La distorsión mental automática de la que hablaremos hoy son las etiquetas, las cuales utilizamos muchas veces de manera inadecuada, excesiva y categórica, y, pese a que a simple vista parecen sencillas de reestructurar, su carácter automático nos hace contemplar al mundo o a nosotros mismos desde esa etiqueta.
Las etiquetas en si no son algo negativo, al contrario, nos ayudan a simplificar el mundo para poder actuar de una forma más rápida y adaptativa y también nos permiten ahorrar tiempo y recursos mentales para resolver la cantidad de soluciones a problemas o decisiones, a las cuales sometemos a nuestro cerebro durante nuestro día a día.
Pongamos un ejemplo:
Tenemos una cantidad de tiempo escaso en nuestro trabajo para parar a comer y retomar la faena. Buscamos las diferentes opciones para alimentarnos bien, pero también, buscamos ser rápidos, y por otro lado, valoramos el estrés que nos puede suponer y si nos merece la pena. Decidimos bajar al supermercado más cercano una vez hecha esta reflexión, y, gracias a nuestra experiencia y a las etiquetas, en el momento de la cola nos comportamos adaptativamente: "ese cajero es muy lento" (probablemente porque tiene menos experiencia), "la señora mayor va muy despacio y paga con moneditas"... Como podéis ver, utilizamos estas etiquetas para conseguir adaptarnos mejor al mundo, aunque podamos caer en el error de caer en prejuicios o de ser injustos (quizá el otro día al cajero al que llamo lento, sencillamente tuvo una mala mañana, o quizá no sea justo meter en el saco a esta señora mayor de ser lenta), nos compensa hacerlo para lograr nuestro objetivo (comprar comida lo más rápido posible, que sea sana y que me pueda dar tiempo antes de reanudar el trabajo).
El problema de las etiquetas, es que, no solo las utilizamos para adaptarnos a nuestro medio y elaborar una respuesta mejor, sino que también nos sirven para evaluarnos a nosotros mismos en nuestro desempeño o nuestra persona, y en estas ocasiones, si que pueden ser muy dañinas.
Desde nuestra infancia, a través de nuestros padres, maestros, educadores, familiares, amigos... vamos integrando y recibiendo estas etiquetas de manera constante y continua. Estas etiquetas las podemos recibir directamente a través del lenguaje: "niño, eres un desastre" y posteriormente, también, a partir de nuestras experiencias: "soy un fracasado".
¿De qué forma se van haciendo dañinas estas etiquetas?
