Tengo pendiente una conversación difícil: cómo prepararla. Pasos 4, 5 y 6

argumentos.jpg

Vamos avanzando en los tips más importantes para preparar esa conversación difícil que tanto nos angustia. Como recordaréis, en post anteriores, explicamos las claves para analizar nuestra propia historia interna, aprendimos a clarificar adecuadamente nuestro objetivo y visualizamos lo que nos gustaría que esa persona cambiara o hiciera.

Hoy vamos a hablar de otras tres cuestiones importantes: la preparación emocional previa, la anticipación de las posibles reacciones y la búsqueda de argumentación sólida.

Prepárate a nivel emocional

Gestionar esta conversación difícil requiere tener nuestras emociones templadas. Las emociones no solo son fuente de información sobre nuestro estado o sobre cómo nos afectan las cosas, también orientan y guían nuestro comportamiento. Una emoción de enfado intenso nos puede llevar a defendernos de forma agresiva, así como una gran tristeza nos llevará probablemente a asumir cuestiones que en el fondo no asumiríamos. Ni que tiene que decir, que una situación de exceso nerviosismo o ansiedad, nos va a llevar a querer resolver los problemas probablemente de forma precipitada y desde la angustia. Por tanto, la conclusión es gestionar las emociones previamente, con el objeto de estar lo más templados posible.

La clave para afrontar bien esta tarea, radica en el conocimiento y la comprensión de nuestras emociones, lo que englobaría la capacidad para percibirlas y comprenderlas.

Te propongo el siguiente ejercicio mediante estos pasos:

preparación emocional.jpg

1. Piensa en la situación de conflicto y trata de buscar al menos dos o tres emociones que te susciten esta situación.

2. Busca las emociones básicas que emanan de estos sentimientos (por ejemplo, si me ha venido una gran decepción, este sentimiento estará relacionado con la tristeza, o si es un gran nerviosismo o ansiedad, el sentimiento nos está informando que la emoción básica activada es el miedo).

3. Establece un diálogo con estas emociones básicas y pregúntales por qué están apareciendo y que te den su explicación.

¿Por qué siento miedo?, ¿qué es lo que me enfada?, ¿por qué me entristece esta situación?, ¿qué parte de mi esencia o valores están siendo dañados opuestos en peligro?.

La respuesta a estas cuestiones será conveniente que las anotes de algún modo, esto te hará situarte como observador externo a ellas cuando lo puedas leer y analizar desde una perspectiva externa. La clave aquí no está en resolver la situación ni pensar en una estrategia, sino en testarme y comprenderme.

4. Una vez que tenga clara las emociones y el origen de su aparición, vamos a plantearnos la siguiente pregunta: ¿qué quiero hacer con ellas con respecto a esta conversación que estoy preparando?.

Quizá decida expresarlas, omitirlas en cierto grado, plantearlas abiertamente, o sencillamente aceptarlas o tratar de distraerme de ellas si me parecen excesivas o que están siendo claramente autogeneradas. Todo dependerá de la situación particular en la que me halle.

Anticípate a las posibles reacciones de la persona a quien va dirigida

anticipate.jpg

Este paso pretende evitar sorpresas y estar completamente preparados para afrontar la situación, independientemente del curso en que se desarrollen los acontecimientos.

En el ejercicio que te propongo aquí, se trata de estudiar a nuestro interlocutor. ¿Cómo suele comportarse?, ¿ante qué circunstancias reacciona?, ¿qué espera de mi?, ¿qué estilo comunicativo presenta normalmente?...

De esta manera podemos establecer un plan, en función de las dos o tres reacciones o respuestas distintas que nos pueda plantear (por ejemplo incredulidad, agresividad o comprensión) y trazar una estrategia ante estas posibles reacciones.

Si anticipamos que nuestra conversación no va a ser bien recibida, podemos decidir adoptar una posición comprensiva, empatizar con la persona e insistir con calidez pero con contundencia, teniendo claro nuestro objetivo. Sin embargo, si su reacción es más pasiva, o adopta una posición victimista, podemos preparar una estrategia en la que explicaremos claramente que no buscamos atacar, sino que es muy importante para nosotros resolver unas cuestiones que son personales, pero que atañen a esta persona de alguna manera, y que esta conversación en ningún momento pretende culpar o desvalorar a esta persona.

Piensa fundamentos sólidos en los que basar tus argumentos

Nuestra petición de cambio, límite, crítica o búsqueda de soluciones, se puede ver altamente afectada ante la resistencia de nuestro interlocutor, si carecemos de argumentos de peso a la hora de defenderlos.

Es necesario pues, encontrar hechos objetivos, independientemente y separados de las emociones que nos generen, que están complicando aquella cuestión importante para nosotros y nos impiden nuestros objetivos.

Ejemplo:

Si queremos pedir un cambio de actitud, a un compañero que está retrasando nuestro trabajo conjunto, por dedicarle un tiempo insuficiente o no darle el marco adecuado, necesitamos tener claros los momentos en los que hace esto y cómo nos repercute. Podríamos entonces pensar en argumentos como:

  • Días de la semana en que el trabajo se retrasa al hacerlo a última hora

  • Conversaciones concretas habladas o por correo electrónico en que, se llegan a acuerdos que, finalmente no se han cumplido o solo se están cumpliendo parcialmente

  • Llamadas de atención de algún superior ante el trabajo retrasado

  • Situaciones concretas en las que, ante la petición de adelantar trabajo, la respuesta ha sido negativa o se ha contestado con una evasiva ("lo vemos luego")

  • Repercusiones que han tenido para nosotros estas cuestiones a nivel laboral (llamadas de atención, acumulación en día estresantes, errores de entrega...)

Es muy importante tomar conciencia que, hacer acopio de estos argumentos, no suponen un arma para "vomitarla" directamente sobre la persona y generar un efecto nocivo de "gano-pierdes". Consiste, básicamente, en tener un apoyo para pedir un cambio (como es en el caso de este ejemplo), y no necesariamente han de expresarse todos y siempre, ya que la actitud del receptor puede ser positiva y no ser necesario para conseguir la mejora.

Ya estamos más cerca de preparar al 100% nuestra conversación difícil.

¡A entrenar se ha dicho!

Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece