La habilidad para decir "NO", ¿es tan sencilla?

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Uno de los motivos más frecuentes, y que muchas personas demandan, tanto en sesiones individuales como en talleres de asertividad, es la dificultad para “decir que NO” a los demás.

Los pasos para aplicar o aprender esta habilidad parecen sencillos, muchos compañeros o alumnos indican: “pues dices que NO, y ya valdría, ¿verdad?”, pero luego, en la realidad no es tan fácil, y hay que tener en cuenta una serie de factores. De ser así de sencillo, bastaría con tener un comportamiento robotizado, como si fuésemos un androide al que aplican una orden y un programa y responde automáticamente, y nada más lejos de la realidad.

Para saber decir que NO hay que tener en cuenta las siguientes cuestiones:

1)      Valoración inicial: ¿Hasta que punto puedo decir que NO en esta situación?

En este punto hay que pensar en quiénes son estas personas a las que nos queremos negar o poner un límite. ¿Son familiares, amigos, mi propia jefa?, ¿qué consecuencias puede tener para mí?, ¿estaría dispuesto a asumirlas, o a asumir posibles riesgos?

Para este punto es muy importante saber cual es nuestro OBJETIVO, nuestras motivaciones y lo más importante. Valorarlo en función de nuestras metas.

También hay que tener en cuenta el contexto en el que se produce. No es lo mismo negarnos a dejar nuestro coche (que no queremos que toque nadie) a nuestra prima, que poner un límite a nuestra jefa al respecto de unos horarios o tareas que consideramos abusivas, así como expresarle a nuestro mejor amigo, que finalmente no queremos ir a esa fiesta a la que nos comprometimos a acompañarle meses atrás, porque hemos cambiado de idea.

2)      Permitirnos tomarnos un tiempo para actuar

Puede ocurrirnos, que en muchas ocasiones no estemos preparados y nos pillen “in fraganti” con una petición, un compromiso, o a través de un chantaje, para que accedamos o aceptemos algo que en el fondo no queremos hacer. ¿Qué podríamos hacer entonces? La clave está en dos factores. Permitirnos el DERECHO A CAMBIAR DE OPINIÓN, y permitirnos también UN TIEMPO PARA PENSARLO SIN DAR UNA RESPUESTA.

En muchas ocasiones nos dejamos llevar por el efecto “aquiescencia”, que es la respuesta o tendencia natural del ser humano a decir que SÍ a todo. Y posteriormente nos sentimos presas de ese compromiso y accedemos a algo que en el fondo no queríamos hacer “¿cómo voy ahora a decirle que no?, pobrecito, ya me había comprometido”. Por este motivo, estos dos derechos asertivos fundamentales, pueden resultar clave. “Perdona, esto que me pides, necesito pensarlo un poco, permítemelo”. “Entiendo que en su momento te dije que sí, pero ahora he cambiado de opinión, me hago cargo de que te haya podido molestar, lo siento”.

3)      Escuchar y entender nuestras emociones

Independientemente de la reflexión, el análisis y los derechos asertivos, hay otra cuestión clave a la hora de permitirnos realizar o no determinadas conductas. Se trata de nuestro motor principal, nuestro indicador natural de lo que es importante o baladí. Las emociones. Hay ciertas emociones que pueden bloquear o dificultar nuestra actitud a la hora de permitirnos decir un NO. Algunas de ellas son las siguientes:

Miedo

El miedo nos prepara para el escape o el afrontamiento de una situación peligrosa. En caso de que sea algo que anticipamos que pueda ocurrir, lo podríamos denominar ansiedad. Cuando tenemos miedo a que nos dañen, nos abandonen, no nos quieran… condicionará mucho el establecimiento de nuestro límite. Hay que estudiar detenidamente que parte de miedo es real y cual distorsionado.

Tristeza

La tristeza nos ayuda a refugiarnos cuando nos sentimos dolidos, para no estar expuestos a aquello que nos hiere. Nos hace tomar distancia. Es una emoción que no nos moviliza para la defensa de nuestros derechos, sino para el escape. Cuando estamos tristes no peleamos, muchas veces incluso aceptamos cuestiones que no son propias o de las cuales no tenemos responsabilidad, simplemente por sentirnos débiles o con la confianza baja.

Vergüenza

La vergüenza es un tipo de miedo social. Nos defiende de que nuestra imagen pública quede dañada o mal parada. A veces, cuando hay un exceso de vergüenza, nos bloquea cuestiones importantes para nosotros. Ejemplos muy sencillos pueden ser los relacionados con dar una opinión propia en un grupo, hacerle ver a un camarero que se ha equivocado con nuestra bebida o mostrarnos en un grupo en el que aún no tenemos confianza.

Enfado

El enfado facilita la defensa de nuestros derechos, pero cuando no es bien gestionado y se convierte en rabia, nos precipita al ataque, normalmente agresivo y sin empatía hacia el otro. A la hora de decir NO, el enfado puede ser un aliado si está bien gestionado, si en lugar del enfado es rabia descontrolada, nuestro límite será agresivo, y es posible que tenga consecuencias desagradables para nosotros.

Culpa

Es una emoción que podemos situar entre la tristeza y el miedo. Nos responsabilizamos de ciertas cuestiones que nos han podido hacer daño a nosotros mismos u a otras personas, para poder aprender de ello y no repetirlo. En ocasiones la culpa también puede estar mal gestionadas y hacernos responsables de cosas que nos son nuestras. Si asumo culpas que no me corresponden, me resultará muy difícil decir un NO. Si me siento culpable por que mi amiga se sienta triste, me responsabilizaré de su tristeza, y por tanto accederé a peticiones, aunque me parezcan mal.

 

Espero que este artículo os haya hecho reflexionar sobre estas tres cuestiones. ¿Sois capaces de manejarles adecuadamente a la hora de poner un límite? En el próximo artículo hablaremos, de manera más concreta de cómo decir un NO y mantenerlo con firmeza y sin agresividad.

Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece

 

¿Se ha de decir siempre lo que piensa?

¿ Se ha de decir siempre lo que uno piensa?

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Los profesionales de la psicología siempre insistimos en la importancia de que las personas vayan siendo conscientes de sus deseos y necesidades más profundas y sinceras. Y no sólo que sean conscientes de ellas, sino que puedan expresarlos hacia afuera. Que las personas que nos rodean, también, sepan de nuestros deseos, nuestras opiniones, de nuestras necesidades es muy saludable para crear relaciones sanas (o romper con relaciones insanas).

Pero…¿ es necesario decirle siempre al otro lo que pensamos? ¿Es necesario que la “ bandera de la verdad” sea nuestra representante?

Ser sincero con uno mismo y con los demás es algo muy recomendable, pero si, además, utilizamos algunos criterios para que la verdad no se vuelva en nuestra contra, aprenderemos a discernir entre las verdades útiles y que las que pueden provocar un daño innecesario.

Os dejamos este cuento para la reflexión:

Las tres rejas

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El joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa de éste y le dice:

- Oye maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia.....

- !Espera! - lo interrumpe el filosofo - ¿ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?

- ¿Las tres rejas?

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- Si. La primera es la verdad. ¿Estas seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?

- No. Lo oí comentar a unos vecinos.

- Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?.

- No, en realidad no. Al contrario...

- !Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?

- A decir verdad, no.

- Entonces, dijo el sabio sonriendo

- Si no sabemos si es verdad, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

Podemos recoger estos criterio de verdad, bondad y necesidad para cualquier cosa que queramos expresar. No sólo para los “chismes” de unos contra otros, sino para verdades nuestras.

A veces, si hemos estado mucho tiempo de nuestra vida callando y aprendemos a quitarnos el miedo a expresar, surge en nosotros la necesidad imperiosa de llevar la verdad por delante, de no volver a callar.

 Antes de hablar pregúntate esto:

1. ¿ Lo qué quieres decir es absolutamente cierto?

2. ¿ Lo que quieres decir es bueno para alguien?

3. ¿ Es necesario que el otro sepa lo que quieres decir?

 

Raquel Ibáñez Ortego

Psicóloga y terapeuta

Grupo Crece

Tengo pendiente una conversación difícil. ¿Cómo prepararla? Pasos 7 y 8 (últimos pasos)

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Planifica tu enfoque:

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Quizá, si te planteas un preparación excesiva, en cualquier momento se puede desmontar por completo tu guión, ya que cualquier imprevisto puede hacer que aquello que tenías tan minuciosamente preparado, de repente deje de servir.  Además, la persona con la que interacciones tiene la capacidad de reaccionar o cambiarte el paso, no es una pared que vaya a responder a los puntos que a nosotros nos interesan, y como a nosotros nos convenga.

Por tanto, en lugar de un exceso de detalle, lo conveniente es tener una serie de ideas claras sobre lo que queremos abordar, y una estrategia sobre la forma de abordarlo. Esto, es especialmente importante en el momento de la apertura (es decir, el arranque de la conversación). En este punto, si puede ser interesante pensar las frases con las que pretendo arrancar, y las contestaciones a las primeras reacciones.

Imaginemos una situación de conversación difícil a nivel laboral. Supongamos que hemos seleccionado para esta conversación dos puntos fundamentales: los problemas de comunicación y mi rol en el equipo de trabajo. Podríamos entonces decidir estrategias de entrada como las siguientes:

Arranque: "María, hay dos cuestiones clave que me gustaría debatir hoy en la reunión, por las que llevo tiempo buscando un espacio. Tienen que ver con la comunicación entre el equipo y los roles establecidos. He observado ciertas situaciones que se podrían mejorar y tengo propuestas que me gustaría que fuesen debatidas".

Ante una posible evasiva: "Soy consciente de la cantidad de temas que hay pendientes, no obstante considero necesario e importante encontrar un espacio para estas cuestiones".

Selecciona un lugar y un contexto adecuado para abordarla

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Elegir el momento y contexto adecuado para la conversación que queremos plantear, puede tener una repercusión notable en el desarrollo y consecuencias de esta. Los momentos adecuados están relacionados también con los estados emocionales de quienes deben participar en ella. A parte de este, otro aspecto clave para determinar el momento y lugar adecuado, consiste en la disponibilidad de tiempo suficiente para mantener un intercambio de opiniones o puntos de vista mínimos, para que tenga algún éxito.

Unidos a estas dos cuestiones, también, hemos de considerar el lugar. Si la conversación requiere un entorno mínimamente tranquilo y exento de sorpresas, o si la conversación requiere de unas condiciones de confidencialidad.

Por tanto, finalmente sabremos si cumplimos con este punto si tenemos en cuenta las siguientes preguntas:

1. ¿Me encuentro yo, o la otra persona en un estado emocional propicio para abordar la conversación o reunión difícil?

2. ¿Dispondremos del tiempo suficiente, teniendo en cuenta el problema, para llegar a que se aborden los puntos o se resuelvan mínimamente los problemas?

3. ¿Qué entorno he elegido para tener esta conversación?, ¿es el adecuado para lo que quiero transmitir o necesito solucionar?

Los estados emocionales, como hemos comentado en alguno de los puntos anteriores, pueden complicar la transmisión o recepción de la información, llevando la interpretación a través de la emoción. En el caso de un compañero de equipo, tremendamente disgustado por el desarrollo de una reunión, que nos pide tener una charla inmediata sobre esta, y algunos asuntos con los que no está de acuerdo, concluiremos que el estado emocional no es el adecuado para abordar dicha conversación difícil, y tendremos que tratar de emplazarle a otro momento, eso sí, con tacto e inteligentemente. por ejemplo:

"Javier, entiendo que esta cuestión es importante para ti, y lamento de verdad que te sientas contrariado por lo que ha ocurrido hoy en la reunión. El tema que me comentas necesitamos hablarlo con más calma y en otro contexto, ya que merece una mayor dedicación. Me gustaría que entendieras esto."

Ya tienes las claves más importantes a la hora de preparar una conversación o reunión difícil. No obstante te recuerdo los puntos y te remito a leer los post anteriores por si te perdiste alguno de los artículos:

1. Analiza tu propia historia interna sobre la conversación

2.  Define claramente cuál es tu objetivo para esa conversación

3.  Ten claro previamente lo que te gustaría que la persona hiciera de manera específica

4.  Prepárate a nivel emocional

5.  Trata de anticiparte a las posibles reacciones de la persona con la que hablarás

6.  Piensa en fundamentos sólidos en los que vas a basar tus argumentos

7. Planifica tu enfoque

8.  Selecciona un contexto y lugar adecuado para abordarla

¡Valor... y mucha suerte!

Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece