Emoción vs. problema: esa es la cuestión

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¿Qué quiere decir esto de emoción o problema?, ¿a qué me quiero referir?...

Os voy a dar pistas, me refiero a la forma de gestionar las relaciones, de tratar a una persona, de educar a una hija, de calmar a un amigo enfadado, de recoger a una compañera de trabajo triste o angustiada, de solventar una situación que puede ser peligrosa o violenta... como podréis ver, de lo que vamos a hablar hoy se puede generalizar muchísimo, y pretendo que sea una herramienta que aprendáis de forma sencilla.

Como personas que vivimos en un entorno demandante, a nuestro cerebro se le exige constantemente solucionar problemas y resolver situaciones de nuestro día a día. Eso nos hace acostumbrarnos a detectarlo con rapidez, pensar estrategias de resolución y ponerlas en práctica, capacidades muy importantes para afrontar nuestro día a día.

Pero... ¿qué nos pasa con las emociones de las personas?... ¿estamos realmente atentos a ellas y las tenemos en cuenta?... ¿las valoramos también como cuestión o problema?...

Por mi vivencia, tanto en mi trabajo como en mi vida diaria, te das cuenta de que no es así, y que tanto a jóvenes como a mayores, nos ha faltado un componente educativo de gestión emocional propia y ajena muy importante.

Aquí es donde muchas veces fallamos, ¿por qué?, por quitarles importancia, por no centrarnos en ellas o ser demasiado resolutivos, es decir, en cierta situaciones nos obcecamos en resolver el problema y no somos capaces de vez la emoción que subyace y que puede estar complicando la resolución de esta situación.

Pongámoslo con ejemplos que será mucho más sencillo:

1) Un padre que monta una buena bronca a su hija después de caerse de un columpio, herirse y hacerse mucho daño, cuando va a buscarle llorando.

2) Una amiga muy triste contándonos una situación delicada a nivel sentimental a la que contestamos lo que puede hacer o no en su situación sin que nos lo haya pedido directamente.

3) Un amigo con el que mantenemos una conversación sobre temas sensibles para él, sobre la que empieza a reaccionar con mucho enfado, y nosotros nos defendemos desde los argumentos o diciéndole que no lleva razón.

¿Qué tienen en común estas tres situaciones?... Lo habéis averiguado: nos centramos en los problemas, concretamente de la siguiente manera:

1) El padre se centra en la conducta desobediente de su hija y en el golpe que se ha dado, se asusta y preocupa y le transmite esto a través de la bronca sin darse cuenta de que quizá, esa hija esté sintiendo mucho miedo y dolor y necesite sentirse cuidada.

2) A nuestra amiga, probablemente por estar cansados, no tener tiempo, o no saber hacerlo, empezamos a decirle lo que tiene que hacer, sus opciones y cómo puede resolver su situación sentimental, obviando la necesidad de sentirse recogida.

3) Con nuestro amigo enfadado nos centramos puramente en la conversación, en la batalla de quien gana o pierde, quien tiene argumentos sólidos... pero no nos damos cuenta de que por algún motivo se puede estar sintiendo herido o dolido... lo obviamos.

¿Y cuál puede ser la solución?, ¿de qué otra manera podríamos hacerlo?...

La clave está, en un primer lugar, en identificar y saber leer las emociones que están sintiendo estas personas, y ¿después?... pues después EMPATIZAR.

La ley es sencilla: gestionar las emociones antes que los problemas, sobre todo si son llamativas o sobresalen al problema, en estas situaciones ATACAMOS PRIMERO A LA EMOCIÓN. Las emociones nos dan información sobre lo que las personas sienten, y nos indican lo que es importante o no para ellas, lo que les hiere, alegra o los puntos a los que son sensibles. Por eso primero debemos aprender a leerlas, y luego gestionarlas, antes de atajar los problemas.

Volviendo a los ejemplos de antes podríamos concluir:

1) El padre puede ofrecer calidez y calma a su hija, porque lo necesita, ya que su emoción de miedo amenaza su sensación de seguridad, y el apoyo de la figura paterna, el vínculo es completamente incondicional. "Cariño, vaya golpe, venga ya está pasando, que susto te has dado ¿verdad?" (así atacamos la emoción)... y posteriormente, y SOLO CUANDO LA EMOCIÓN ESTÉ GESTIONADA vamos al problema: "esto sabes que tiene una consecuencia, papá te lo había repetido muchas veces".

¿Qué soluciones se os ocurrirían para el ejemplo 2 y 3 teniendo en cuenta lo que hemos explicado de las emociones y la empatía?... estaremos encantados de leer vuestras soluciones en nuestro correo o facebook.

Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece