Estoy dispersa en mi trabajo... ¿Cómo puedo mejorar mi concentración?

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Con Mindfulness, por supuesto.

Si bien es cierto que Mindfulness no es en exclusiva el aprendizaje de herramientas para mejorar la concentración, éste es uno de los grandes beneficios que tiene cuando hacemos de la meditación una práctica habitual ( o casi habitual).  Cuando nos iniciamos en su práctica, comenzamos aprendiendo técnicas que nos anclen al presente, como es prestar atención a nuestro cuerpo o a la respiración ( no hay nada más presente, real y permanente que esto). Es entonces, al observarnos, cuando vemos casi inmediatamente que estamos pensando todo el tiempo. Con el mero hecho de darnos cuenta de cuándo nuestra cabeza se “ ha ido”, y llevar nuestra atención de nuevo a la respiración, estamos entrenando a nuestro cerebro en el desarrollo de la concentración.

Es un proceso sencillo, pero no por ello fácil a veces: nos centramos en la respiración- nuestra cabeza se va a pensar en otras cosas- somos conscientes de ello- de forma deliberada volvemos nuestra atención a la respiración.

 Te proponemos unos ejercicios básicos que puedes poner en práctica para esos momentos en que sientes que tu cabeza y tu cuerpo son incapaces de mantenerse en el sitio por más de 2 minutos…

Un último consejo: practica.

Meditación de 1 minuto

Para realizar este ejercicio no es necesario tener conocimientos abrumadores de meditación. Simplemente consiste en parar y prestar atención a la respiración. Cada vez que sientas que tu cabeza se dispersa, vuelve a la respiración, sin juicios ni críticas hacia ti ( “ ya se me ha vuelto a ir la cabeza, qué desastre”, “ esto no es para mí”,). El objetivo es darte cuenta de cuándo la cabeza viaja y de forma amable hacerla volver a la respiración.

Os dejamos un vídeo donde se muestra está técnica por si os quedan dudas:

https://m.youtube.com/watch?v=YJBB8ambUdI&feature=youtu.be

Meditación del conteo

Esta meditación sirve para los momentos de mayor dispersión. Hay personas a las que le funciona mejor y también tiene sus detractores. Prueba:

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Con la mente centrada en la respiración, siguiendo la respiración desde que comienza hasta que acaba, intentando no controlar o manipular el ritmo natural de la respiración, el ejercicio se basa en contar respiraciones ( la inhalación y la exhalación) desde 1 a 5 y una vez que se llega a 5 contar hacia atrás hasta alcanzar nuevamente 1. La siguiente ronda se procederá de la misma manera pero contando hasta 6, la siguiente hasta 7, y así sucesivamente hasta llegar a 10. Este procedimiento hace un Círculo Completo de Respiraciones. Si te despistas y te pierdes, vuelve a la cuenta desde la primera ronda. 

 

Al final la atención y concentración consiste en prestar atención al presente a una cosa determinada ( a la respiración o a contar como os hemos propuesto en este artículo). Cada uno puede elegir lo que mejor le venga.

En el siguiente os propondremos otros ejercicios cuyo objeto de atención serán el cuerpo y los sentidos.

Raquel Ibáñez Ortego

Psicóloga

Grupo Crece

 

El papel de la familia en el desarrollo social del niño

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Durante la infancia se dan las primeras experiencias del niño o la niña con sus iguales, en las que los padres y madres van a mediar para que su hijo o hija disfrute de la compañía de otros niños o niñas y aprenda a compartir y cooperar con ellos y ellas. La educación previa y el estilo de comunicación de los padres y madres con el/la pequeño/a van a influir en cómo él o ella se relacione con sus iguales.

Los padres y madres autoritarios/as, controladores/as, que establecen normas de comportamiento que no se pueden negociar ni cuestionar, que optan por la disciplina forzosa y obediencia inmediata, que evitan métodos educativos como el elogio y la motivación, o aquellos/as que son permisivos/as y pasan por alto el establecimiento y cumplimiento de normas, suelen provocar que sus hijos e hijas adopten formas agresivas o pasivas para resolver los conflictos.

Los padres y madres asertivos refuerzan y alientan las buenas conductas de sus hijos, les motivan en el proceso de aprendizaje y facilitan el desarrollo de su competencia social. Estos padres y madres:

1.      Tienen en cuenta los sentimientos, emociones y las necesidades de sus hijos.

2.      Se interesan por sus actividades cotidianas.

3.      Se sienten orgullosos/as y refuerzan sus logros poniendo atención especial al proceso más que al resultado.

4.      Muestran cariño y afecto hacia ellos y ellas.

5.      No ceden ante las normas establecidas por ellos y ellas mismos/as.

6.      No utilizan el castigo de forma sistemática.

7.      Evitan resolver los conflictos de manera agresiva.

8.      No utilizan los gritos ni las amenazas como pautas educativas.

9.      Huyen de etiquetar negativamente a sus hijos e hijas y se centran en las conductas que quieren mejorar.

Una educación muy autoritaria o permisiva puede inducir en el niño y la niña actitudes agresivas o pasivas en sus conflictos con los demás.

Relacionarnos con los demás y hacerlo de forma eficaz es una garantía de éxito social que nos aporta numerosos beneficios personales. Superar con éxito las diferentes situaciones sociales que se nos presentan a diario depende de las habilidades que hayamos desarrollado para ello.

Tener buenas relaciones sociales significa contar con una red de amigos/as, compañeros/as y familiares capaces de ayudarnos en los momentos difíciles y de disfrutar con nosotros en los buenos momentos. Utilizar unas habilidades sociales adecuadas ayuda a mejorar el autocontrol, ya que muchas veces es necesario postponer los deseos o necesidades porque son incompatibles con la situación social en la que estamos.

Los niños y niñas que no poseen estas habilidades pueden experimentar aislamiento y el rechazo social. Ser socialmente competente tiene una importancia fundamental para la adaptación del niño o niña al medio en el que vive, así como su desarrollo futuro.

En resumen, tener unas adecuadas habilidades sociales implica una serie de beneficios:

1.      El niño o niña comprende mejor a los demás y así mismo/a.

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2.      Se comunica mejor, expresa sus sentimientos y necesidades.

3.      Se enfrenta a todas las situaciones sociales, ya sean novedosas o conocidas, sin huir de ellas.

4.      Hace más amigos/as, los mantiene más en el tiempo y los conoce mejor.

5.      Es más fácil que participe en actividades lúdicas como juegos, deportes o manualidades.

6.      Puede tener un papel más importante en la familia y estar más implicado/a en las decisiones familiares. 

7.      Es más fácil que sus profesores y profesoras, compañeros y compañeras, valoren positivamente su relación con él.

8.      Probablemente logre mejores rendimientos escolares, tenga menos conflictos con los amigos/as y compañeros/as y consiga una buena adaptación posterior en la vida adulta.

9.      Tiene más posibilidades de ser una persona más feliz.

En los próximos post hablaremos de algunas actuaciones que pueden utilizar los padres y madres para aumentar las probabilidades de que sus hijos e hijas desarrollen habilidades que les permitan establecer con éxito relaciones sociales.

Susana Paniagua

Psicóloga y coach

Grupo Crece

 

Hacer que el tiempo cuente

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El tiempo pasa... cada año nos tomamos las uvas y… ¿En qué casa no se comenta lo rápido que pasa el tiempo y cómo hace nada en ese reloj ponía 1997?

A veces los años se convierten en números que se suceden, un convencionalismo carente incluso de valor para muchos. El día 1 amanecemos igual que el 31, nada ha cambiado, por lo que el sentimiento de continuidad y la negación del paso del tiempo vuelve a invadirnos.

Los mecanismos de defensa vienen a protegernos de cosas. Supongo que en este caso la negación tendrá como objetivo que no tomemos contacto con la fugacidad de la vida, que la continuidad nos haga olvidar que la vida puede cambiar en un momento y que no nos demos cuenta de nuestra vida ha pasado por etapas que ya no sucederán.

Parece que no nos guste pararnos a mirar atrás, como si nos diese miedo encontrarnos con algo malo, como si uniésemos ese acto a la nostalgia y otras emociones de carácter negativo. Por eso siempre me sorprende como nuestros pacientes, disfrutan cuando les proponemos como tarea hacer una línea de la vida. A mi me gusta mandar esta tarea de manera abierta, para que cada uno lo plantee a su modo. Esto le da una riqueza extra a la reflexión, que en ocasiones se ha planteado como una obra artística. Cuántas conclusiones podemos sacar con ese ejercicio, que siempre es el resultado de muchas horas de encuentro con uno mismo. Yo recuerdo la mía: en un cuaderno de verdes tenues que me llevaba a lugares donde me sintiese a gusto. Gracias a ella me aprendí:

·  Que cada vida estaba compuesta por muchos episodios.

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·  Que los episodios sucedían de manera inesperada, en forma de regalos de la vida que marcaban un cambio.

·  Que en los episodios difíciles había personas que veían un final que yo no veía y unas soluciones que yo no podía hacer mías, hasta que no estuve preparada.

·  Que no era consciente de la posibilidad de cambio, pensaba que la vida”siempre iba a ser así”.

El ejercicio me sirvió para tomar perspectiva, para tomar conciencia del proceso de la vida, y, sobre todo, para dejar de dar por hecho.

Vivir en la negación del paso del tiempo nos hace dar por hecho que las personas que nos acompañan estarán siempre, que los paisajes cotidianos que enmarcan nuestro día a día van a ser siempre los mismos, que como me siento hoy es mi manera de sentirme.

Y romper la negación, conlleva algo de angustia, pero recompensa con una intensidad que hace que cada día cuente. Me hace capaz de pararme a congelar momentos, a hacer fotos mentales, sabiendo que no van a repetirse, o que algún día echaré de menos esa escena tan cotidiana.

Por eso creo importante tomar conciencia del factor tiempo, para hacernos responsables de nuestro relato, poniendo marcadores y trasformando la nostalgia negativa (“que feliz era y no me daba cuenta”) en orgullo (“cómo disfrutaba de aquellos momentos”).

Sara Ferro Martínez

Psicóloga y coach

Grupo Crece

 

Como ayudar a nuestros hijos para que se valoren como seres únicos

 

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Nos diferencian las cosas que nos gustan y las que no. Los gustos van se van definiendo por las emociones que nos provocan las experiencias. Repetimos lo que nos gusta y evitamos o disminuimos el tiempo destinado a lo que no nos agrada. Buscamos estar con quien queremos e intentamos alejarnos de quien nos disgusta. Los niños y niñas van descubriendo qué les satisface y qué no, eligen entre una u otra actividad, entre esta o aquella persona, este juego u otro, y ello los define y los diferencia.

Podemos utilizar el tradicional “veo veo” para averiguar sus preferencias. Empezamos diciendo: “Veo veo…”, “¿Qué ves?...? A lo que nosotros respondemos: “una cosita que te gusta comer (jugar, escuchar, aprender, etc.). Del mismo modo, podemos decir: “Una cosita que no te gusta comer…”

No siempre actuamos por gusto. A veces las cosas requieren esfuerzo. Por ejemplo, para tirarse al agua hay que aprender a nadar y eso significa ir a clase de natación todas las semanas. Podemos ayudar al niño o la niña a diferenciar estos conceptos. Si escribimos un listado con lo que le gusta, lo que le disgusta y lo que le cuesta, podemos premiarle con algo que le agrada cuando haga el esfuerzo de realizar lo que le cuesta (un halago, un privilegio, comer su merienda favorita…).

La valía depende en gran medida de lo que reconocemos que sabemos hacer. En el caso de los niños y niñas, el reconocimiento de sus logros es fundamental para animarles a aceptar nuevos retos y a que los afronten con confianza en sus capacidades.

El autoconocimiento lleva conocimiento de los demás, conduce a comprenderlos e inicia el desarrollo de la empatía.

¿Cómo podemos aprovechar las situaciones cotidianas para enseñarles este autoconocimiento?

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  1. Durante la comida, un paseo o una circunstancia que provoque emociones, preguntemos a nuestro hijo o hija por qué le asusta, se ríe o se enfada.

  2. Ante una pelea entre amigos/as o hermanos/as , una película donde el protagonista manifieste una emoción, un momento en el que estemos enfadados o una contrariedad que suponga la expresión de rabia del niño o niña, aprovechemos para que profundice en su conocimiento y en el de los demás.

  3. Podemos hacer un relato, y al final, animar a nuestro hijo o hija a que cuente cómo se sienten los protagonistas.

  4. Jugar con sus muñecos y simular situaciones donde se provoquen emociones a través de los distintos roles y personajes.

  5. Hacer roleplaying con situaciones reales o ficticias donde vayamos rotando en los distintos personajes e ir preguntándoles cómo se sienten en cada uno de ellos.

  6. Usar fotos con caras que expresen emociones y pedirle que las imite o hacer con él un dado con las palabras “triste, alegre, enfadado, vergonzoso, feliz, asustado, etc.” Al tirarlo tendrá que poner la expresión que corresponda

En futuros post seguiremos profundizando en la importancia del autoconocimiento para el desarrollo personal y social en nuestros hijos e hijas.

Susana Paniagua Díaz

Psicóloga, coach y formadora

Grupo Crece

Cuentos para pensar... ¿mala o buena suerte?

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Hoy en la mañana, una persona muy querida para mí, de esas que son un “ soporte” (cosa que recibe el peso de otra e impide que esta se tambalee o caiga), me ha regalado este cuento con su voz.

 

EL CABALLO PERDIDO DEL ANCIANO SABIO

Había una vez un campesino que vivía con su hijo. Tenían un caballo que les ayudaba en las labores del campo. Un día, como cualquier otro, de pronto el caballo desapareció,  se había escapado. Un vecino, que vivía en un campo cercano, les visitó  y les fue a consolar.

– ¡Qué mala suerte! Se les ha escapado el caballo, ahora que harán para trabajar la tierra, pero el campesino sabio le respondió:

– ¿Buena Suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién lo sabe! Lo cierto, hoy aquí, es que se nos ha escapado el caballo. Lo demás, el tiempo lo dirá.

 Tras unos días, el campesino y su hijo vieron entrar a su campo a su caballo, pero para su sorpresa, volvía seguido de una yegua. El vecino, nuevamente fue a su casa, tras ver regresar al caballo acompañado, y le felicitó por tan buena suerte.

-Esto si que es buena suerte, tenías un caballo perdido y ahora no solo ha regresado sino que además tienes una yegua.- a lo que anciano sabio, como en la ocasión anterior, le respondió:

– ¿Buena Suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién lo sabe! Lo cierto, hoy aquí, es que el caballo ha regresado con una yegua. Lo demás, el tiempo lo dirá.

En los días siguientes, mientras el hijo del campesino estaba intentando domar a la yegua salvaje, cayó al suelo y se rompió una pierna. Tan pronto como lo llevaron al médico para curarle, este le comunicó al anciano sabio que su hijo quedaría cojo. Nuevamente, el vecino, al ver regresar al anciano y a su hijo, se acerdó a su casa para consolarlo por tan mala suerte, a lo que el anciano respondió como en las anteriores ocasiones:

– ¿Buena Suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién lo sabe! Lo cierto, hoy aquí, es que mi hijo se ha roto una pierna. Lo demás, el tiempo lo dirá.

 Pasado algún tiempo, la región donde vivían entró en guerra y un buen día, un grupo de guerreros se presentaron en cada una de las casas a reclutar obligatoriamente a los jóvenes del pueblo. Al llegar al campo del anciano sabio y su hijo, se dieron cuenta que estaba cojo de una pierna y le dijeron:

– ¿Qué te ocurre en esa pierna?

– Me la he roto mientras estaba domando a una yegua, no puedo correr y nunca más caminaré sin cojear. – dijo el muchacho.

-Así no nos sirves – dijeron los soldados y se marcharon para seguir reclutando a los hijos de todos los vecinos.

Cuando se hubieron ido, el anciano le dijo a su hijo:

– ¿Entiendes ahora porque tantas veces he dicho que el tiempo lo dirá, hijo mío? Los hechos que nos suceden en la vida no son, en si mismos, ni buenos ni malos. Puede que algo que al principio pareciera bueno, acabe dando lugar a otro suceso que nos parezca malo, y así sucesivamente. No sufras por lo que sucede. Lo que nos genera dolor es la opinión que tenemos de lo que nos ocurre. No tengas prisa, espera a ver como cada situación afecta tu futuro. Un día, con tu pierna rota, ante el médico, la maldijiste y ahora, gracias a la buena suerte de rompértela has evitado la guerra y quizás hasta la muerte. 

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No juzgues las situaciones según las consecuencias que a priori traen consigo.

Nada es bueno ni malo. La vida está en constante cambio, y aquello que ahora resulta doloroso, difícil u oscuro, … brotará en forma de fortaleza, madurez y crecimiento.

Seguro que si te pones a reflexionar un poquito sobre ello, eres capaz de encontrar situaciones como ésta en tu vida, donde nada es lo que parece…y que el tiempo colocó en su lugar.

Raquel Ibáñez Ortego

Psicóloga y formadora

Grupo Crece