La ley del péndulo en psicología

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La ley del péndulo es la que nos permite explicar ciertos comportamientos humanos cuando son muy extremos. Nos permite entender también incluso comportamientos históricos que han identificado a las sociedades en diferentes momentos sociopolíticos. Y es que la ley del péndulo nos habla de cómo las personas, cuando estamos anclados en un comportamiento extremo que queremos abandonar,necesitamos explorar el lado contrario.

Muchos de los objetivos que se plantean las personas en terapia psicológica están relacionados con abandonar comportamientos que se encuentran en un extremo del abanico de opciones y que no resultan de satisfactorios en las personas.  En este punto las personas quieren  aumentar el espectro de respuesta, permitirse elegir entre diferentes opciones y no enclaustrarse en un determinado comportamiento.

Sin embargo, este cambio no se produce, en muchas ocasiones de manera paulatina, acercándose cada vez más a respuestas normativas, si no que se desarrolla desde un movimiento pendular, yendo de un extremo al otro.

¿Por qué se produce este fenómeno?

Esta polarización en movimiento pendular tiene relación con diferentes factores:

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  1. La idealización del opuesto: cuando sentimos que estamos constreñidos en algo, tendemos a idealizar el extremo contrario.

  2. La necesidad de reafirmarnos: cuando hacemos los cambios desde la rebeldía buscamos el impacto en los demás y en nosotros, trasmitir que ya no estamos en el mismo sitio. De este modo, tendemos a elegir el vistoso extremo antes que el discreto centro.

  3. La comodidad del extremo. Los extremos son cómodos, no tienen contención, filtro ni elaboración. Es fácil incluirse en un extremo, por lo que si estamos acostumbrados a un extremo, nos será más sencillo movernos al contrario que al término medio.


Este movimiento pendular es el que nos guía cuando somos muy inhibidos y queremos salir de ese extremo, pero nos convertimos en agresivos; cuando hemos acabado una relación con poca sexualidad y buscamos que nos valoren por nuestro físico de manera continua; cuando salimos de una dictadura y nos metemos en una movida…

¿Qué función tiene este movimiento pendular?

Podríamos pensar que la ley del péndulo no es más que una mala pasada de nuestra cabeza, otro de los laberintos donde nos metemos que no nos llevan a ningún lado. Sin embargo, aunque no suponga la solución y, en ciertos momentos, suponga una dificultad extra, el movimiento pendular es necesario para sentirnos libres de elegir. Una vez probados los dos extremos, conocidos los pros y contras de cada uno, tenemos más criterio para decidir en qué parte del espectro queremos situarnos. Cuando rompemos con el dejarnos llevar, podemos introducir esa parte de racionalidad, de filtro, de elección real y de compromiso con ella.
Además, podremos reconocer en nosotros mismos desviaciones hacia los extremos, pudiendo reconducirnos.

Sara Ferro Martínez

Psicologa, formadora y coach

Grupo Crece

La función del síntoma

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Temblores, bloqueos, insomnio, apatía... Muchas de estas palabras son las que escuchamos en los primeros encuentros terapéuticos, seguido de la frase ¿Cómo puedo quitármelas? 

En una sociedad en la que estar mal no es una opción, los síntomas son un objetivo a batir, un capricho del destino que se cruza en nuestro camino para hacérnoslo más complicado, algo aleatorio que nos toca y que queremos espantar. 

Esto hace que busquemos remedios rápidos, soluciones directas enfocadas en el síntoma, sin tomar una perspectiva más amplia y realista del problema. Y, en muchas ocasiones, estos remedios dan resultados, dándonos una tregua. 

Sin embargo, el enfoque del síntoma como problema, nos lleva en muchas ocasiones a escaladas y bucles en los que los síntomas se suceden o se incrementan. Poner el foco en el síntoma nos hace tomar una perspectiva muy corta, que nos impide tomar decisiones realmente útiles. 

Por poner un ejemplo físico, si tenemos una contractura en el cuello, podemos ir al fisio y que nos la arreglen, pero si no hacemos el cambio de almohada que necesitamos, ese dolor seguirá reapareciendo, incrementándose o trasladándose a otras zonas colindantes como el hombro o la espalda.

Con los síntomas psicológicos nos pasa lo mismo. Existen decenas de remedios contra la ansiedad, pero, ¿Qué pasaría si en vez de echarla, nos preguntásemos para qué ha venido? La ansiedad es una respuesta movilizadora del cuerpo, lo prepara para la acción. Escucharla nos ayudará a tomar decisiones y a encaminarnos en una dirección útil en la que hagamos cambios que establezcan un nuevo "status quo" en el que no sea necesaria la aparición de nuevos síntomas para movilizarnos. 

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La ansiedad, la tristeza, la apatía, el miedo, etc., son síntomas que vienen para mandarnos un mensaje: "cambia tu manera de gestionar el trabajo", "necesitas un cambio en esta relación", "retoma el contacto con esa persona".... y que no abandonarán su misión a menos que sientan que se ha visto cumplida o que les trasmitamos el mensaje de que no les necesitamos para encaminarnos en una dirección.

Es posible, que en ocasiones no sepamos interpretar los mensajes que nos manda nuestro propio cuerpo, ya que no nos han educado en esa tarea de parar a escucharnos y a mirar a nuestra realidad para buscar interpretaciones. Ésta es muchas veces nuestra labor como psicólogos: ayudar a generar esa mirada, ese análisis, ayudando a las personas a ser expertos en el funcionamiento de su cuerpo y su mente.

Para esta tarea, es muy útil plantearnos realizar una entrevista al síntoma. En esta entrevista se le pregunta a esa tristeza, a esa apatía, a esa ansiedad una serie de preguntas que tendremos que responder poniéndonos en el lugar del síntoma.

Pongamos un ejemplo de una entrevista a la ansiedad de Juan:

“Desde cuando llevas en la vida de Juan?” Llevo bastante tiempo, pero estoy más presente desde hace 3 años.

“¿Quién te trajo?” Bueno, aparecí justo después de que Juan tuviese un encuentro con Lola, una chica que le gustaba después de pasar dos años sin tener una cita, pero se quedó paralizado, se inventó una excusa y se fue. Se lo contó a un amigo y éste le dijo que así se iba a quedar solo para siempre. Podríamos decir que me trajo ese amigo, sí.

“¿Por qué estás con Juan?” Estoy con Juan para que se de cuenta de que no está a gusto con esta situación. Que él tiene ganas de tener una pareja y que, el miedo que tenía a ser rechazado, ya es pequeño comparado conmigo. Yo soy más potente, pero me elige a mí.

 “¿Qué tendría que hacer Juan para que tú te fueras?” Yo me iría si viese que tiene oportunidades para conocer a gente. Yo me iría si Juan toma decisiones para estar con gente, para no aislarse. Pero mientras tanto, estaré con él, no le dejaré solo…

Es muy curioso cómo estas respuestas revelan realidades que no se contemplan a nivel consciente, como la realidad de que el síntoma tiene una función, viene para que hagamos cosas que nos hagan estar mejor. Y es a partir de estas respuestas cuando hacemos un cambio en nuestra manera de vivir el síntoma y las soluciones, pudiendo generar un locus de control interno en algo que antes podíamos sentir como externo e incontrolable.

 Por eso, para nosotros los síntomas no son el enemigo a batir, sino una herramienta, un aliado que nos ayuda a crear el camino necesario para que esos síntomas no tengan lugar y puedan dejar de aparecer.

Sara Ferro Martínez

Psicóloga y coach

Grupo Crece

Los rituales como compañeros de viaje

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Cumpleaños, bautizos, comuniones, entierros, bodas, aniversarios, celebraciones... existe una gran lista de rituales que, a día de hoy, se mantienen en nuestra sociedad. Sin embargo, cada vez los rituales están quedando en un lugar más secundario: por un lado, el carácter religioso de muchos de los rituales hacen que muchas personas no se sientan identificadas con ellos; por otro, empiezan a entenderse como compromisos, obligaciones sociales y gastos innecesarios.

Los rituales han acompañado al ser humano a lo largo de su existencia, adaptándose a su avance y circunstancias. Esto hace que en diferentes lugares (incluso dentro del mismo país), estos, tengan características diferentes.

Los rituales tienen varias  funciones para el ser humano: marcar hitos, conseguir reconocimiento, compartir un cambio de etapa, expresar sentimientos que no se comparten en el día a día….

Promueven el cambio individual, familiar y social. Se trata de un movimiento bidireccional, de dentro a fuera y de fuera a dentro: hay un cambio y en consecuencia un ritual, y al haber rituales, se hacen explícitos los cambios.

Una investigación realizada por la famosa antropóloga Margaret Mead sobre el efecto de los rituales en la mente y la sociedad y que expone en su artículo "La adolescencia como estado de transición, rituales de iniciación", nos hace reflexionar sobre la importancia de ello.

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En ella, analiza los diferentes efectos y las diferentes maneras de vivir la adolescencia en culturas que realizan rituales de iniciación, frente a aquellas culturas en las que no se realizan. Las conclusiones de ese estudio son claras: aquellas sociedades en las que se realiza un ritual de paso a la vida adulta, en el que se le trasmite al individuo el reconocimiento y la responsabilidad de su nueva posición, la adolescencia es una época de madurez, cambio y motivación. Sin embargo, las culturas en las que no existen esos rituales, la adolescencia es una etapa turbulenta, desmotivante y con un gran componente de conflicto. Esto se debe a la tensión surgida entre la necesidad de los jóvenes de ser reconocidos y la ausencia de ese lugar en la sociedad. 

Este ejemplo nos muestra el movimiento de dentro a fuera (llego a una edad en la que experimento cambios que necesito que tengan uns función y sean reconocidos) y de fuera a dentro (queremos reconocer tu avance en el ciclo vital y te acompañamos en este cambio). 

Los rituales no  tienen  por  qué estar prefijados, ni tienen que tener unos componentes concretos, pero sí tienen que estar planificados y tener un significado, una función para el individuo. Basta con poner nuestra creatividad al servicio de nuestras necesidades, el hito que queramos marcar o la etapa que queramos cerrar o inaugurar.

Sara Ferro

Psicóloga y coach

Grupo Crece

 

¿Quieres esto otra vez e inmumerables veces más? Reflexiones para vivir mejor.

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Nietzsche nos deja en La Gaya Ciencia un parrafito estupendo para poder hacer un “ chequeo” de nuestra vida y costumbres. Si leemos entre líneas podemos recoger también una buena estrategia psicológica para realizar algunas transformaciones si el resultado de nuestro examen vital es negativo.

“¿Qué ocurriría si un día o una noche un demonio se deslizara furtivamente en la más solitaria de tus soledades y te dijera: ‘Esta vida, como tú ahora la vives y como la has vivido, deberás vivirla aún otra vez, innumerables veces, y no habrá en ella nada nuevo; sino que cada dolor y cada placer, pensamiento, suspiro, y cada cosa pequeña y grande de tu vida deberá retornar a ti, y todas en la misma secuencia y sucesión -y así también esta araña y esta luz de luna entre las ramas y así también este instante y yo mismo-.¡La eterna clepsidra de la existencia se invierte siempre de nuevo y tú con ella, granito de polvo!?’ ¿No te arrojarías al suelo, rechinando los dientes y maldiciendo al demonio que te hablado de esta forma? ¿O quizá has vivido una vez un instante infinito, en que tu respuesta habría sido la siguiente: ‘Tú eres un dios y jamás oí nada más divino’? Si ese pensamiento se apoderase de ti, te haría experimentar, tal y como eres ahora, un transformación y tal vez te trituraría; la pregunta: ‘¿Quieres esto otra vez e innumerables veces más?’ pesaría sobre tu obrar como el peso más grande. O también, ¿cuánto deberías amarte a ti mismo y a la vida para no desear ya otra cosa que esta última, eterna sanción, este sello?”

 *Friedrich Nietzsche / La Gaya Ciencia

Muchos contestaréis que sería un castigo, que si pudierais cambiaríais algunas cosas, o cambiaríais todo (alguno quizás no cambiaría nada, pero conociendo la condición del ser humano veo esta opción complicada). Éstas son respuestas que te remiten al pasado, aquellas cosas de las que no estás muy satisfecho, que te gustaría borrar, olvidar.

Pero el pasado no se puede cambiar. El pasado es el que hay. Lo único que podemos hacer con él es aceptar, perdonarnos a nosotros mismos por aquello que creemos que no hicimos bien, contárnoslo de otra manera (sin autoengaños, sólo con más benevolencia ), y aprender de los errores.

 

      Hoy, que te preguntas si repetirías tu vida instante a instante, puedes dejar de mirar el pasado y dirigirte hacia el futuro y empezar a construirlo de forma que si se repitiera, pudieras revivirlo con tranquilidad.

Y la tranquilidad no trata de vivir solamente en felicidad, pues sería agotador y poco realista.  Trata de VIVIR ( y perdonad la redundancia) todo lo que la vida ofrece con consciencia( hasta lo negativo), responsabilizándote de tu bienestar ( elige por y para ti y no para los demás). Os remitimos a otro de nuestro artículos que te puede dar algunas claves para vivir mejor

http://www.grupocrece.es/blog/Psicolog%C3%ADa10-seales-de-que-te-est-yendo-bien-la-vida

 

Y por si acaso ese diablillo se presentará algún día, comienza a preparar tu vida, para que desees que se repita, con las siguientes estrategias:

- Puedes preguntarte todas las noches si el día que has vivido lo volverías a repetir. Tanto si la respuesta es “ sí” como “ no, acto seguido pregúntate “ por qué”.

Para la opción “ sí” : ¿ qué has hecho tú, qué has puesto en marcha para que fuera un día a repetir? Al responderte vas a conocer una/s herramientas personales que te pueden llevar a gestionar mejor una situación difícil , o te puede dar una idea de qué necesitas para estar bien.

Para la opción” no”: ¿ Cómo podrías haber mejorado la situación para que si se repitiera te sintieras mejor? No te lamentes. Busca siempre algo que aprender. Aprender es mirar hacia delante. Lamentarse es quedarse en el pasado y paralizado.

 

También puedes realizarte la pregunta ANTES de una situación difícil que debas enfrentar. “ ¿ Cómo gestiono esto para que no me importara que se repitiera en mi vida? Ya hemos dicho que vivir tranquilo es aceptar lo positivo y lo negativo, por lo tanto situaciones difíciles se te van a presentar.

 

Al final, tal y como Nietzsche apunta, la clave está en comenzar a amarte a ti y a la vida tanto, que fuera un gran sueño volverla a vivir.

El párrafo en cuestión nos puede llevar a innumerables reflexiones sobre la existencia y otros tantos entresijos de ella, pero no es objeto de este artículo entrar en complejidades filosóficas.

El objetivo es permitirnos parar un instante. Echar un vistazo global a lo que ha ocurrido en nuestra vida y a lo que acontece a día de hoy ( date por lo menos 10 minutos para esto).

Si tu vida, tal y como la has vivido y vives ahora, se repitiera una y otra vez de forma infinita, ¿sería un castigo o un regalo?

 

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Hoy, que te preguntas si repetirías tu vida instante a instante, puedes dejar de mirar el pasado y dirigirte hacia el futuro y empezar a construirlo de forma que si se repitiera, pudieras revivirlo con tranquilidad.

Y la tranquilidad no trata de vivir solamente en felicidad, pues sería agotador y poco realista.  Trata de VIVIR ( y perdonad la redundancia) todo lo que la vida ofrece con consciencia (hasta lo negativo), responsabilizándote de tu bienestar (elige por y para ti y no para los demás).

Os remitimos a otro de nuestro artículos que te puede dar algunas claves para vivir mejor

http://www.grupocrece.es/blog/Psicolog%C3%ADa10-seales-de-que-te-est-yendo-bien-la-vida

Y por si acaso ese diablillo se presentará algún día, comienza a preparar tu vida, para que desees que se repita, con las siguientes estrategias:

Puedes preguntarte todas las noches si el día que has vivido lo volverías a repetir. Tanto si la respuesta es “ sí” como “ no, acto seguido pregúntate “ por qué”.

Para la opción “ sí” :

¿Qué has hecho tú, qué has puesto en marcha para que fuera un día a repetir? Al responderte vas a conocer una/s herramientas personales que te pueden llevar a gestionar mejor una situación difícil , o te puede dar una idea de qué necesitas para estar bien.

Para la opción” no”:

¿Cómo podrías haber mejorado la situación para que si se repitiera te sintieras mejor? No te lamentes. Busca siempre algo que aprender. Aprender es mirar hacia delante. Lamentarse es quedarse en el pasado y paralizado.

También puedes realizarte la pregunta ANTES de una situación difícil que debas enfrentar.

“ ¿Cómo gestiono esto para que no me importara que se repitiera en mi vida? Ya hemos dicho que vivir tranquilo es aceptar lo positivo y lo negativo, por lo tanto situaciones difíciles se te van a presentar.

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Al final, tal y como Nietzsche apunta, la clave está en comenzar a amarte a ti y a la vida tanto, que fuera un gran sueño volverla a vivir.

El párrafo en cuestión nos puede llevar a innumerables reflexiones sobre la existencia y otros tantos entresijos de ella, pero no es objeto de este artículo entrar en complejidades filosóficas.

El objetivo es permitirnos parar un instante. Echar un vistazo global a lo que ha ocurrido en nuestra vida y a lo que acontece a día de hoy ( date por lo menos 10 minutos para esto).

Si tu vida, tal y como la has vivido y vives ahora, se repitiera una y otra vez de forma infinita, ¿sería un castigo o un regalo?

Raquel Ibáñez Ortego

Psicóloga y formadora

Grupo Crece

Metas para 2018. Pasos para no fallar.

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Seguramente la sensación de tirar la toalla y abandonar un objetivo no sea una sensación del todo ajena para la mayoría de nosotros.

Hay ciertas metas que nos marcamos que son difíciles de conseguir y la frustración, el desánimo o el enfado nos hacen abandonar nuestro propósito.

Una correcta planificación puede ser la clave para conseguir lo que nos proponemos.

1.    Seamos honestos con el nivel de compromiso.

Por muy motivados que estemos, si no nos comprometemos con nuestra meta, difícilmente vamos a conseguirla.

Para implicarnos de una manera más formal,podemos,por ejemplo, realizar un contrato por escrito, donde nos comprometamos con nosotros mismos a la consecución de la meta.

2.    Lleva tú el timón.

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Está claro que no tenemos el control sobre todo lo que nos pasa, pero sí podemos decidir cómo reaccionar y actuar al respecto.

Frases del tipo: “Así es la vida”, “qué le voy a hacer”, “nadie me entiende”, “todos me tienen manía” … son las que nos llevan a la falsa ilusión de que no tenemos responsabilidad sobre nuestros propios actos y sobre nuestra propia vida, y esto es erróneo además de perjudicial para nosotros. Cuando estos pensamientos nos invadan, pensemos: ¿hay algo que yo pueda hacer? ¿Qué puedo hacer para mejorar mi situación? Piensa que siempre tienes opciones.

3.    Hagamos la meta específica y medible.

Cuanto más concretos seamos con nuestras metas, más probabilidad habrá de que la consigamos.

Por ejemplo, la meta “ser más sano en 2018”, tiene buenas intenciones, pero es muy vaga. Debes intentar concretar esta meta de alguna manera. ¿Qué puedo hacer para ser más sano? ¿hacer deporte 3 veces por semana? ¿comer 5 piezas de fruta al día? ¿reducir la ingesta de azúcar, de grasas…? Intenta especificar todo lo que puedas.

4.    Divide la meta, en “minimetas”.

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Pensar en la meta final puede ser un poco abrumador y podemos vernos echándonos para atrás por esta misma sensación. Para evitar llegar a esto, dividiremos esta meta en “minimetas”.

Esto nos permite crear una planificación paso a paso, y también mantener nuestra motivación al ver que vamos consiguiendo realizar estos pasos.

Por ejemplo, si nuestro objetivo es sacarnos el carnet de conducir, primero establecemos ahorrar X euros cada mes, cuando tengamos el dinero, buscamos X autoescuelas y comparamos precios, después contratamos la autoescuela, después establecemos cuánto tiempo le dedicaremos…

5.    Piensa en los obstáculos. 

Es muy probable que haya dificultades que se interpongan entre tu meta y tú. No debemos hundirnos ante ellos, sino tenerlos en consideración para estar preparados, ya que de esta manera tendremos un plan de acción para resolverlos.

6.    Establece un límite de tiempo.

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Organiza esos objetivos en un tiempo razonable y realista. Esto te ayudará a no procrastinar y mantenerte centrado encuándo quieres conseguir esta meta.

Para esto es indispensable dedicar tiempo a la consecución de tus metas, programar cuándo y cuánto tiempo le vas a dedicar al día, a la semana… Cuanto más lo establezcamos como una rutina, más fácil nos resultará trabajar en ella.

7.    No pierdas la motivación.

Este punto es muy importante para no tirar la toalla. Una forma de motivarnos es imaginándonos consiguiendo estametay anotar todo lo positivo que se derivaría de conseguirla, hacer una lista y tenerla a mano para los momentos en que nos encontremos menos motivados. Por otra parte, no dudes en reforzarte en cada paso del camino. Establece pequeñas recompensas para la consecución de cada paso que te hayas planteado.

Romina Collado

Psicóloga

Grupo Crece