La primavera y las emociones

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La primavera es una época de cambios. Tras el largo invierno, los animales despiertan de su letargo invernal y las plantas vuelven a recuperar sus hojas, sus flores, sus colores y su aspecto más característico. Los días son más largos y cada día que pasa hay más horas de luz. Las temperaturas se hacen más suaves, aunque los días de cálido sol se alternan con otros de lluvia y frío, que recuerdan al invierno cercano. La naturaleza renace y se muestra en todo su esplendor y vitalidad.

También para las personas la primavera es un momento de cambio y de despertar a la vida. Todo invita a disfrutar de la naturaleza y el aire libre, de nuestra propia vitalidad y de los sentidos. Pero también nos enfrentamos al incremento de la inestabilidad emocional que todo cambio lleva consigo. Por eso, la primavera se asocia a la juventud, vital e inestable.

¿Y qué ocurre con nuestro estado de ánimo? ¿De qué manera nos afectan estos cambios externos? ¿Qué repercusiones tienen en nuestras sensaciones y emociones?

El aumento paulatino de horas de sol hace que nuestro  cerebro segregue más serotonina, sustancia relacionada con los estados de ánimo positivos. Además, la luz del sol tiene en nuestro cerebro un efecto regulador de los ciclos de sueño y vigilia a través de una sustancia denominada melatonina. Al alargarse los días nos sentimos con más energía y con más ánimo para realizar un mayor número de actividades y necesitamos menos horas de sueño para sentirnos descansados. También nuestro metabolismo se ve afectado en esta época: al estar activos más tiempo nuestro cuerpo nos pide comidas más ligeras que nos permitan mantener el ritmo que exigen nuestras actividades, pero, a la vez, un número mayor de comidas que nos permitan compensar el mayor gasto de energía. 

Con el aumento de las temperaturas cambia la manera en que nos vestimos.  A medida que nos vamos adentrando en la nueva estación, vamos dejando al descubierto un mayor porcentaje de piel, lo que genera un estímulo que está directamente relacionado con el aumento de la líbido. Es una situación acorde con el despertar de la vida que vive la naturaleza. Este hecho, unido al buen humor y al aumento de las actividades diarias, hace que relacionemos esta época con el amor y la pasión.

Sin embargo, no todos son efectos positivos ni todo el mundo vive la primavera de la misma manera. Los cambios pueden hacer que nos sintamos desconcertados, más cansados, tristes y que nos sea más difícil adaptarnos a la rutina, concentrarnos en la tarea o conciliar el sueño. Estos síntomas responden a la llamada “Astenia Primaveral”, que se caracteriza por una sensación de debilidad física y mental que puede llegar a bloquearnos. Además, los cambios bruscos en la meteorología que caracterizan a esta época pueden hacer que nuestro estado de ánimo fluctúe más y de una manera más intensa.

 Y si, como comentábamos al inicio, la primavera es la época del renacer, ¿cómo podemos hacer que este saque lo mejor de nosotros?

1.       Aprovecha el aumento de energía y de horas de luz para dedicarte tiempo a ti mismo.

2.       Planea actividades al aire libre y vuelve a conectar con la naturaleza.

3.       Aumenta el consumo de frutas y zumos como fuente de energía.

4.       Haz una lista de “Ilusiones de primavera”, pararnos a pensar cosas que nos gustaría hacer para aprovechar la estación es el primer paso para lograr realizarlas.

5.       Retoma el contacto con personas de las que te hayas podido alejar durante el invierno.

6.       Dosifica tus energías, ve aumentando la actividad de manera paulatina.

7      Mantén las rutinas lo más estables posible, horas de comer y acostarte. Los cambios que vayas a realizar, hazlos poco a poco.

Sara Ferro Martínez

Psicóloga y coach

La primavera ¿la sangre altera?

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El sol influye directamente en nuestro estado emocional y motivacional, muchas personas en primavera se sienten más felices y más activas. El aumento de la luz provoca la segregación en nuestro organismo las hormonas como la melatonina o la serotonina, esto provoca que nos sintamos más contentos y con mejor humor.

De hecho el índice de depresiones es mucho más alto en zonas del planeta con menos luz solar.

Además de los cambios hormonales, también tienden a aumentar los niveles de colesterol y de azúcar, y la acidez de la sangre.

El cuerpo debe adaptarse a un nuevo clima y en este proceso podemos notar cansancio, somnolencia, bajadas de tensión, apatía, pérdida de hambre... Estos cambios siendo normales, pueden ser experimentales con más o menos intensidad, dependiendo de cada persona.

Por otro lado, la primavera puede revolvernos y desestabilizarnos emocionalmente, los cambios de temperaturas, la inestabilidad del tiempo,  pueden llevarnos a los que se denomina "depresión primaveral". La persona puede sentirse triste, aunque habitualmente es un estado de humor pasajero que desaparece a los pocos días o semanas. No estamos hablando de depresión como problema psicológico o psiquiátrico, sino de una bajada del ánimo que afectará más o menos a la persona según su patrón de habilidades y las circunstancias que la rodeen en ese momento.

En personas con trastornos psiquiátricos ya instaurados el patrón estacional influye entre un 10% y un 20%.

En conclusión, la primavera como tal no provoca ningún trastorno, sino que tiene alguna influencia en personas más sensibles a los cambios, esto puede afectarnos a nivel corporal y/o emocional y no le debemos dar demasiada importancia.

Lo que podemos hacer es:

-          Cuidarnos un poco más y no desatender nuestros hábitos básicos.

-          Aceptar el estado de fatiga o apatía.

-          Buscar hacer actividades con otras personas y actividades agradables.

-          No obsesionarnos, escucharnos lo justo, dejando que pasen unos días, seguramente nuestros pensamientos no serán tan negativos.

Y si el efecto es de activación y buen humor disfrutémoslo al máximo.

Raquel López Vergara

Psicóloga y coach