Las rabietas en los niños. Qué son y para qué sirven.

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El ser humano es una de las especies más indefensas en su nacimiento. Desde que nacemos, los bebés caminan cada día hacia su independencia, como instinto de supervivencia: aprenden cada día habilidades que les capaciten para valerse por ellos mismos. En este desarrollo, los niños van adquiriendo nuevas habilidades, aunque cuentan con algunas desde su nacimiento, la más importante: el llanto.

Durante el desarrollo de nuestros hijos el llanto tiene diferentes funciones. En los primeros dos años de vida, la función de comunicar el malestar y los aspectos que ponen en peligro su supervivencia. A partir de los dos años, comunicar sus preferencias, y defenderse de lo que ellos perciben como ataques a su independencia.

Las rabietas son el mecanismo de comunicación que tienen los niños de autoafirmarse, de trasmitirnos que ya tienen un criterio, y que quieren guiarse por él, que quieren decidir.

El único problema para los niños es que esta autoafirmación les conlleva un conflicto emocional importante, ya que, por un lado, saben que quieren conseguir algo, pero por otro, como a los padres nos cuesta entender lo que les está pasando, tienen que enfrentarse a nuestro enfado. Que los padres no conectemos con el enfado ante las rabietas es porque tendemos a pensar que es una forma que tienen los hijos de rebeldía, que nos quieren tomar el pelo, y que el propósito es desobedecernos.

Esta situación, provoca en los niños una ambivalencia de sentimientos, que lejos de aminorar la emoción, la a crecenta, ya que el miedo entra en juego. El miedo a que nos enfademos, el miedo a ser castigados, el miedo a no merecerse cosas que ellos quieren.  Eso, nada más y nada menos, son las famosas rabietas: una lucha interior entre lo que los niños sienten que deben hacer por naturaleza, y una incomprensión de los padres hacia tales actos, que les provocan unos sentimientos ambivalentes y negativos.

Esa ofuscación entre querer una cosa, no entender lo que pasa y el rechazo paterno o materno, es la fuente de la mayoría de las rabietas. Por eso lo mejor es dejarle claro que, haga lo que haga, siempre le querremos y le comprenderemos, aunque a veces no estemos de acuerdo.

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Las rabietas son la  primera experiencia de asertividad, de defensa de nuestros deseos, de nuestras preferencias.   Es importante entender esta dimensión, y no quedarnos solo en el hecho de  que nuestro hijo o nuestra hija está llorando y gritando de manera desconsolada, para no mandar el mensaje “no puedes expresarte”.

Por lo tanto tenemos que entender que cuando nuestras hijas e hijos tienen rabietas su vivencia es la siguiente:

  1. Tienen una necesidad
  2. Necesitan sentirse legitimados a tener esa necesidad.
  3. Su intención es  egocéntrica. No quieren desesperarnos ni retarnos.
  4. Les asusta nuestra reacción.

Conocer estos aspectos y tenerlos en cuenta es la base para poder manejar nuestras propias emociones, con el fin de que su frustración no se nos contagie, generando una “rabieta familiar”. Al final, las rabietas tienen una función de diferenciación (los niños nos quieren expresar que tienen un criterio diferente), por lo que tenemos que aceptar el avance en esa diferenciación, asumiendo que la emoción y la frustración no es nuestra si no suya. De esta manera, podremos colocarnos en el lugar más protector para ellos, atendiendo su malestar, sin ceder, pero cuidándoles en su emoción.

Sara Ferro Martínez

Psicóloga familiar e infanto-juvenil

Grupo Crece

La comunicación no verbal en los niños

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La comunicación es esencial para el desarrollo emocional, social y personal del niño y la niña. Y, si bien, el lenguaje verbal es una parte importante de la comunicación, los estudios y la experiencia nos dicen que el lenguaje corporal, la actitud, así como el tono de la voz, cobran una importancia radical más allá del contenido de lo que se dice.

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De esta forma, el mensaje viene definido por estas manifestaciones de lenguaje no verbal, siendo ésta información mucho más fiable y significativa que la que nos trasmiten las palabras. Es frecuente, escuchar a un niño o niña cuando recuerda con intensidad y emoción el rostro del padre o la madre, el gesto, la posición de los brazos, el tono de la voz… y, aunque no recuerda con total claridad el contenido de lo que se le dijo, sí puede expresar los sentimientos que se generan en él con el recuerdo de esa experiencia.

Por esta razón, podemos decir que el lenguaje no verbal permite llegar a la dimensión emocional de los mensajes, ya que aporta información sobre los sentimientos y el estado emocional, y en el caso de la comunicación entre padres/madres e hijos/as cobra una gran importancia e impacta significativamente en ellos.

Si el niño o la niña reciben mensajes frecuentes en los que a su entender y sentir, no coinciden las palabras con el lenguaje no verbal, sentirá confusión y sobre todo puede afectar a su seguridad y confianza. Es realmente importante dar un tiempo especial a la comunicación padres/madres e hijos/hijas,  así como cuidar la calidad del mensaje verbal, y sobre todo el  lenguaje corporal y gestual. Es importante, no sólo el contenido de lo que queremos trasmitir, sino la manera de decirlo y la coherencia entre ambos.

Cómo trabajar la comunicación no verbal con los hijos:

1.    Acércate cuando hables con ellos/as:

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Es importante que observen tus gestos, posturas, orientación y expresiones faciales que acompañan a tu comunicación.

2.    Mantén el contacto visual: Mirada directa a los ojos.

Es la forma más básica de la comunicación no verbal porque mirar al otro significa que le estamos prestando atención, que nos interesa y que le estamos escuchando activamente.

3.    Responde adecuadamente a sus expresiones faciales:

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Como si fuésemos su espejo (escucha empática). Su sonrisa, enfado, asombro, tristeza, entusiasmo, etc.

4.    Pon más atención a tus gestos y palabras:

Ser más conscientes de cómo son, cómo expresan nuestro mensaje, hacerlos coherentes con el lenguaje verbal.

5.    Juega al role-playing con tus hijos e hijas:

Ensaya con ellos/as la interpretación de la información no verbal,  por ejemplo, contarse unos a otros algo con gestos y jugar a adivinarlo. Podemos también probar a quitar el sonido de la tele y adivinar lo que ocurre en determinadas escenas que aparezcan.

6.    Escoge diferentes frases o palabras y pronúncialas utilizando diferentes gestos y voces:

De esta forma, tu hijo o hija aprenderá la diferencia y lo que transmite cada una. Por ejemplo, puedes decir “¿Qué te pasa?” en diferentes tonos: seco, suave, firme, enfadado…

7.    Juega a reconocer expresiones faciales de los otros:

A través de la tele, por la calle, en el parque, fotos de revistas, etc.

8.    A través del teatro podemos ensayar diferentes formas de comunicarnos además aprender y mejorar habilidades sociales y emocionales.

El teatro es una herramienta muy potente y valiosa para potenciar la comunicación verbal y no verbal tanto en los niños y niñas como en adultos.

Susana Paniagua Díaz

Psicóloga infanto-juvenil y familiar

Grupo Crece

Tengo pendiente una conversación difícil. ¿Cómo prepararla? Pasos 7 y 8 (últimos pasos)

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Planifica tu enfoque:

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Quizá, si te planteas un preparación excesiva, en cualquier momento se puede desmontar por completo tu guión, ya que cualquier imprevisto puede hacer que aquello que tenías tan minuciosamente preparado, de repente deje de servir.  Además, la persona con la que interacciones tiene la capacidad de reaccionar o cambiarte el paso, no es una pared que vaya a responder a los puntos que a nosotros nos interesan, y como a nosotros nos convenga.

Por tanto, en lugar de un exceso de detalle, lo conveniente es tener una serie de ideas claras sobre lo que queremos abordar, y una estrategia sobre la forma de abordarlo. Esto, es especialmente importante en el momento de la apertura (es decir, el arranque de la conversación). En este punto, si puede ser interesante pensar las frases con las que pretendo arrancar, y las contestaciones a las primeras reacciones.

Imaginemos una situación de conversación difícil a nivel laboral. Supongamos que hemos seleccionado para esta conversación dos puntos fundamentales: los problemas de comunicación y mi rol en el equipo de trabajo. Podríamos entonces decidir estrategias de entrada como las siguientes:

Arranque: "María, hay dos cuestiones clave que me gustaría debatir hoy en la reunión, por las que llevo tiempo buscando un espacio. Tienen que ver con la comunicación entre el equipo y los roles establecidos. He observado ciertas situaciones que se podrían mejorar y tengo propuestas que me gustaría que fuesen debatidas".

Ante una posible evasiva: "Soy consciente de la cantidad de temas que hay pendientes, no obstante considero necesario e importante encontrar un espacio para estas cuestiones".

Selecciona un lugar y un contexto adecuado para abordarla

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Elegir el momento y contexto adecuado para la conversación que queremos plantear, puede tener una repercusión notable en el desarrollo y consecuencias de esta. Los momentos adecuados están relacionados también con los estados emocionales de quienes deben participar en ella. A parte de este, otro aspecto clave para determinar el momento y lugar adecuado, consiste en la disponibilidad de tiempo suficiente para mantener un intercambio de opiniones o puntos de vista mínimos, para que tenga algún éxito.

Unidos a estas dos cuestiones, también, hemos de considerar el lugar. Si la conversación requiere un entorno mínimamente tranquilo y exento de sorpresas, o si la conversación requiere de unas condiciones de confidencialidad.

Por tanto, finalmente sabremos si cumplimos con este punto si tenemos en cuenta las siguientes preguntas:

1. ¿Me encuentro yo, o la otra persona en un estado emocional propicio para abordar la conversación o reunión difícil?

2. ¿Dispondremos del tiempo suficiente, teniendo en cuenta el problema, para llegar a que se aborden los puntos o se resuelvan mínimamente los problemas?

3. ¿Qué entorno he elegido para tener esta conversación?, ¿es el adecuado para lo que quiero transmitir o necesito solucionar?

Los estados emocionales, como hemos comentado en alguno de los puntos anteriores, pueden complicar la transmisión o recepción de la información, llevando la interpretación a través de la emoción. En el caso de un compañero de equipo, tremendamente disgustado por el desarrollo de una reunión, que nos pide tener una charla inmediata sobre esta, y algunos asuntos con los que no está de acuerdo, concluiremos que el estado emocional no es el adecuado para abordar dicha conversación difícil, y tendremos que tratar de emplazarle a otro momento, eso sí, con tacto e inteligentemente. por ejemplo:

"Javier, entiendo que esta cuestión es importante para ti, y lamento de verdad que te sientas contrariado por lo que ha ocurrido hoy en la reunión. El tema que me comentas necesitamos hablarlo con más calma y en otro contexto, ya que merece una mayor dedicación. Me gustaría que entendieras esto."

Ya tienes las claves más importantes a la hora de preparar una conversación o reunión difícil. No obstante te recuerdo los puntos y te remito a leer los post anteriores por si te perdiste alguno de los artículos:

1. Analiza tu propia historia interna sobre la conversación

2.  Define claramente cuál es tu objetivo para esa conversación

3.  Ten claro previamente lo que te gustaría que la persona hiciera de manera específica

4.  Prepárate a nivel emocional

5.  Trata de anticiparte a las posibles reacciones de la persona con la que hablarás

6.  Piensa en fundamentos sólidos en los que vas a basar tus argumentos

7. Planifica tu enfoque

8.  Selecciona un contexto y lugar adecuado para abordarla

¡Valor... y mucha suerte!

Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece

 

Mindfoodness, o cómo la alimantación más consciente puede beneficiar la salud

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Si nos detenemos por un momento a pensar en la forma en que comemos, nos daremos cuenta de que comer se ha convertido en un trámite más. Es un comer automático, a veces incluso sin registrar lo que estamos introduciendo en nuestra boca, y la mayoría de ocasiones sin preguntarle a nuestro cuerpo si tiene hambre o deseos de comer.

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Si en nuestro hambre manda nuestra cabeza, la alimentación se convierte también en una ingesta por emociones. Comemos para saciar la angustia, ansiedad, tristeza…o incluso el aburrimiento.

¿Dónde ha quedado nuestro cuerpo, principal beneficiario y “necesitador fisiólogico” del alimento?

De unos años a esta parte, Mindfulness se ha convertido en un término esencial para hablar de la presencia en nuestras vidas. Vivir con atención plena, en el presente y sin juzgarlo,  lo que nos permite tomar mayor contacto con nuestra vida y vivirla plenamente.

Mindfoodness consiste en aplicar esa atención plena a la alimentación para desarrollar nuestra capacidad de prestar atención a lo que comemos.

Es importante aclarar que NO es una dieta en particular ni un recurso para perder peso. Al relacionarnos con los alimentos desde la consciencia aprendemos una manera de alimentarnos cuyo fin último es mejorar la forma en que comemos.

Mindfoodness nos ayuda a rescatar las señales internas de nuestro cuerpo que tenemos olvidadas. Señales que nos hablan de saciedad natural, de comer cuando hay hambre, es decir, por necesidad, y no ingerir por emociones o por factores externos que nos alteran.

Con Mindfoodness aprendemos una nueva relación con nosotros mismos:

1.     Promueve el autoconocimiento

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Simplemente el preguntarnos “¿qué necesita mi cuerpo ahora?” nos lleva a tenernos en cuenta y explorar nuestras necesidades, sin dejar a un lado el placer que nos brinda la comida.

2.     Promueve el autocontrol.

Lo que reduce los antojos, el comer por estímulos que nada tienen que ver con la necesidad fisiológica de ingerir alimentos, o ajustar las cantidades que comemos a las necesidades del cuerpo. Todo esto beneficia a nuestra dieta y es, por tanto, salud para nuestro organismo.

Al mejorar la relación con los alimentos y así, promover un comportamiento alimentario saludable, mindfoodness puede contribuir a la prevención de diferentes trastornos alimentarios, como concluye una investigación publicada en Eating Disorders.

En resumen, una alimentación más consciente puede evitar conductas nocivas al momento de comer que con el tiempo, perjudican la salud.

Os invitamos a que hagáis una prueba. Utilizad al menos 10 minutos para el ejercicio. Coged un alimento pequeño (un fruto seco, un cachito de fruta, etc) y comedlo con consciencia plena.

Haced uso de cada uno de vuestros sentidos en esta ingesta:

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  • Observa qué hay, que forma tiene lo que comes, cómo incide La Luz en cada zona del plato, las sombras, los colores.
  • Haz que penetre el olor por tus fosas nasales, descubre aromas diferentes;
  • Pasa el alimento por tus dedos, percibe la textura, quizás cuando des el primer bocado puedas conectar con el tacto a través de la lengua;
  • Acerca tu oreja al alimento, aplástalo o rózalo con tus dedos¿ a que suena lo que vas a comer?;
  • Pon un poco de comida en la boca, sin tragar, dejando que el sabor se esparza por ella, da un mordisco sintiendo la explosión de sabor, no tragues, frena el deseo de tragar que comienza a emerger , y sólo cuando no necesites tragar, hazlo.

¿ Cómo ha sido tu experiencia?

Raquel Ibáñez Ortego

Psicóloga, terapeuta y experta en mindfulness

Grupo Crece

 

 

Cómo hablar de sexo con niños menores de 10 años

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Muchos padres se preguntan cómo pueden dar a sus hijos una buena educación sexual cuando ellos no la han recibido. Abordar este tema con los niños puede resultar complicado y es necesario encontrar el camino y la manera de poder hacerlo de forma natural. La educación sexual no es únicamente dar información sobre los órganos sexuales, la reproducción o los anticonceptivos, sino que es hablar también de comunicación, de afectividad, de responsabilidad y de placer. 

A los niños y niñas se les puede explicar que la sexualidad es una de las formas que tenemos las personas para comunicarnos, darnos cariño y placer, y divertirnos juntas. Como padres y como madres tenemos que saber, que sexos hay dos, hombre y mujer, pero hay muchas maneras de construirse como hombre y como mujer. Para hacer educación sexual de calidad desde el papel de la familia no hay que ser sexólogos o sexólogas. Nos pasa que no somos expertos en nutrición, seguridad vial, economía, sin embargo sabemos que no es algo que sea ajeno y podemos aportar nuestra experiencia y conocimiento. 

¿En qué nos equivocamos los padres y madres a la hora de hablar de sexualidad con los hijos e hijas?

El principal error que pueden cometer los padres y madres es interpretar con ojos de adulto las manifestaciones infantiles de la sexualidad.

La sexualidad infantil está poco diferenciada y poco organizada con relación a la de la persona adulta. No hay unas sensaciones estrictamente eróticas como en la persona adulta. Ni es una sexualidad centrada en lo genital y en la procreación, por supuesto. Como es lógico, si no parecen claros los deseos, mucho menos la posible orientación de éstos. 

Otro error es hablarles de forma ambigua, esquiva y poco clara. Es importante que nuestro lenguaje sea más directo y concreto para que ellos no perciban que evitamos el tema como si fuese algo prohibido o perjudicial.

Lenguaje no verbal poco adecuado: explicarles cualquier cosa sobre sexualidad desde gestos y expresión corporal confusa, con matices ansiosos, inseguros y/o que denote que nos escandalizamos.

Es bueno partir admitiendo que las principales causas del miedo y la resistencia a hablar de sexo con los hijos e hijas son los temores personales. El padre y la madre se encuentran en una situación en la que perciben la propia desinformación, dudan incluso sobre qué es en realidad la educación sexual y para qué sirve, se enfrentan a ideas erróneas e incluso falsas, y a la influencia de los medios de comunicación, que conduce muchas veces a tener una imagen distorsionada de la relación paterno filial. Por eso es tan importante conocerse previamente uno mismo y, si es necesario, realizar un ejercicio de autoformación.

 

 ¿Cómo hablar con ellos?

Hay que escuchar con mucha atención e interés todas las preguntas que sobre sexualidad nos hagan los niños/as y responderlas sobre la marcha con palabras sencillas, pero, sobre todo,  intentando decirles lo que realmente sabemos, lo que nos parece que más se acerca a la verdad.

En relación a este tipo de preguntas, hay que tener en cuenta estos criterios:

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1.   Explicarles de forma sencilla, en palabras que puedan entender, con vocabulario popular (si no expresa sexismo, es agresivo o malsonante) en la familia con los más pequeños. Poco a poco iremos introduciendo otro vocabulario más técnico, lo que sepamos, con interés y sinceridad.  El vocabulario popular y técnico pueden coexistir y favorecer el realismo de las respuestas. No hay que ocultarles información ni adulterarla. La actitud de “decirle la verdad” es lo más importante.

2.   Tomarse muy en serio las preguntas, aunque podamos darles después una visión alegre y positiva a las respuestas sobre la sexualidad.  Por ejemplo:

Hablar positivamente del hecho de ser niño o niña, de forma que se queden satisfechos con su identidad. No comparar a los niños y las niñas atribuyendo ventajas a uno u otra, sino dar una visión positiva de las dos identidades.

Indicar que los padres tienen hijos porque se quieren y lo desean, que están encantados con el embarazo y que el parto, aunque cuesta, es una gran alegría.

Dar una visión positiva de los cambios puberales incluida la menstruación, diciéndoles que se demuestra que su desarrollo ha ido bien, les hace mayores, etc.

Decirles que las conductas sexuales (besos en la boca, por ejemplo) las hacen los adultos porque les gusta, la desean, se lo pasan bien y se expresan cariño.

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3.     Podemos usar algunos libros con dibujos o algunos cuentos para explicarles estas cosas. También, si estamos de forma natural desnudos delante de los hijos e hijas, podemos usar nuestro propio cuerpo para enseñarles las diferencias entre hombres y mujeres.

4.      Dejarles claro que los chicos y las chicas pueden ser lo que quieran y que no debe haber desigualdades entre los hombres y las mujeres. Debemos ser flexibles e igualitarios en nuestra vida real.

5.   Responderles a sus preguntas con naturalidad, al menos intentarlo aunque nos resulte muy difícil y volvamos hablar del tema más tarde. Las preguntas son muy diversas, muchas de ellas bien difíciles de explicar  para los padres y madres e incluso para los profesionales. Pero lo importante es intentar decirles lo que sabemos, incluso se les puede decir que no lo sabemos bien.

6.      No buscar respuestas enrevesadas o respuestas complejas. Es normal que no lo entiendan del todo, y se les puede también decir: “ya lo entenderás cuando seas mayor, son cosas buenas que hacemos los mayores cuando nos queremos, nos gusta, etc.”.

7.   Puede responderse delante de menores de diferente edad, porque no hay que dosificar la información, sino adaptar la respuesta al que pregunta. Los demás que están presentes podrán hacer nuevas preguntas si lo desean.

Susana Paniagua Díaz

Psicóloga

Grupo Crece

 

 

Tengo pendiente una conversación difícil: cómo prepararla. Pasos 4, 5 y 6

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Vamos avanzando en los tips más importantes para preparar esa conversación difícil que tanto nos angustia. Como recordaréis, en post anteriores, explicamos las claves para analizar nuestra propia historia interna, aprendimos a clarificar adecuadamente nuestro objetivo y visualizamos lo que nos gustaría que esa persona cambiara o hiciera.

Hoy vamos a hablar de otras tres cuestiones importantes: la preparación emocional previa, la anticipación de las posibles reacciones y la búsqueda de argumentación sólida.

Prepárate a nivel emocional

Gestionar esta conversación difícil requiere tener nuestras emociones templadas. Las emociones no solo son fuente de información sobre nuestro estado o sobre cómo nos afectan las cosas, también orientan y guían nuestro comportamiento. Una emoción de enfado intenso nos puede llevar a defendernos de forma agresiva, así como una gran tristeza nos llevará probablemente a asumir cuestiones que en el fondo no asumiríamos. Ni que tiene que decir, que una situación de exceso nerviosismo o ansiedad, nos va a llevar a querer resolver los problemas probablemente de forma precipitada y desde la angustia. Por tanto, la conclusión es gestionar las emociones previamente, con el objeto de estar lo más templados posible.

La clave para afrontar bien esta tarea, radica en el conocimiento y la comprensión de nuestras emociones, lo que englobaría la capacidad para percibirlas y comprenderlas.

Te propongo el siguiente ejercicio mediante estos pasos:

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1. Piensa en la situación de conflicto y trata de buscar al menos dos o tres emociones que te susciten esta situación.

2. Busca las emociones básicas que emanan de estos sentimientos (por ejemplo, si me ha venido una gran decepción, este sentimiento estará relacionado con la tristeza, o si es un gran nerviosismo o ansiedad, el sentimiento nos está informando que la emoción básica activada es el miedo).

3. Establece un diálogo con estas emociones básicas y pregúntales por qué están apareciendo y que te den su explicación.

¿Por qué siento miedo?, ¿qué es lo que me enfada?, ¿por qué me entristece esta situación?, ¿qué parte de mi esencia o valores están siendo dañados opuestos en peligro?.

La respuesta a estas cuestiones será conveniente que las anotes de algún modo, esto te hará situarte como observador externo a ellas cuando lo puedas leer y analizar desde una perspectiva externa. La clave aquí no está en resolver la situación ni pensar en una estrategia, sino en testarme y comprenderme.

4. Una vez que tenga clara las emociones y el origen de su aparición, vamos a plantearnos la siguiente pregunta: ¿qué quiero hacer con ellas con respecto a esta conversación que estoy preparando?.

Quizá decida expresarlas, omitirlas en cierto grado, plantearlas abiertamente, o sencillamente aceptarlas o tratar de distraerme de ellas si me parecen excesivas o que están siendo claramente autogeneradas. Todo dependerá de la situación particular en la que me halle.

Anticípate a las posibles reacciones de la persona a quien va dirigida

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Este paso pretende evitar sorpresas y estar completamente preparados para afrontar la situación, independientemente del curso en que se desarrollen los acontecimientos.

En el ejercicio que te propongo aquí, se trata de estudiar a nuestro interlocutor. ¿Cómo suele comportarse?, ¿ante qué circunstancias reacciona?, ¿qué espera de mi?, ¿qué estilo comunicativo presenta normalmente?...

De esta manera podemos establecer un plan, en función de las dos o tres reacciones o respuestas distintas que nos pueda plantear (por ejemplo incredulidad, agresividad o comprensión) y trazar una estrategia ante estas posibles reacciones.

Si anticipamos que nuestra conversación no va a ser bien recibida, podemos decidir adoptar una posición comprensiva, empatizar con la persona e insistir con calidez pero con contundencia, teniendo claro nuestro objetivo. Sin embargo, si su reacción es más pasiva, o adopta una posición victimista, podemos preparar una estrategia en la que explicaremos claramente que no buscamos atacar, sino que es muy importante para nosotros resolver unas cuestiones que son personales, pero que atañen a esta persona de alguna manera, y que esta conversación en ningún momento pretende culpar o desvalorar a esta persona.

Piensa fundamentos sólidos en los que basar tus argumentos

Nuestra petición de cambio, límite, crítica o búsqueda de soluciones, se puede ver altamente afectada ante la resistencia de nuestro interlocutor, si carecemos de argumentos de peso a la hora de defenderlos.

Es necesario pues, encontrar hechos objetivos, independientemente y separados de las emociones que nos generen, que están complicando aquella cuestión importante para nosotros y nos impiden nuestros objetivos.

Ejemplo:

Si queremos pedir un cambio de actitud, a un compañero que está retrasando nuestro trabajo conjunto, por dedicarle un tiempo insuficiente o no darle el marco adecuado, necesitamos tener claros los momentos en los que hace esto y cómo nos repercute. Podríamos entonces pensar en argumentos como:

  • Días de la semana en que el trabajo se retrasa al hacerlo a última hora

  • Conversaciones concretas habladas o por correo electrónico en que, se llegan a acuerdos que, finalmente no se han cumplido o solo se están cumpliendo parcialmente

  • Llamadas de atención de algún superior ante el trabajo retrasado

  • Situaciones concretas en las que, ante la petición de adelantar trabajo, la respuesta ha sido negativa o se ha contestado con una evasiva ("lo vemos luego")

  • Repercusiones que han tenido para nosotros estas cuestiones a nivel laboral (llamadas de atención, acumulación en día estresantes, errores de entrega...)

Es muy importante tomar conciencia que, hacer acopio de estos argumentos, no suponen un arma para "vomitarla" directamente sobre la persona y generar un efecto nocivo de "gano-pierdes". Consiste, básicamente, en tener un apoyo para pedir un cambio (como es en el caso de este ejemplo), y no necesariamente han de expresarse todos y siempre, ya que la actitud del receptor puede ser positiva y no ser necesario para conseguir la mejora.

Ya estamos más cerca de preparar al 100% nuestra conversación difícil.

¡A entrenar se ha dicho!

Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece