diga,

 no porque usted es exitoso,

no porque usted gana mucho dinero,

sino porque usted decide creerlo por ninguna razón". Wayne Dyer.

 

Para el ser humano es una motivación básica ser valorado y estimado, ser aceptado. Necesitamos el reconocimiento de que nuestra identidad ( lo que decimos, lo que pensamos y hacemos) tiene un valor y de que nos hace únicos y diferentes

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Ahora bien, una cosa es que te afecte algo y otra que te paralice completamente.

Es como si hubiera dos sintonías en nuestra vida: la de los otros , con sus juicios, deseos, alabanzas y consejos; la nuestra propia, con nuestros juicios, deseos, alabanzas y consejos.

Pero la sintonía de los otros está a un mayor volumen, por lo que silencia la nuestra. La nuestra queda relegada a un simple hilillo de voz al que no damos valor ni fuerza para sonar.

Sintonizar únicamente con lo que los demás piensan de ti puede llevarte a no vivir la vida que quieres vivir, a ignorar tus deseos y necesidades, pues serán los deseos y necesidades de los demás los que gobiernen tu vida.

¿ Cómo puedo manejar esto?

Bueno, esto no es fácil, porque siempre habrá otros que opinen sobre ti. Por lo que en principio el objetivo irá encaminado a empoderar ( dar volumen a ) tu sintonía propia y no tanto el acallar la de los demás.

1. ¿ Sabes cuál es tu sintonía? ¿ La has escuchado alguna vez?

Lo primero de todo es empezar a escucharte, porque quizás nunca te hayas preguntado qué quieres tú. Cada vez que el otro emita una opinión, consejo, crítica o algo que veas que te afecte, pon el foco en ti y pregúntate ¿qué quiero yo? La respuesta no tiene por qué ser rápida, instantánea. Quizás necesites tiempo para dar con ella, pero el primer paso es empezar a buscarla.

Cuando estás convencida de que haces lo que de verdad quieres no dejas que las críticas de los demás te paren.

2. Cada sintonía tiene su historia.

La sintonía del otro es resultado de la experiencia del otro, de su historia de vida, de sus aprendizajes, de sus fracasaos, de sus éxitos, de sus circunstancias. Es su sintonía y es la que le ha llevado a donde se encuentra. No tiene por qué ser válida para ti, para tu historia, para tus circunstancias. Tu historia y tus circunstancias son únicas.

Escucha a alguien que tenga experiencia en tu situación o en ti ( que conozca tu manera de sentir, pensar y hacer de forma habitual). No es necesario que nunca escuches a otros que no sepan de lo tuyo, siempre está bien tener en cuenta las ideas de personas de otros campos porque te pueden abrir los ojos a ciertas cosas que no habías considerado. Eso es una cosa y otra dejar que una persona ajena a tu historia  te diga que haces bien o mal.

3. Aléjate de personas que sólo saben malmeter y criticar.

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Una cosa es la crítica constructiva, que te ayuda a crecer y mejorar (aunque duela un poco), y otra la crítica descarnada y con mala idea. Aléjate de ese tipo de personas y rodéate de gente que te apoye y te anime, que no quiere decir que te den siempre la razón, pero que al menos te apoyen.

Si siempre te adaptas a los deseos de otros, nunca vas a conocer los propios y, probablemente, alejes más gente de la que atraiga.

Raquel Ibáñez Ortego

Psicóloga

Grupo Crece

9 Tips sencillos para transmitir seguridad y firmeza en nuestra comunicación no verbal

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En nuestro anterior artículo "8 claves para transmitir cercanía y calidez con el cuerpo", justificamos la importancia de los elementos no verbales y paraverbales para lograr generar ese efecto que tanto deseamos en los demás, ya sea en situaciones laborales o extralaborales. Podemos tener interés en transmitir cercanía y calidez a nuestro equipo de trabajo, si lo que buscamos es dar a entender que somos personas receptivas y que sabemos escuchar y hacer sentir cómodas a las personas que trabajan a nuestro cargo, favoreciendo así un clima de confianza. Esto también se puede generalizar a otras situaciones, como cuando conocemos gente nueva, o cuando nos interesa convencer o persuadir a alguien para cualquier cuestión. O simplemente si estamos valorando que somos personas quizá algo más cerradas, o demasiado serias, y entre nuestros intereses está que los demás se acerquen a nosotros.

En el artículo de hoy, hablamos de otro registro, la seguridad y la firmeza. Y para ello vamos a explicaros las claves más importantes para sacar el máximo partido a nuestro cuerpo y a nuestra voz.

Os recordamos también, como hicimos en el artículo anterior, que el porcentaje más elevado de lo que transmitimos a los demás, se realiza a través del cuerpo y la voz, y que por tanto, es completamente desaconsejable no tener en cuenta estas variables a la hora de encarar nuestro objetivo.

Al igual que ocurre con la cercanía o la calidez, el registro de seguridad y firmeza es fundamental para transmitir a los demás cuestiones tan importantes como los límites, el mantenimiento de nuestra postura ante una idea o decisión tomada, y la expresión de una necesidad o petición. Como imaginaréis, se trata de una actitud más seria y contundente que la anterior, pero eso no hace necesariamente que se produzcan unas diferencias excesivas entre un registro y el otro como pasamos a describir a continuación:

1. Sonrisa intercalada con otros gestos, incluso en momentos de conflicto.

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Pese a lo que intuitivamente puede parecer paradójico, la sonrisa está relacionada también con la firmeza, y, utilizarla en estas situaciones no tiene por qué ser sinónimo de actitudes poco serias o desenfadadas. Es un reforzador social y regula las interacciones, reduciendo las probabilidades de conflicto.

2. Mirar a menudo, de forma directa y con la cabeza recta sin levantar la barbilla.

Al mirar a la persona, en mayor medida a los ojos, estamos dando a entender que no rehuimos el conflicto, ni tenemos de lo que escondernos, ya que tenemos una postura clara de lo que queremos transmitir. La cabeza ha de estar recta, ya que si se orienta hacia arriba puede transmitir sensación de prepotencia o superioridad, mientras que si la desplazamos hacia abajo, lo que transmitiremos serán inseguridades, dudas o inhibición.

3. Gestos de seguridad tendiendo a la simetría y contundencia, combinados con gestos asimétricos y ondulantes.

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Como vimos anteriormente, la calidez es más asimétrica, estamos transmitiendo que somos flexibles, que nos adaptamos y entendemos. Sin embargo la firmeza es más simétrica, debemos tender hacia una postura recta en la que nuestros brazos y piernas estén al mismo nivel, para transmitir esa contundencia. Sin embargo, no tenemos que transmitir rigidez, y por ello se pueden combinar los gestos simétricos con los asimétricos. Cuando quiero marcar un límite diciendo que no, mi cuerpo estará recto y mis gestos serán firmes (como por ejemplo haciendo una cruz con los brazos y negando con la cabeza), pero eso no será incompatible con una postura más abierta, con movimientos más ondulantes cuando esté explicando mis motivos (de forma clara y concisa).

 

4. Utilizar posturas abiertas y mover las manos, siendo expresivos con el cuerpo.

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Ya indicamos que la firmeza y la contundencia no son sinónimos de rigidez. Nuestra postura debe ser abierta, intentando evitar que brazos y piernas estén en exceso cruzados (manifestando postura cerrada).  Moviendo las manos damos a entender que nuestro cuerpo acompaña a lo que decimos con naturalidad. Estamos abiertos a la comunicación, aunque nuestra postura sea firme y clara.

5. Orientarse y acercarse al otro, no retirarse hacia atrás.

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Es importante que nos orientemos a la persona o grupo a la que nos dirigimos, abarcando con nuestro cuerpo, y tender a acercarnos, nunca alejarnos. Así daremos la impresión de que no reculamos en nuestra postura ni tememos afrontar la crítica o la petición de cara.

 

6. Inflexiones y juego vocal, sonidos contundentes.

Este aspecto se refiere a la voz. El volumen debe ser audible, ni excesivamente alto ni bajo, con una buena articulación para su comprensión, enfatizando y remarcando la parte en la que marcamos el límite o el no, y con una velocidad adecuada, porque al hablar demasiado rápido, podemos transmitir nerviosismo o ansiedad. Para transmitir contundencia debemos pasar de lo agudo a lo grave, sobre todo cuando remarquemos el mensaje que queramos transmitir (lo siento... pero NO).

7. Contacto físico natural adaptado a las situaciones.

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Utilizar siempre con precaución, ya que hay personas que reaccionan de forma muy diferente ante el contacto físico. Mejor utilizar si sabemos que la persona reacciona bien, si desconocemos a la persona evitarlo o tantear.

8. Coherencia entre lo verbal y lo no verbal y coherencia entre los diferentes elementos no verbales.

Es fundamental que el mensaje que transmitimos verbalmente sea acorde con el mensaje no verbal y paraverbal. No podemos asegurar que tenemos una postura firme y clara ante una cuestión, y elevar los hombros al mismo tiempo (lo cual denota dudas o indiferencia).

9. Evitar automanipulaciones o movimientos nerviosos.

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Transmite ansiedad, incomodidad o dudas, y no queremos transmitir esto ante la audiencia o los interlocutores. Para ello podemos ayudarnos de una respiración tranquila y pausada. Algunos de los movimientos nerviosos más famosos son comernos las uñas, rascarnos la espalda, arreglarnos la ropa, balancearnos, tocarnos la nariz, frotar las manos,

Esperamos que estas 9 claves os ayuden a preparar situaciones donde queráis mostrar esa seguridad, contundencia y firmeza. Es solo cuestión de prepararlo bien, observaros... ¡y a practicar!

Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece

 

Tengo pendiente una conversación difícil: ¿cómo prepararla?

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Todos nos enfrentamos de vez en cuando a una conversación difícil. En este post y sucesivos os vamos a ofrecer algunos consejos para preparar este tipo de vconversaciones. Estos consejos, puedes aplicarlos independientemente de si se trata de una conversación laboral o personal. Algunos expertos recomiendan al menos un minuto de preparación por cada minuto de conversación. Prepararse tiene sentido cuando vamos a mantener esa conversación que nos inquieta o cuyo resultado es significativo de algún modo.

Los pasos serían los siguientes y en el este post vamos a hablar del primero:

1) Analiza tu propia historia interna sobre la conversación

2) Define claramente cuál es tu objetivo para esa conversación

3) Ten claro previamente lo que te gustaría que la persona hiciera de manera específica

4) Prepárate a nivel emocional

5) Trata de anticiparte a las posibles reacciones de la persona con la que hablarás

6) Piensa en fundamentos sólidos en los que vas a basar tus argumentos

7) Planifica tu enfoque

8) Selecciona un contexto y lugar adecuado para abordarla

Analiza tu propia historia:

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Pasamos a desarrollar este primer paso. Consiste en que tomes conciencia de lo que te dices a ti mismo sobre esta historia o cuestión. Implica alguna crítica sobre nuestro modo de ver la realidad del problema, esto es, nuestra percepción subjetiva. Para que este paso sea útil, te recomiendo que busques algún lugar para escribir (ya sea por ordenador o con papel y lápiz) y te propongo que te conteste las siguientes preguntas:

  • ¿Qué es lo que me da miedo de esta conversación y en qué fundamentos lo apoyo? ¿Qué dice de mi ese temor?
  • ¿Hasta qué punto me está aportando mantenerme así y en qué me perjudica? ¿Qué dice esto de mi?
  • ¿Qué sería lo peor que me podría ocurrir si se produjera todo aquello que temo? ¿Y qué otras opciones podrían ocurrir?
  • ¿Qué consecuencias beneficiosas me aportaría a mí y a la otra persona esta conversación?

Las siguientes preguntas sirven para saber cómo vas a encarar la conversación a nivel personal, en lo referente a mi disposición y mis miedos. No obstante también existen técnicas o preguntas para analizar introspectivamente, como entendemos los hechos acaecidos y que nos llevan a esta conversación:

  • ¿De qué forma interpreto lo que ha ocurrido?, ¿de cuántas otras formas o qué perspectivas imagino que tendrán los demás al respecto de esta situación?, ¿pueden aportarme algo?...

Un ejercicio interesante que te proponemos para analizar los diferentes enfoques y ser capaz de ponernos en otras perspectivas es el juego de las sillas. El juego consiste en lo siguiente:

Vamos a buscar varios asientos en nuestro lugar de preparación, los cuales serán correspondidos a la cantidad de personas que estén implicadas en el asunto o les afecte, y por tanto, cada silla representará a una de estas personas.  El ejercicio consistirá en obligarte, cada vez que te sientes en una de las sillas, en analizar desde esa perspectiva el conflicto o las motivaciones de esa persona, así como su punto de vista sobre lo que está sucediendo.  Una vez se haya realizado, cogeremos una tercera silla, llamada la silla del observador externo. Esta se colocará alejada del resto, y una vez te sientes en ella, deberás analizar la situación que está aconteciendo como si fueses una persona totalmente externa que observa lo que ocurre desde una perspectiva ajena y totalmente neutral. ¿Cómo lo ve este espectador?.

Una vez hemos completado el juego, volveremos de nuevo a nuestro cuaderno, donde hemos anotado las respuestas a las preguntas anteriores y nos haremos las siguientes preguntas finales con respecto a la persona con la que tendremos que hablar:

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  • ¿Qué visión tengo yo mismo de esta persona?, ¿en qué lo fundamento?
  • ¿Hay personas que la ven de una manera diferente a mi?, ¿es posible que se me pase algún aspecto?
  • ¿Podría explicarse lo que ocurre desde la otra persona de una manera tan honesta o sensata como la mía?

Si has logrado realizar todos los pasos, seguramente hayas sacado algunos aspectos en claro que quizá en un principio desconocías y pasabas por alto.

En posteriores post analizaremos otros elementos relacionados con las conversaciones difíciles.

¡Ánimo con esa preparación!

Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece

¿Por qué es tan importante la habilidad para hablar en público?

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La habilidad para hablar en público es de las más complejas y difíciles de gestionar. Parece que hay personas especialmente dotadas para ello, que se manejan como pez en el agua cuando tienen que "soltar un speech" en público, sea dando un curso o conferencia, tomando la palabra en una reunión de trabajo o contando una anécdota en un grupo social o familiar.

Si somos de los que pensamos que “se nos da mal” esto de hablar en público, es muy posible que admiremos y nos maravillemos de este tipo de personas y sintamos que esto “no es para nosotros", "no hemos nacido con ese don”, “nosotros no seremos nunca capaces de conseguirlo”.

En realidad, no es así, las habilidades de oratoria y hablar en público se aprenden y cualquiera de nosotros puede hacer gala de poder disfrutar hablando en público, conmover, convencer o conseguir la atención de un auditorio, con sólo entrenarse y practicar el conjunto de habilidades y estrategias implicadas en una conducta, a priori, muy difícil. 

Además, es una conducta que si aprendemos a manejarla, nos va a aportar una mejor autoestima y una mayor seguridad en nosotros/as mismos/as. 

Hablar bien en público nos puede abrir muchas puertas. Desde un punto de vista profesional puede ayudar a:  aumentar las posibilidades en una entrevista laboral, conseguir mayor credibilidad y atención en las reuniones de trabajo, obtener mejores resultados en un examen u oposición, captar clientes para una empresa o proyecto, ganarme la confianza de mi equipo, liderar con más seguridad a un grupo de personas… Pero, también, en el terreno personal tiene grandes ventajas como facilitar sentirme más integrado/a en los grupos sociales o en el entorno familiar, conseguir que mis opiniones sean tomadas más en cuenta, ser percibido/a como una persona más interesante y segura de sí misma…

Cuando hablamos en público, ponemos sobre la mesa un gran abanico de competencias, desde cómo estructurar un discurso, a cómo expresarse con los gestos de la cara, las manos, el cuerpo o la voz. Todo ello implica un conjunto de habilidades verbales y no verbales que se pueden entrenar por separado de una manera sencilla.

¿Por qué se nos da mal hablar en público? ¿Por qué, incluso, hemos desarrollado miedo escénico o miedo a hablar en público?

Es muy posible, que en algún momento de nuestra vida, hayamos tenido una experiencia desagradable o traumática, donde quizá hubo personas que se burlaron o nos humillaron, sufrimos un bloqueo o una reacción de mucho nerviosismo, nos sometían a situaciones de mucha exigencia…. Entonces, nuestro organismo ha automatizado la respuesta de activación o tensión para protegernos (Cerebro reptiliano o emocional) y esta respuesta de alerta se generaliza a otros contextos de exponernos a un público aunque racionalmente (neocortex) nos parezca absurdo o no encontremos la relación.  

Puede ser también, que por las circunstancias de un entorno muy protector, exigente o que no nos haya ofrecido oportunidades de enfrentarnos a estas situaciones, no tengamos experiencia y práctica a la hora de comunicarnos y hablar en público y sintamos que no sabemos hacerlo.

La timidez, el miedo a exponernos al juicio de los demás, los bloqueos para mostrarnos espontáneos y tal como somos, también suelen estar en la base de nuestro miedo o dificultad para hablar en público.

Ante esto, las consecuencias de tener dificultades a la hora de enfrentarse a hablar en público son:

  • Si no podemos evitar enfrentarnos porque en nuestro trabajo es imprescindible, al no disponer de recursos de autogestión emocional ni herramientas verbales y no verbales, obtenemos un resultado negativo, nuestra autoestima baja y mantenemos o empeoramos el problema al largo plazo.
  • Si podemos, evitaremos exponernos a aquello que provoca malestar, con lo cual nunca podremos aprender o mejorar estas habilidades y darnos cuenta de que podemos hacerlo y podemos hacerlo bien y disfrutarlo.

Disfrutarlo, sí.

Cuando podemos ser nosotros mismos ante un auditorio o grupo de personas, gestionando nuestra ansiedad hasta el punto de poder bajarla al mínimo, mostrando naturalidad en nuestra comunicación no verbal, y pudiendo expresar nuestras ideas, obtenemos un gran refuerzo social y nuestra autoestima se refuerza muchísimo.

 

Hay ciertas claves a tener en cuenta a la hora de hablar en público:

1. Nuestro nivel de activación o ansiedad que nos puede hacer percibir la sensación de descontrol y de miedo al miedo o miedo a las señales de ansiedad: taquicardia, sudor, dificultad para respirar, bloqueo corporal, temblor en la voz o en el cuerpo. Pensar que los demás “lo pueden notar” nos hace estar muy indefensos y expuestos. Y centrar nuestra atención en la ansiedad favorece que la ansiedad se mantenga, ese comportamiento de hipervigilancia hace que nosotros mismo provoquemos que estas señales se mantengan e incluso que aumente su intensidad. Mantener a raya nuestro nivel de ansiedad y aprender estrategias como la respiración diafragmática o el control atencional para manejarlo, será imprescindible.

2. Las ideas que tenemos de nosotros/as mismos/as en ese momento, o antes o después de enfrentarnos al público: ideas, la mayoría de las veces, muy negativas e hiperexigentes y que ponen en duda nuestra valía personal. Tendemos a:  

  • Anticipar las consecuencias negativas “voy a hacer el ridículo”, evaluar de manera poco realista y muy negativa nuestras habilidades, “lo hago fatal”, o las situaciones, “nadie se está enterando de nada”.
  • Generalizar los errores o las dificultades, “no lo voy a conseguir nunca”, “todo lo hago mal”,
  • o focalizar la atención en un aspecto que no es tan relevante, “ya estoy de nuevo con los titubeos”.
  •  Marcarnos metas excesivamente elevadas sin tener en cuenta nuestro punto de partida a la hora de hablar en público: “tengo que hacerlo perfecto si no, no vale”
  •  Exagerar nuestros errores y no tener en cuenta nuestros logros: “se me ha olvidado hablar de…”
  •  Compararnos con otras personas de modo que nosotros/as siempre salimos perdiendo provocándonos una respuesta de inseguridad y desánimo: “no puedo competir con esta persona, lo hace y lo hará siempre mejor que yo”.

Desarrollar ideas más proactivas y constructivas y desbancar las ideas perjudiciales será una estrategia importante. Podemos usar autoistrucciones positivas como: “nadie lo nota más que yo” “voy a respirar” “me voy a centrar en la presentación”, “voy a mover las manos”, “estoy consiguiendo estar más calmado/a” “he conseguido avanzar en … desde la última vez”.

3. La conciencia de nuestros movimientos corporales, faciales y del uso de la voz, y el conocimiento que tengamos de los comportamientos no verbales adecuados en estas situaciones. Hay aspectos de la conducta no verbal y paralingüística que nos pueden dificultar la puesta en escena y otros que nos lo facilitan, favoreciendo que el mensaje llegue de manera más clara y contundente y consigamos nuestros objetivos en dicha comunicación, y lo más importante, vamos a conseguir contagiarnos de esa actitud no verbal y sentirnos más seguros/as. Es necesario un entrenamiento en estas competencias dirigido por un profesional.

4. La estructura de nuestro discurso y el uso del lenguaje verbal, así como los apoyos didácticos usados, que igualmente, puede facilitar o no que nuestro mensaje llegue al interlocutor. Podemos acudir a un profesional que nos oriente y corrija nuestras presentaciones.

5. La exposición progresiva a situaciones de hablar en público y la práctica son imprescindibles para descondicionar nuestra experiencia negativa y propiciar nuevas asociaciones positivas en el cerebro. Mientras más lo evitemos, más dificultades y más conflicto tendremos con esta habilidad.

Existe una gran oferta de cursos presenciales de oratoria, cursos para vencer el miedo escénico o cursos para hablar en público en Madrid y en el resto de España. Un buen curso es la opción más eficaz para superar nuestro nerviosismo y ansiedad en las presentaciones y mejorar considerablemente nuestras habilidades.


Raquel López Vergara

Psicóloga, coach y formadora

Grupo Crece 

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