El amor, ¿de quién depende?

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Si en algo coincidimos todos es en que el amor es difícil. Desde encontrar una persona que te genere ese nosequé que queseyo hasta mantener una relación duradera, hay una sucesión de pasos que hacen que concluyamos que esto del amor, es casi un milagro.

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Cierto es que, en este juego del amor, hay muchos factores incontrolables. No podemos controlar que las personas que encontramos en nuestro camino
cumplan con nuestros estándares, ni que  estén abiertos a emprender el camino de apertura y descubrimiento que implica el inicio de una relación, ni que busquen el mismo modelo de relación que nosotros y nosotras... Sin embargo, vivirlo desde una vision casi azarosa nos puede hacer tomar una
actitud de gran pasividad, que derive incluso en actitudes apáticas o
defensivas.

Pero, ¿donde estamos cada uno en todo esto? ¿Seguimos siendo la princesa a la espera de que el príncipe luche contra nuestros dragones para abrirle nuestro corazón? ¿Seguimos siendo ese príncipe a la espera de encontrar una princesa que se entregue plenamente después de proponernos un reto para sentirnos seguros? Sin duda, este planteamiento pasivo del amor nos traslada a lugares tan antiguos como peligrosos.

Necesitamos conquistar nuestro territorio, tomar nuestra parte de responsabilidad en cada uno de los pasos y ejercer nuestra parte de poder.


¿Estoy haciendo todo lo que está en mi mano hacer para conocer a personas?

¿Estoy favoreciendo que esta relación avance?

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¿Qué puedo hacer para que mejore esta crisis de pareja?

¿Tengo heridas que están influyendo en este campo y debería sanar?


Este enfoque nos permitirá dar luz a un mundo que en ocasiones nos confunde con sus sombras, nos hace sentir perdidos y nos llena de angustia. Tomar nuestra responsabilidad nos coloca en un rol activo, nos abre esperanza y una visión positiva, o, al menos, más poderosa.

Pero, ¿por qué nos cuesta tanto tomar nuestra parte de responsabilidad?

Históricamente, el amor se ha tratado de manera categórica, entendiendo que existe sólo una manera de amar, una manera de vivir el amor, como si fuese una calle de sentido único. Esto nos lleva a esa actitud de dejarnos llevar, sintiendo que en ese carril habrá giros a la izquierda y la derecha que, suponemos, forman parte del camino. Nos lleva a vivir esos giros como inesperados, y a no saber cuándo se volverá a re alinear el camino.

Por eso, reconozcamos la complejidad de tan amplío tema, con todas sus matices, viendo las partes que no controlamos, pero sin perder de vista todos los campos en los que nuestra influencia va a tener un peso clave. Y una vez detectadas nuestras responsabilidades,  nuestro poder, ¿vas a renunciar a él?

Encontrar el justo lugar en la relación madre-hija (Parte III)

Convertirse en madre después de tu madre

Durante mucho tiempo la mujer parecía destinada a reproducir el modelo imperante cuyo destino era SER MADRE, sin plantearse si eso era lo que deseaba. En la actualidad se es libre de postergar o no la maternidad, y se debe ser libre para elegirla. NO se " nace madre" , sino que una se " hace madre".

Para qué esta elección sea lo más libre posible, es necesario que el deseo de un hijo no se base en una compensación, que no sea el resultado de una influencia familiar o de una clonación. Es conveniente que la mujer que quiere ser madre se desarrolle como persona y no se lancé desesperadamente hacia la maternidad

Algunas reflexiones para aquellas que desean ser madres y viven con dificultad su relación madre-hija...aunque siempre teniendo en cuenta que NINGÚN PADRE-MADRE ES IDEAL:

Imagen: Gioia Albano

Imagen: Gioia Albano

  • Parir no es hacer un regalo a la madre.
  • Dar a luz no es más que una realización entre otras.
  • Desear tener un niño surge de un deseo, o compartido en una pareja basada en el amor, o individual como un deseo real que no sustituye a nadie del entorno afectivo.
  • Dar a luz a una niña no sustituye el propio desarrollo.
  • No olvidar nunca la ecuación : mujer satisfecha= madre satisfecha= hijo satisfecho.
  • Educar a una niña no tiene el papel de reparación de la madre.
  • Una muchacha no es la imagen, el espejo, el reflejo de una misma.
  • Parir a una niña implica dejar que el padre desempeñe su papel para evitar la fusión ( también con niños, por supuesto).

En el momento de un embarazo deseado es importante volver a poner a la madre en un lugar más justo, en una relación más equilibrada, de adulto a adulto: una maternidad deseada debe ofrecer esa oportunidad de desprenderse del pasado. Exteriorizar sentimientos, equivocaciones e incomprensiones para que cada una encuentre su lugar. Esta situación pasará a veces por momentos difíciles, pero gracias a ello se podrá conseguir madurez y autonomía.

 

Ser abuela después de haber sido madre

Ser abuela hace que se vuelvan a cuestionar los fundamentos sobre los que se construyó el vínculo madre- hija. Es un buen momento para ambas para el acercamiento, intentando afrontar las dificultades del pasado.No ocuparse de los nietos por desear hacer de la etapa final de su vida un momento para el autodesarrollo es una manera de abandonar a su hija a través de su hijo. Si existe una ruptura con una madre y su joven hija que ha dado a luz, esta última puede sufrir una depresión. La presencia afectiva, la disponibilidad discreta, el apoyo y los consejos que no pretenden inmiscuirse son necesarios.

La abuela debe permanecer en su sitio, es importante que no sustituya a la madre ni ocupe su lugar. Su función no es educar, ni criar al niño, excepto en casos de fuerza mayor. No se impondrá en cuanto a la dirección que debe darse a la educación, a los valores que deben transmitirse. Toda tentativa de tomar el poder en cuanto educación, si no se solicitó, es intromisión. Sólo en caso de necesidad y de demanda expresa de la pareja podrá intervenir en paralelo.

Imagen:  Gioia Albano


Imagen: Gioia Albano

En la actualidad, numerosos abuelos ayudan a las madres/padres que trabajan a ocuparse de los niños. Sin embargo ayudar no significa sustituir. Deben respetarse las consignas educativas de los padres. También en la actualidad existen numerosas familias rotas en las que las abuelas tienen que tomar partido. Los nietos que tengan que vivir con un padrastro o madrastra podrán encontrar en su abuela una mano que les resulta familiar, una presencia fuerte y cariñosa. El peligro en estas situaciones es que la abuela tome partido en caso de separación difícil, criticando al padre o a la madre. El papel de la abuela en estos casos es la de ayudar a los nietos a que superen esta situación, explicándoles que su madre y su padre siempre les querrán. Podrá ofrecerse a escuchar las confidencias de sus nietos sin juzgar ni denunciar. Esta actitud es muy difícil por el dolor personal de la abuela, por las emociones negativas experimentadas ( ira, resentimiento, pena), pero éstas no deben ser proyectadas y no hacer de sus nietos un instrumento de venganza personal. Si esto es muy complicado quizás se pueda pedir ayuda a un psicoterapeuta. 

" Una abuela debe estar presente cuando se la necesita, y no estarlo cuando no se necesita" Françoise Dolto

Encontrar el justo lugar en la relación madre-hija (Parte II)

Algunos tipos de madres que dificultan la realización personal de las hijas:

Madres abandonadoras: 

La eterna MADRE llorona, quejica, que convierte a su hija en una enfermera, una sanadora a domicilio de sus eternas heridas. La vida ha hecho de ella una víctima. La muchacha se convierte en madre de su propia madre.
También encontramos en este apartado a la MADRE que abandona a su hija para desarrollar su vida personal y social, realizándose en sí misma y para sí misma sin importar a qué precio, y buscando el reconocimiento en sus éxitos y en la opinión de los demás. Con esto relega a su hija al fondo del cajón.

Las HIJAS de estas mujeres corren el riesgo de permanecer unidas a la nostalgia de lo que pudo haber sido y nunca fue. El triste deseo de la niña puede centrarse en la espera desesperada de un reconocimiento por parte de su mamá. Muchas hijas habrán jugado a ser la muchacha perfecta para sentirse por fin amadas.
Estas chicas, sin saberlo, esperarán de la vida, de su pareja y del trabajo aquella caricia materna que nunca obtuvo en su infancia. Realizará elecciones inestables, con parches, con el fin de compensar su inseguridad emocional.
Tanto en estas madres como en sus hijas es fundamental para liberar sus emociones negativas contenidas ( pena, ira y odio) que cada una trabaje ( terapéuticamente hablando) para aceptar hablar cara a cara con la otra.
Las hijas deben ser conscientes de que un día tendrán que ser capaces de hacer frente a su madre para expresar su resentimiento. 
Más tarde será imprescindible concienciarse de que una madre abandonadora NO lo fue forzosamente por falta de amor, sino que su AUSENCIA PSICOLÓGICA HABLA SOBRE UN PASADO DOLOROSO SOBRE EL QUE SE CONSTRUYÓ SU VIDA.
Al final del camino, el aprendizaje del perdón, siempre y cuando sea posible, permitirá estar en paz con una misma para poder evolucionar en el camino de la vida.

Santas madres

"A santa madre hijo perverso" Lacan.

Aquellas mujeres que llevan la maternidad a flor de piel. Es " demasiado madre", y ha dejado a la MUJER en una fase larvaria. No ha sido capaz de desarrollar una vida propia y lo compensa con el sentimiento de poder existir en algún lugar, eligiendo el de la maternidad. 
Cuida de sus hijos y es omnipotente. 
Se anticipa a los deseos de su hija, o no le permite tenerlos, le hace la vida más fácil y le da el biberón de por vida.
Son madres que desde el exterior se ven irreprochables, excelentes..." santas madres".
Hay que saber que una presencia abusiva no constituye una señal de amor, sino una intrusión invasora que no tiene en cuenta la voluntad del otro.
Su hija , sin autonomía, dependen de este cómodo lazó de apego; incluso les resulta más fácil succionar la leche materna que ganarse el pan con el sudor de su frente.
Una hija de una madre pegajosa lo tiene complicado...¿ cómo " decir No "a una madre tan cariñosa, tan presente...tan "santa madre"?
Ese es su objetivo, aprender a decir NO para encaminarse hacia ella misma, y trabajar para reconstruirse, de lo contrario es muy posible reproducir el esquema de la madre.

Madres que compensan con su hija una insatisfacción.

El objetivo inconsciente de estas madres es reparar un daño a través de su hija. También pueden intentar compensar una vida conyugal no satisfactoria. La única forma es realizarse a través de su hija, que corre el peligro de desarrollar un" falso YO", una personalidad alejada de su verdadero potencial.
Estas hijas tratan de responder punto por punto a las esperanzas de una madre. La hija deberá seguir no su propio sueño, sino los de su progenitora. Pondrá toda su energía en intentar no decepcionarla.
Esta relación está marcada por una gran violencia psicológica.
Por este motivo existe un odio contenido, una culpabilidad que compromete a someterse, a no ser una misma para no decepcionar a esa madre que tiene profundas insatisfacciones que deben cumplirse.
Finalmente la muchacha estalla y expresa a su manera, a través de la angustia, la depresión y la crisis lo que no pudo decirle con palabras a su madre.
Para liberarse es necesario ser consciente de la culpabilidad interiorizada que impide aprender a decir NO y deshacerse de ella. Hay que pasar por el dolor de la "traición"a la madre... Y aprender lentamente a observar de cara sus propios deseos.

La madre paradójica

Es una madre inconstante, que habla y dice lo contrario, que después de propinarte una bofetada te da un caramelo. En ella domina la ansiedad, que arroja sobre los otros. Es indecisa y cambia de rumbo constantemente. Se entromete en todo, , lo sabe todo acerca de cualquier cosa y es la reina de las certezas acerca de su hija.

Las hijas de estas madres requieren de malabarismos para " huir" de ellas. Aprender a quitarse el sentimiento de culpa hacia aquella que se queja por no ser correspondida, y construir una base de autoestima para atreverse a tomar sus propias decisiones.

Ver Parte I de este artículo

Raquel ibáñez Ortego

Psicóloga

Grupo Crece
 

Encontrar el justo lugar en la relación madre-hija (Parte I)

Toda madre juega un papel fundamental en la vida de su hija, y por una buena razón: se trata de la primera referencia femenina que ésta tiene. La relación que sucede entre ambas en ocasiones es ambivalente: una mezcla entre amor y odio donde a veces es difícil encontrar un lugar adecuado. 

La principal dificultad se puede resumir en las siguientes palabras de Erich Fromm: "La relación madre- hijo es paradójica y, en cierto sentido, trágica. Requiere el amor más intenso por parte de la madre, sin embargo, todo ese amor debe ayudar a que el niño crezca y se aleje poco a poco de ésta, hasta convertirse en un ser totalmente independiente".

¿ Dónde debe poner el límite una madre para que permita la autonomía e individuación de su hija?
¿ Dónde debe poner el límite la hija para que pueda expresar sus propios deseos y su identidad? 

Y ¿ cómo hacerlo sin sentir la culpabilidad de creer traicionar a la madre al seguir su propio camino? 

Como la madre es la primera que está cuando se crea esta relación, pondremos el foco de atención en ella y en su actitud en las dos etapas fundamentales del desarrollo vital de todo ser humano: la infancia y la adolescencia. Así mismo describiremos y analizaremos el perfil de algunas madres que pueden dificultar este dúo, las consecuencias de sus actos en sus hijas y algunas soluciones posibles para hallar ese justo lugar. Por último, se examinará la relación desde el punto de vista de la cadena generacional: como ser madre después de la propia madre y el papel de la madre convertida en abuela.

Infancia

Una de las dificultades entre madre e hija reside en que son del mismo sexo. En los primeros meses de vida, la madre debe poder proporcionar a su hija cuerpo, alma y corazón; a la vez, la madre debe mirarla, reconocerla, pero sin buscarse a ella misma en esta mirada, sin considerarla su reflejo.
La tentación de la confusión es muy fuerte si la madre no ha saldado sus cuentas con el pasado o si existen heridas emocionales no resueltas, puesto que tenderá a "mirarse" en su hija sin darle a ésta un lugar como una persona singular, diferente, y comenzará a proyectar en ella sus propias frustraciones y deseos.
Amar a la hija es aceptar poco a poco no continuar siendo un único cuerpo para ella, y dejar un lugar al padre o su sustituto. La actitud , las palabras y las acciones del padre o sustituto son lo que permitirán al bebé centrarse en otra cosa, en los demás, en el mundo.
Poco a poco, mientras la hija vaya creciendo, la madre debe ir haciéndole entender que son personas diferentes: por sus acciones, actividades personales, lucrativas o no, debe demostrar que no es sólo madre, que también existe fuera de esa función. En este sentido se trata de dos personas que deben vivir cada una su " deseo singular".
Si la madre sólo se siente realizada a través de la maternidad, la progenitora creará una dependencia y un sentimiento de culpabilidad en la hija si ésta empieza a mirar hacia otro lado para crecer.

Adolescencia

La adolescencia es un momento de metamorfosis y transformación fisiológica donde se despiertan y se comienzan a exteriorizar los posibles conflictos existentes. 
Uno de los posibles conflictos está relacionado con la competencia entre mujeres en cuanto a " lo femenino", aunque esas mujeres sean madre e hija. En este momento evolutivo es necesario que la madre acepte su edad sin rechazar el envejecimiento. Empezar a construir la diferenciación entre ambas es difícil si existe en la madre una voluntad de imitar a su hija en cuanto a la elección de su indumentaria, su manera de hablar, el ocio o sus modelos. 
Sería bueno revisar su historia y aceptar que el pasado es pasado, y es un buen momento para hacer un balance lúcido y honesto de las insatisfacciones personales sobre proyectos que no se han llevado a término o sus " deseos singulares" que vuelven a aparecer, y autorizarse a recuperar el movimiento en sí, la confianza en uno mismo y la pasión por la vida.

El hecho de existir como mujer anhelante es crucial para la construcción de la feminidad de su hija.

ENTRE UNA MADRE Y UNA HIJA NO ES RECOMENDABLE COMPARTIRLO Y CONFUNDIRLO TODO, SI NO, ¿CÓMO PODRÁ LA CHICA CONSTRUIR SU INTIMIDAD, SU AUTONOMÍA? 

Para acompañar de una forma adecuada lo que una madre debe aprender a comprender es que CRECER ES DIFERENCIARSE. 

En este sentido debe respetarse la intimidad, como, por ejemplo, el deseo de retirarse al dormitorio. Del mismo modo, sería adecuado que los primeros novios fueran aceptados sin ningún tipo de juicio o voluntad de orientación, ya que de lo contrario se interpretaría como una manera de controlar y de evitar que la niña crezca y se identifique con sus propios deseos.
La madre ha de aceptar no ser la única referencia, al contrario de lo que ocurría en la infancia. Es necesario tener el duelo por la niñita que su hija ya no es.

En cuanto a la hija, en ocasiones, diferenciarse de la madre implica romper con la madre,rebelándose, con grandes fracasos escolares, en exámenes o en otras cosas que no se deseaba hacer. Rebelarse forma parte de la evolución de la persona de la adolescente.

Las chicas deseosas de seguir su propia vida deben trabajar para evitar sentirse culpables. CRECER ES IR HACIA UNA MISMA, lo que no impide el afecto con su madre y compartir ciertas cosas de la vida, cada una conservando su vida y su intimidad

Raquel Ibáñez Ortego

Psicóloga

Grupo Crece



Bibliografía: Poncet- Bonissol, Y., " La relación madre-hija". Ediciones Obelisco, España 2014.

Imágenes: Gioia Albano
Regina Garialdi
Flor Méndez

¿Es imposible tener una pareja estable hoy en día?

Vivimos en tiempos cambiantes y acelerados, donde las palabras crisis, ansiedad y disfrute van de la mano. El modelo de pareja imperante hace unos años puede parecer obsoleto para las nuevas generaciones.  Pero, ¿cuál es el modelo actual? Escucho a muchos chicos y chicas jóvenes, en la consulta, plantear en voz alta un miedo que podría traducirse en esta pregunta: ¿Es imposible tener una pareja estable hoy en día?

La respuesta a esta pregunta es algo que angustia a muchas personas que esperan encontrar un/a compañero/a de vida para cumplir determinados sueños. Pero acaso ¿es la estabilidad la clave de la felicidad en pareja? Quizá no o al menos no la única, pero sí es una condición necesaria para poder empezar a construir un vínculo importante con la otra persona.

Existen tres obstáculos que podrían fragilizar dicho vínculo:

  1. El primero es, la intromisión de las familias de origen en la nueva pareja. Cuando permitimos, con mayor o menor consciencia, que nuestras propias familias de origen estén enredadas en nuestra relación dificultamos el poder conocernos plena y satisfactoriamente entre los dos miembros de la pareja. Esto a su vez hace que sea mucho más complicado hacer los cambios necesarios para ajustarnos al otro y que nuestros proyectos vitales confluyan y generen crecimiento mutuo.

  2. El segundo, la complejidad de la vida en pareja. Las relaciones de pareja fluctúan inevitablemente por numerosas fases, algunas maravillosas e inolvidables, otras angustiosas y dolorosas. El problema es que el ideal de pareja perfecta que supera todos los contratiempos sin verse perjudicada, que se entiende con solo mirarse y coincide plenamente en gustos y necesidades, no existe. Ante los primeros signos de decepción o desencanto con algún aspecto de nuestra pareja, solemos infravalorar todo lo ya construido en la relación.

  3. El tercero, fobia al compromiso en esta cultura de consumo. Existe una imagen idealizada de la relación amorosa estable y duradera pero resulta difícil esforzarse por ella cuando vivimos inmersos en redes de contactos, que hacen factible el conectarse con muchas personas en relaciones de fácil acceso y salida. Se busca por tanto compañero/a sentimental pero a la vez uno no se quiere perder nada. Como expresa Z. Bauman en su libro “Amor líquido”, se generan las llamadas relaciones de bolsillo, que se caracterizan por ser agradables y breves. Serían la encarnación de lo instantáneo y lo descartable. Su eslogan podría ser: “Nada de enamorarse. La conveniencia es lo único que cuenta. Cuanto menos inviertas en la relación tanto menos inseguro te sentirás”.

De manera que si quieres luchar en el presente por tener la mejor relación de pareja posible en el futuro, podéis empezar por trabajar estos aspectos:

PRIORIZAR:

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Dotar al vínculo que os une de una prioridad frente al resto de grupos humanos a los que pertenecéis. No significa en absoluto aislarse o desvincularse de vuestras relaciones significativas o vuestros más cercanos familiares. Se trata de blindar la pareja dejando claro al resto que el otro miembro de la pareja y sus necesidades están en primera línea.

ACEPTAR:

Ambos cometeréis errores y pasados unos meses después del enamoramiento inicial harán su entrada triunfal vuestros defectos. Aprender a convivir con los que sean compatibles con vuestro bienestar personal será un trabajo difícil pero muy enriquecedor para ambos. Con los incompatibles, deberéis esforzaros por modificarlos en la medida de los posible.

PEDIR:

Ninguno de los dos tenéis superpoderes para adivinar qué es lo que el otro necesita antes de que lo pida. Si esa es vuestra meta de partida, la frustración no tardará en aparecer. Deberemos asumir la responsabilidad de aprender a pedir (lo que necesitamos afectivamente) y pedirlo bien. Así será más fácil que el otro pueda y quiera satisfacernos.

REVALORIZAR:

Cuando llegan las crisis o la rutina a una relación de pareja, es fácil que si tenemos alguna relación virtual con otra persona a la que muy probablemente ni conozcamos personalmente, esta nueva relación nos parezca más atrayente e interesante que la nuestra propia. Y es verdad, a corto plazo lo es…el problema es que si queremos estabilidad, estamos condenados a tener que superar el hastío y los conflictos. Para ello es mejor no huir encadenando relaciones pasajeras, excitantes pero emocionalmente vacías. Revalorizarnos el uno al otro será una clave importante. Poner la energía común en descubrir y fomentar aspectos del otro y de nosotros mismos que nos aporten valor mutuamente.

De cualquier forma, conseguir una relación estable no debería convertirse en un fin en sí mismo. La estabilidad, entendida como una actitud que ambos miembros pudieran aportar en el día a día y especialmente ante las crisis inherentes a toda vida en pareja, nutriría y fortalecería dicha relación.  

Nayra Herrera Vaquero

Psicóloga familiar y de pareja

Grupo Crece


Mi concepción de la pareja

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El concepto de pareja parece ser tan universal que su definición nos resulta innecesaria. Muchas veces partimos de la base de que si se trata de un concepto tan arraigado en nuestra especie y todos sabemos lo que es una pareja, la definición ha de ser clara y unánime. Sin embargo, si preguntáramos a cada persona por una definición de pareja, cada uno haría hincapié en un aspecto concreto, pondría el énfasis en algo diferente; incluso es probable que su concepto de pareja distara en algún aspecto del que su propia pareja posee. El concepto de pareja es un concepto tan genuino que involucra y resume gran cantidad de valores, concepciones y expectativas vitales que se encuentran en lo más profundo de las personas, haciendo de él algo enormemente heterogéneo.

Nuestra concepción de la pareja se nutre de una gran cantidad de fuentes: modelos que nos han influido, experiencias, historias, roles, mensajes de la sociedad y la manera que vivimos los cambios que en ella se suceden. Existen pues una gran cantidad de influencias que a lo largo de nuestra vida van configurando y puliendo nuestro “yo en pareja” y nuestro ideal de pareja.

 ¿Qué influencia tiene mi concepción de pareja en mi vida? Aunque no seamos conscientes, nuestro concepto de pareja guiará nuestra manera de aproximarnos y tratar a las personas con las que vislumbremos una posibilidad de conformar una pareja. Seremos así más activos o más pasivos, nos mostraremos siguiendo un rol social determinado u otro, nos mostraremos al descubierto o nos enfundaremos la mejor de las armaduras. Puede que incluso hagamos cosas que nunca habíamos hecho en otros aspectos de nuestra vida, respondiendo a ideas o mitos, sintiéndonos extraños en el rol que asumimos (¿por qué me muestro sumisa en pareja cuando en mi vida laboral soy líder?, ¿por qué me esfuerzo tanto en mostrar unos atributos cuando son otros los que más valoro de mí mismo?, ¿por qué siempre elijo un perfil de persona que no me conviene?).

Conocer nuestro concepto de pareja nos hará conocernos de una manera más profunda, nos ayudará en el proceso de buscar pareja, favorecerá la elección de una persona adecuada y dará lugar a una comunicación en la pareja desde la consciencia y la responsabilidad. 

 

Sara Ferro Martínez

Psicóloga y coach