El poder del ahora

 crece en las manos

Vivimos en una sociedad en continuo cambio, que siempre avanza, en la que las cosas duran poco y pronto se desechan por cosas nuevas. Buscamos siempre mejorar, la consecución de objetivos nos obsesiona y parece que nada es suficiente en un mundo en el que parece haber pocas limitaciones. Estamos tan inmersos en la vorágine del éxito, de la competitividad y la comparación con los demás que en ocasiones perdemos la conciencia del aquí y ahora. Vivimos en un futuro que nos gustaría alcanzar, al que poco a poco vamos añadiendo variaciones en función de nuestras necesidades y el resultado de ello es que perdemos la noción del presente: ¿Cómo estoy? ¿Me gusta el camino por el que estoy guiando mi vida? ¿Estoy conforme con las condiciones en las que me desenvuelvo? Son preguntas que no nos paramos analizar. Vivir siempre en el futuro, en los objetivos, en los ideales, nos hace separarnos de nuestra realidad, de lo que somos y estamos haciendo en este momento, perder la motivación y no valorar nuestra realidad.

Perdemos el proceso a favor de la meta, el cómo por el qué y entre tanto podemos perdernos a nosotros mismos.

Dedicar un espacio a evaluar nuestro presente, las emociones que nos surgen en el día a día, los pequeños logros que realizamos, los obstáculos que nos encontramos y la manera que hacemos de ellos un aprendizaje, nos hace conectar con nuestra realidad, con lo que nos está ocurriendo y con los pequeños avances que realizamos como personas. Valorarnos por lo que somos, con nuestra historia y nuestros sueños y nuestros objetivos, y no por lo que seremos, es la mejor manera de que encontremos en nosotros mismos la fuerza para construir un futuro ideal, desde una base real.

Sara Ferro Martínez

Psicóloga y coach