Psicólogos certificados y colegiados
Con más de 15 años de experiencia
Especializados en bullying y acoso escolar, TDAH, dislexia, dificultades en la lectoescritura, fobias, trastornos de conducta y otros problemas de niños, niñas y adolescentes.
Especialistas en talleres de habilidades sociales y emocionales.
Asesoramos a las familias
De la preocupación constante a ver a tu hijo/a tranquilo y feliz
Las madres y los padres sienten una gran preocupación por la estabilidad emocional, social y escolar de sus hijos e hijas, tanto si se trata de niños más pequeños como adolescentes.
No afrontar a tiempo situaciones que pueden surgir en el proceso de desarrollo, puede llevar a las y los menores a sufrir problemas de salud mental y baja autoestima, afectando a su vida académica, social y personal.
Su bienestar psicológico y su futuro dependen de solventar de modo sano y adecuado, obstáculos como el bullying, la ansiedad escolar o social, problemas con los estudios, afrontar retos como pueden ser un posible diagnóstico de TDAH, TEA, dislexia o altas capacidades, etc., favorecer una integración social sana con las adecuadas habilidades sociales, prevenir situaciones de acoso escolar o ciberacoso y favorecer unas herramientas de gestión emocional y social que fomenten una sana autoestima.
Ayudamos a niños, niñas y adolescentes a desarrollar autoestima, entender lo que sienten, mejorar su conducta y gestionar sus emociones y dificultades, mientras acompañamos a sus familias a entenderles y saber cómo actuar en su día a día
Bullying y Acoso escolar
Ayudamos a tu hijo/a a recuperar la seguridad en sí mimo y volver al colegio sin miedo
El acoso escolar es uno de los factores que más influyen en la salud mental de niños, niñas, niñes y adolescentes, pudiendo desarrollar depresión, inadaptación, ansiedad y baja autoestima.
La terapia infanto-juvenil especializada en bullying con profesionales expertos y los talleres de habilidades sociales y emocionales, pueden revertir los efectos a corto plazo y prevenir el acoso escolar en el futuro.
Fracaso escolar o dificultades en los estudios
Ayudamos a menores con dificultades de aprendizaje y fracaso escolar a sentirse capaces otra vez
El fracaso escolar preocupa enormemente a las familias ya que el futuro profesional depende en gran medida de la buena adaptación de niños y jóvenes al ámbito escolar y académico, así mismo influye en su autoestima y en los niveles de estrés y ansiedad que puedan sufrir niños y adolescentes.
A veces, retrasos en el aprendizaje, malas herramientas o condiciones de estudio, diagnósticos como TDAH, dislexia, discalculia, altas capacidades o dificultades familiares inciden en la mala adaptación escolar. Por ello, hacer una evaluación neuropsicológica para detectar el problema e intervenir a tiempo con estrategias prácticas y terapéuticas a través de profesionales especializados puede marcar la diferencia.
Problemas de conducta o emocionales en niños y adolescentes
Cuando tu hijo/a sufre toda la familia lo nota. Nosotros os ayudamos
Los problemas de conducta o emocionales que presentan nuestros hijos e hijas a veces no se perciben de modo directo sino que aparecen a través de conductas inhibidas, regresiones, mal comportamiento, conflictos en casa o con sus iguales, bajo rendimiento escolar, a veces también con comportamientos modélicos y un exceso de perfeccionismo o exigencian.
Fobias, Trastornos de la alimentación, problemas de autocontrol o de autoestima, dificultades para relacionarse, aislamiento social, adicción a las pantallas… son problemas que se van a arrastrar en la vida adulta si no se tratan a tiempo.
Te ofrecemos un tratamiento psicológico:
Práctico
Comprometido
Con profesionales sanitarios y colegiados especializados.
Que dominan diversas herramientas terapéuticas y abordan diversas dificultades.
Coordinación con las familias y otros agentes relevantes (tutores, etc.)
Respuestas que ayudan a entender lo que está pasando
Sabemos que, cuando surgen dudas sobre un hijo, lo primero que uno hace es buscar información, comparar y tratar de encajar lo que ocurre con lo que lee.
Por eso hemos reunido aquí algunas de las preguntas más habituales que vemos en consulta. Puede que en ellas encuentres situaciones que te resulten familiares o que te ayuden a poner un poco de orden a lo que estás viviendo.
Aun así, cada caso tiene sus matices. Y cuando las dudas encajan demasiado contigo, suele ser buena señal de que merece la pena mirarlo con más detalle.
Preguntas frecuentes
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Conviene acudir a un psicólogo infantil o juvenil cuando observáis cambios conductuales que os preocupan, se mantienen en el tiempo y empiezan a afectar al bienestar del menor, a la convivencia familiar, al colegio o a sus relaciones. Puede manifestarse como un cambio en el modo de actuar, ansiedad, tristeza, irritabilidad, aislamiento, miedos, rabietas intensas, problemas de conducta, dificultades escolares, baja autoestima o bloqueo emocional. No hace falta esperar a que la situación empeore para pedir ayuda. Una valoración e intervención a tiempo permite entender mejor lo que está ocurriendo y actuar antes de que el malestar vaya a más y se transforme en un problema más serio.
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La terapia infantojuvenil es un espacio profesional adaptado a niños y adolescentes, donde se trabaja para comprender qué les está pasando y ayudarles a sentirse mejor. Según la edad y el motivo de consulta, el proceso puede centrarse en la gestión emocional, la conducta, la autoestima, las relaciones, el malestar psicológico o las dificultades escolares. Cuando es necesario, también se orienta a la familia para acompañar mejor al menor y favorecer cambios que ayuden en su bienestar.
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Sí, en muchos casos la familia forma parte del proceso. Dependiendo de la edad del menor y del motivo de consulta, puede haber sesiones de orientación con madres, padres o cuidadores para ayudaros a comprender mejor lo que está ocurriendo y acompañarle de una manera más adecuada. En terapia infantil y juvenil no solo se mira al menor de forma aislada, sino también el contexto en el que vive, crece y se relaciona. El papel de madres y padres es importante porque son un referente para el menor y pueden facilitar enormemente el progreso del proceso de terapia facilitando unas condiciones más favorables en el entorno próximo del menor para aplicar las herramientas de la terapia y para brindar validación y apoyo emocional y normalizando la propia situación de ir al psicólogo.
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Saber si un niño o niña está simplemente despistado o es movido o se trata de un Trastorno por déficit de atención (TDA) o Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es una duda muy frecuente. En el caso de tratarse de un trastorno estos despistes, impulsos, distracciones… suelen ocurrir en todos los contextos del mentor: colegio, hogar, actividades de ocio, extraescolares… y se llevan manifestando durante un tiempo prolongado. Al niño o niña le cuesta mucho hacer los deberes, iniciar tareas, se distrae fácilmente y los profesores en el colegio ya empiezan a decirlo, parece que no escucha, hay que repetirle las cosas cien veces, puede mostrar conductas negativistas, le cuesta respetar el turno, se mueve continuamente, interrumpe mucho y habla mucho, actúa sin pensar, comete errores por no fijarse, se frustra mucho y tiene berrinches por cosas que aparentemente no tienen importancia, notamos que le regañamos constantemente, etc. Para estar seguros y descartar aspectos de la personalidad del niño o del contexto es necesario realizar una evaluación neuropsicológica ya que si realmente hay un trastorno, es fundamental que se realicen adaptaciones en la escuela y en el hogar para ayudar a que este niño o niña puedan tener una vida completamente adaptativa y feliz. Este tipo de dificultades afectan mucho al rendimiento escolar, a la autoestima y generan problemas de conducta que pueden derivar en conflictos serios y problemas de salud mental.
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El TDA o TDAH son trastornos del neurodesarrollo, y son condiciones que se mantienen de por vida , aunque la terapia y el apoyo escolar y familiar adecuados facilitan una adaptación favorable sin que el niño o niña tengan que sufrir las secuelas de esta condición neurológica. Las personas que presentan este trastorno (niños y adultos, cada vez se está diagnosticando más en la edad adulta) tienen un cerebro que gestiona de modo diferente la atención, el autocontrol y la actividad. Por ello muchas veces no hablamos de trastornos en sí, sino de neurodivergencia. Sin embargo, es necesario intervenir para prevenir problemas de autoestima, de fracaso escolar y social y otros problemas de salud mental, ya que nuestro entorno funciona para un patrón más neuronormativo. En nuestro cerebro hay áreas que controlan la atención, la planificación y los impulsos. Si esas áreas no funcionan correctamente a la persona le cuesta: mantener el foco, pensar antes de actuar, organizarse, terminar tareas… No es que estas personas no puedan concentrarse sino que lo hacen si el cerebro recibe suficiente cantidad de un neurotransmisor llamado dopamina. La dopamina ayuda a nuestro cerebro a decirse: “esto merece la pena, mantén la atención”. En TDA o TDAH hay menos disponibilidad de dopamina, se usa más rápido o el cerebro necesita más estimulación para activarse (jugar a un videojuego, mirar pantallas o algo que les encanta sí capta su atención, pero no todas las actividades que debemos hacer como estudiar, recoger, escuchar algo complejo, etc. generan esa cantidad de dopamina en personas con TDA o TDAH. Es decir, no mantienen la atención en las tareas que no generan suficiente recompensa inmediata, ya que hay una dificultad en el cerebro para gestionar la dopamina. La intervención psicoeducativa en TDAH o TDA busca que el cerebro pueda regular la dopamina y la motivación, es un cerebro que necesita más estructura, una supervisión sana, más ayudas externas y más refuerzo para funcionar de modo correcto, todo ello es un proceso que se va automatizando hasta que el cerebro puede hacerlo solo.
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La intervención psicoeducativa con un un niño o niña con TDA o TDAH tiene varias patas. La principal es establecer un buen diagnóstico no solo de este trastorno del neurodesarrollo sin de las áreas emocionales, sociales y conductuales afectadas y del contexto del menor: escuela y familia, a partir de ahí se establece un plan de intervención que consiste en, por un lado, un trabajo con padres y madres y colegio para : dar instrucciones cortas, una orden cada vez, normas claras, consecuencias inmediatas, estructura, rutinas… (todo ello, personalizado para cada niño o niña y familia), por otro lado, intervención directa con el niño para entrenar la función ejecutiva (organización, planificación, memoria de trabajo, gestión del tiempo, etc.), pautas sanas de movimiento, organización y estructura para que el menor aprenda a organizarse solo e intervención psicoemocional para aprender a gestionar las emociones y reforzar la autoestima .
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La medicación en TDA o TDAH no siempre es necesaria. Depende de la gravedad de los síntomas, la edad del niño o niña, las secuelas que se dan en su vida escolar y personal. En casos leves o moderados, la intervención tras el diagnóstico se basa en pautas e intervención con la familia, coordinación con el colegio, ayudar al menor en el estudio, en la organización de rutinas, en el entrenamiento de las funciones ejecutivas y ofrecer apoyo emocional para mejorar la autoestima. En casos más graves, cuando hay un fracaso escolar severo, impulsividad peligrosa, problemas psicológicos derivados del trastorno y una autoestima muy baja, mucho sufrimiento, en definitiva, junto con todo el apoyo psicológico y escolar suele ser recomendable acompañar con la medicación. Sin embargo hay que valorar de modo personalizado cada caso.
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Detectar a tiempo que mi hijo o hija sufre bullying es clave, porque en muchas ocasiones las víctimas no lo cuentan directamente y cuando lo detectamos pueden llevar meses sufriendo agresiones físicas y emocionales. Tienen a ocultarlo por vergüenza, por miedo a represalias o a que el acoso empeore, su autoestima se ha roto tanto que sienten que no hay escapatoria. Pero podemos percibir cambios bruscos de humor, miedo a ir al colegio, baja autoestima y sensación de ser “tonto” o “menos que los demás”, verbalizaciones como “prefiero estar solo”, “el cole es horrible”, “no caigo bien a nadie”, mayor irritabilidad o nerviosismo, llanto fácil, tristeza sin causa clara, evitar determinadas actividades como ir al algún cumpleaños o salir a jugar a la calle y encerrarse más en sí mismo, somatizaciones como dolor de cabeza, diarrea, problemas digestivos, dificultades para dormir, cambios en el apetito, mayor introversión, baja el rendimiento escolar, evita actividades que antes le gustaban, se aísla con las pantallas, borra mensajes rápido, uso compulsivo del móvil…
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La intervención psicológica en un caso de acosos escolar, bullying o ciberbullying tiene tres patas: intervenir con el centro educativo, intervenir con la familia e intervenir con el menor. Si no intervenimos, a largo plazo las secuelas pueden ser terribles a nivel emocional, desarrollando trastorno por estrés postraumático, trastornos de la alimentación , trastorno obsesivo compulsivo, trastornos de la ansiedad o depresión que pueden perdurar en la edad adulta y pueden cronificarse. Con los menores hay que trabajar la psicoeducación de qué es el bullying y por qué ocurre, hacer un trabajo emocional para identificar y gestionar las emociones, reforzar la autoestima, trabajar las habilidades sociales y la asertividad. Todo ello se recomienda realizarlo en un formato de terapia individual y también en terapia de grupo para trabajar en ese formato también las habilidades socio-emocionales. Con las familias es importante ofrecer pautas para no sobreproteger, para validar sus emociones, aumentar las seguridad y la autoestima en casa, para comunicarse de modo adecuado con el centro escolar, entre otras y con el centro escolar la intervención debe de orientarse en una coordinación con el tutor o tutora, ofrecer un protocolo anti bullying, mediar, etc.
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El ciberacoso o ciber bullying es un tipo de acoso que ocurre a través del móvil, redes sociales, videojuegos o internet, puede ser más dañino que el bullying en sí, porque no se detiene al salir del colegio y no existe ningún lugar seguro para el menor y porque llega a mucha más gente, hauy una exposición pública muy grande. A través de estos medios se propagan bulos o rumores, se publican fotos o vídeos sin permiso, memes humillantes, exclusión de grupos, amenazas, chantajes, insultos y burlas, se difunden secretos, se suplanta la identidad y todo esto ocurre, de modo repetido y con la intención de hacer daño.
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Detectar un problema de habilidades sociales en la infancia es muy importante, ya que a veces, lo confundimos con timidez o mal comportamiento o simplemente pensamos “mi hijo es así”. Y sin embargo, para niños y niñas sentirse integrados, aceptados y queridos en un grupo de iguales es fundamental para su desarrollo psicosocial sano. Las habilidades sociales permiten a los niños y niñas relacionarse con iguales, hacer amigos, comunicarse de modo sano, entender las normas sociales, resolver conflictos, expresarse y compartir sus emociones. Hay que activar la alerta de un posible problema de habilidades sociales si el menor: juega solo en el recreo, si los demás no cuentan con él para jugar, si cambia constantemente de grupos, si no tiene amigos o tiene muy pocos, si no sabe cómo empezar a jugar c otros, si no se uno a otros niños en el parque, sino mantiene conversaciones, si se relaciona interrumpiendo y sin adaptarse al otro, si malinterpreta las intenciones, si es muy dominante o controlador, si tiene rabietas en grupo, si no comparte, si quiere imponer sus reglas siempre, si se frustra en exceso cuando pierde, si llora demasiado con los conflictos en grupo, si evita situaciones sociales, si prefiere a los adultos que a los niños, si se pega mucho a un solo amigo, si no capta las normas sociales, si ningún otro niño le elige para hacer grupo en el cole y siempre es el profe el que le recoloca, etc. A veces la falta de habilidades sociales se percibe pro defecto: excesiva introversión o complacencia y otras pro exceso en conductas hostiles, impulsivas, excesivamente competitivas o egocéntricas.
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En la adolescencia las habilidades sociales para relacionarse con los iguales son muchos más complejas, y muchos adolescentes sufren la falta de integración social o se integran a costa de no marcar límites sanos y caer demasiado en la presión de grupo. Si observamos que nuestra hija o hijo adolescente, es demasiado complaciente, se está dejando llevar por amistades poco sanas, sentimos que algún amigo o amiga le domina, que no se atreve a expresar una opinión contraria, que le cuesta ligar o flirtear, que no sabes ser empático, que tiene conocidos pero no amigos, que está muy aislado o pasa excesivo tiempo con pantallas y redes sociales, que tiene pocos planes sociales o ninguno, que se muestra tenso a nivel no verbal si está con gente de su edad, que dice sí a todo, que se deja llevar por el criterio de otros del grupo, si tiene conflictos frecuentes o si observamos que no entiende bien las normas sociales o las bromas, sería interesante plantearnos que nuestra hija o hijo puedan participar en un taller de habilidades sociales y emocionales con gente de su edad o iniciar un proceso de psicoterapia.
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El fracaso escolar va mucho más allá de suspender asignaturas. A nivel psicológico, social y laboral puede tener un impacto irreversible, sobre todo si se mantiene en el tiempo, por ello es conveniente atajarlo cuanto antes y brindar al menor el apoyo necesario para salir de ese bucle. Si observamos que nuestra hija o hijo tiene suspensos continuados, puede repetir o ha repetido algún curso, rinde muy por debajo de su capacidad, no tiene ninguna motivación por el aprendizaje y por ir a clase, estamos hablando de fracaso escolar. La consecuencia más directa aunque no sea visible es una baja autoestima. Aunque el menor se muestra fanfarrón, esto puede ser precisamente un indicadora de autoestima muy baja u esto favorece que se meta en un bucle donde a corto o largo plazo pueden aparecer otros problemas de corte psicológico, familiar o de integración social y académica. Lo más importante es evaluar en un principio qué hay detrás de esto, puede ser un problema personal de bullying, por ejemplo, un problema de aprendizaje como dislexia, atención, etc., no detectado, puede haber un problema de hábitos de estudio, circunstancias vitales estresantes de fondo… La mayor parte de las veces el fracaso escolar es la consecuencia de otro problema de base que hay que detectar y posteriormente tratar.
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Un informe neuropsicológico es fundamental cuando hay problemas de aprendizaje o se sospecha de un trastorno del neurodesarrollo como puede ser un posible déficit de atención o hiperactividad, un trastorno del espectro autista, una dislexia, discalculia, un problema serio de lectoescritura, altas capacidades, etc. Si llegar a este diagnóstico pueden aparecer etiquetas y juicios de valor que no sólo no ayudan al niño o niña sino que generan un estigma que pueden desencadenar otro tipo de problemas: “Es muy raro”. “es un vago”, “ se porta mal”, “no lo hace porque no quiere”, “no se esfuerza”, ”no me hace caso”, “le tengo todo el día castigado”, “es un niño tonto”, “es un niño malo”…Tener un informe profesional, elimina estos estigmas, plantea las soluciones personalizadas en casa caso, facilita que se abran los expedientes necesarios y se tomen las medidas adecuadas a nivel escolar de cara a que el menor obtenga todos los apoyos a los que tiene derecho, así como las medidas familiares e individuales que sean necesarias en cada caso.
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Abordar estos problemas en terapia no consiste solo en “hablar con ellos”, sino que es un trabajo integrado en un conjunto de técnicas y procedimientos que incluyen por supuesto al menor pero también a su familia y en muchos casos a la escuela. Primero se realiza una evaluación para enmarcar las necesidades de intervención a través de entrevistas, observación directa, cuestionarios, terapia de juego… Después comienza la intervención propiamente dicha donde se plantea el encuadre, como puede ser la frecuencia de visitas, las reuniones que se harán con la familia o la escuela, si se valora la adecuación de sesiones conjuntas de terapia familiar… En la intervención directa con niños o adolescentes se suele usar el dibujo terapéutico y el juego terapéutico, juego simbólico, juegos de mesa terapéuticos, cuentos, role-playing, psicodrama, juego de roles, refuerzos, economía de fichas, modelado, trabajo con la identificación de las emociones con diagramas o ejemplos, técnicas de relajación, respiración o mindfulness, validación y escucha, psicoeducación, modelos significativos del entorno, textos… todo ello adaptado a la edad del niño o niña o del adolescente.
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Un taller de habilidades sociales y habilidades emocionales dirigido a niños, niñas o adolescentes es un espacio grupal de entrenamiento práctico en herramientas para identificar sus emociones, saber expresarlas, saber gestionarlas, aprender a comunicarse con claridad y sin herir, aprender a escuchar, desarrollar empatía, desarrollar una sana autoestima, aprender a conversar, resolver conflictos, hacer amigos de calidad, ser más asertivos, defenderse sin agresividad, aprender a poner límites sanos y decir no, saber controlarse, etc. Se utilizan dinámicas teatrales, de roleplaying, dinámicas expresivas, ejercicios de mindfulness, psicoeducación emocional, terapia de juego… todo ello en un ambiente lúdico, dinámico de confianza, de validación y apoyo.
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Niños, niñas o adolescentes tímidos, que sufren ansiedad social, que están algo aislados, que sufren o han sufrido bullying, que no saben defenderse bien, que tiene problemas de empatía o de autocontrol, niños o adolescentes con baja autoestima. que están dentro del espectro autista o tiene déficit de atención o hiperactividad, que le s cuesta hacer amigos o tiene conductas agresivas… pueden beneficiarse de participar en un grupo de habilidades sociales y emocionales.
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Sí, es recomendable que la escuela se involucre en un proceso de terapia infantil o juvenil. Especialmente si hay dificultades de adaptación social o educativa en el menor. En cualquier caso, es a través de la familia y del psicólogo o psicóloga como se establece la mediación y colaboración con el entorno escolar.
La opinión de nuestrxs clientes
Nuestros servicios
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Este contenido ha sido elaborado por profesionales de la psicología y se basa en experiencia clínica y evidencia actual.
Artículo revisado por Raquel López Vergara, psicóloga colegiada nº M-15039