El engaño del positivismo y la apología del éxito

mujer-positiva.jpg

Vivimos en una sociedad llena de soberbia y desconectada de la realidad. Nos falta reflexión. Vivimos hipnotizados por un pensamiento positivo superficial que usamos como “soma” para vivir en una falacia de realidad. Nos guiamos por objetivos vitales que no tiene nada que ver con nuestras necesidades o deseos sono que están marcados desde “lo que se espera que debo desear”.

Sí nos remontamos al padre de la filosofía, Socrates, encontramos un modo de aproximarse a la realidad repleto de humildad y lucidez, bien lejos de como nos posicionamos ahora ante el mundo. Socrates defendía que cualquier persona podía estar acertada o equivocada, el método socratico no daba nada por sentado y aceptaba la ignorancia básica que nos imbuía a todos los seres humanos. Su método recogido por la psicología y usado también como técnica en el coaching, denominado diálogo socratico, consiste en hacerse preguntas y establecer una reflexión profunda acerca de las diferentes cuestiones, pero abriendo la opción a equivocarse y reconocer nuestra propia ignorancia con humildad.

No parece que nuestro mundo cultive mucho la reflexión. Y, sin embargo, es una clave muy importante para adptarnos alas circunstancias de la vida y para encontrar un equilibrio personal.

Nos invaden un conjunto de paradigmas que son peligrosos para la construcción de una personalidad sana, para el manejo del estrés y para nuestro bienestar psicológico.

Me gustaría destacar tres de ellos:

1. Pensamiento positivo banal y vacío. Y consecuente rechazo a emociones "negativas" como la tristeza, la frustración o la ansiedad.

dd40754b-d8b0-4edd-937e-ca515883d718_169.jpg

"Piensa en positivo y lo lograrás", "enfócate hacia el éxito", "si quieres puedes", "eres el dueño de tus emociones", "todo está en tu mente".... Son las ideas que están detrás de ese mundo de color de rosa que parece al alcance de cualquiera que sea lo "suficientemente listo". Ideas que nos venden ciertos "gurús" que han pasado por ello, creyeron en sí mismos y lo lograron y además descubrieron que el camino era fácil y al alcance de quien "estuviera lo suficientemente iluminado para creer". Un mundo tentador libre de sufrimiento al que es fácil sucumbir porque nos da la apariencia de que en él podemos satisfacer nuestras necesidades más importantes.

Nada más lejos de la realidad. Este tipo de planteamiento desarrolla en las personas un hábito de evitacion en lugar de un hábito de afrontamiento. Y a largo plazo aumenta la probabilidad de sufrir estrés, depresión y ansiedad patológicos.

Cada uno de nosotros tal y como decía Ortega y Gaset, somos nosotros y nuestras circunstancias y afrontar la vida no es algo fácil, implica esfuerzo, implica fracasar, implica acertar, volver a fracasar, tener un poco de suerte..., o no. La clave está en llevar una mochila de herramientas que nos ayuden a lidiar en los malos momentos y nos facilite ir tomando las decisiones más alineadas con nuestras necesidades, las auténticas necesidades de cada cual, no las que la sociedad nos
"vende" como aquellas únicamente válidas.

La vida a nivel individual y colectivo, muchas veces, no es color de rosa y la única alternativa posible es aprender a afrontarlo.

2. El castigo social a la falta de "productividad" y la exaltación de un "tipo determinado de éxito".

liderazgo1_crop1476735715542_jpg_1913337537_crop1536633984002.jpg_258117318.jpg

Desde cierto enfoque que yo denomino pseudo terapias, pseudo coaching, pseudo educación se nos lleva a pensar que cierto tipo de "triunfo" es el único modo para ser considerado un individuo digno de validación.

"Educación para la excelencia", "formación para ser un profesional de élite", "alcanza el éxito" son eslóganes muy explotados en nuestra sociedad y que acaban atrapandonos de tal modo que tal curso, tal terapia, tal producto... nos llevan a engancharnos en una meta, que al ser inalcanzable, nos introduce en un círculo vivioso de frustración, insatisfacción y estrés.

El único modo de rendimiento viable es el que se traduce en productividad. Para ello necesitamos estar hioeractivos para convertirnos en esos superhombre y supermujeres que la sociedad espera de nosotros.

La falta de enfoque en metas adecuadas a cada cual, y vivir deprisa para ser productivos provocan precisamente que desperdiciemos nuestra vida y nos sintamos desconectados ya que en el fondo no estamos ni siquiera sabiendo que es lo importante para nosotras y nosotros, nos desconectamos de la realidad.

La personas necesitamos parar, mirar, atender, escuchar, contemplar, hacia afuera y hacia adentro para ver lo esencial. A veces hipoatendemos porque no paramos y otras veces, nos vamos al extremo, a la hiperatencion, y no desconectamos la mente, entrando en un pensamiento obsesivo y agotador.

3. Falacia de control, de autonomía e independencia.

mindfulness-mitos.jpeg

Nos hemos olvidado de lo que nos hace humanos y es el vínculo con el otro. Somos porque hay otros. La base de una identidad sana está en el vínculo dependiente que establecemos con nuestras figuras de apego originales, y posteriormente en el mantenimiento de vínculos sanos el resto de la vida.

Vínculo sano implica poder desarrollar un grado de autonomía suficiente para sentirme un individuo único con su propia identidad, deseos y necesidades pero que es capaz de vincularse con los demás y vivir en sociedad de manera interdependente.

Hemos llegado hasta aquí gracias al amor y a la cooperación. Sin estos ingredientes no hubiésemos sobrevivido como especie, del mismo modo que los bebés no se desarrollan ni física ni psicológicamente, si carecen de estos componentes en los primeros años de vida.

El éxito que cada cual consiga nunca es un logro individual, siempre será un logro colectivo.

La tendencia a no compartir el éxito, en nuestra sociedad nos lleva al aislamiento, la desvinculación y a la soledad. La soberbia de sentir que el control está en cada cual, que podemos lograrlo todo y somos omnipotente nos lleva a la indefension, ya que en el fondo somos limitados y no queda otra que aceptarlo.

Todo esto se traduce en una mayor incidencia de trastornos de la personalidad, ansiedad y depresión, y de la construcción de una sociedad que funciona en el cortoplacismo, realizando una huida hacia delante sin reflexión ni profundidad.

Raquel López Vergara

Psicóloga y coach

Grupo Crece

Relaciones tóxicas: cómo identificarlas

E162C1AC-A834-482C-8D9D-F4DFD85404CD.jpeg

La denominación de “relación tóxica” forma parte de nuestro vocabulario, la usamos en nuestras conversaciones cotidianas pero, sin embargo, no existe una definición unificada para ellas. Esta realidad nos indica lo complejo del término, y lo difícil que es identificarlas (es muy difícil identificarse con algo que no está definido). Por eso, a continuación vamos a reflexionar sobre los factores que caracterizan este tipo de relaciones:


1. Son difíciles de identificar.

Como hemos visto, no tener una definición unificada del término hace que nos cueste mucho darnos cuenta de que esa relación que tenemos con una persona determinada es, efectivamente, una relación tóxica. Además, ciertos modelos relacionales extendidos a través de películas, series y canciones, hacen que normalicemos comportamientos tóxicos y que les demos un significado incluso positivo.


2. Están basadas en la confusión.

Cuando estamos en una relación tóxica sentimos y pensamos cosas, hasta en ocasiones, contrarias. Esto nos hace dudar de que los pensamientos y emociones negativos puedan ser ciertos: “Como le voy a odiar si ha hecho tantas cosas por mi”, “como me va a hacer daño si soy tan importante para él/ella”.


3. Son drásticas e intensas.

toxicas.jpg

Las interacciones y las emociones que implican estas relaciones, son una montaña rusa, pueden cambiar en una misma conversación y pasar por estados diferentes en un periodo de tiempo muy corto.


4. Sensación de falta de control.... y de estar a la expectativa.

Estas relaciones, por las características que hemos nombrado en los puntos anteriores, hacen que vivamos la relación con un cierto grado de tensión y ansiedad. Sentimos que lo que suceda no está en nuestro control, que no sabemos si el otro va a reaccionar bien o mal ante una información, que no sabemos si estará hoy de buenas o de malas.


5. Hay un juego de poder.

En estas relaciones, muchas interacciones están basadas en poner a prueba el poder que se tiene sobre la otra persona, sobre sus decisiones, sus emociones... Estos juegos de poder pueden ser complementarios (uno de ellos ejerce poder y el otro se somete al poder) o simétricos (ambos luchan por el poder).

Atendiendo a estos factores, podemos darnos cuenta de que las relaciones tóxicas se pueden generar en cualquier contexto: familiar, laboral, social o de pareja. No existe un espacio más proclive que otro a generar dinámicas tóxicas, y todos son igual de graves y dañinos para quienes lo padecen.

Existen dos factores que generan una relación tóxica: personas tóxicas y dinámicas tóxicas.

Personas tóxicas

Las personas tóxicas son aquellas cuyo patrón relacional suele estar marcado por los factores arriba mencionados. Son personas con dificultades para establecer relaciones duraderas, que fundamentan sus relaciones en emociones muy extremas, y que suelen posicionarse en un marco continuo de aliados-enemigos, en el que el segundo grupo suele ser mayoritario.

Son personas con una actitud suspicaz ante las relaciones, que tienden a tener una interpretación negativa de los actos de los demás y que llevan a la acción todos sus pensamientos y sentimientos.

Son personas cuya historia está llena de episodios de abandonos, grandes enfados, personas con las que no se hablan, de amistades rotas y de historias de amor telenovelescas.

Dinámicas tóxicas

Las dinámicas tóxicas tienen un componente sistémico. Son situaciones en las que los implicados tienen un grado de responsabilidad, por fomentar o permitir la dinámica.

Las dinámicas tóxicas se cuecen a fuego lento, son una escalada que va poco a poco llevando la relación a lugares que no se podían imaginar en los inicios de la misma. Hacen que las personas saquen facetas que no les identifican en otros ámbitos de sus vidas, solo se muestran en esa relación y resultan hasta sorpresivas para los propios implicados.

Esto genera un mayor enganche en la idea de que la relación puede cambiar, de que en algún momento la relación volverá a un cauce normal, dificultando la ruptura de la misma.

La escalada tóxica de la relación es, muchas veces, paralela a la búsqueda de soluciones personales por cambiar la dinámica, entrando en un bucle de frustración que no hace si no empeorar la situación.

Conocer lo que significa una relación tóxica nos hará tener un criterio sobre el que valorar nuestras relaciones y las expectativas que tenemos. En muchas ocasiones, el cine y la televisión nos han mostrado relaciones tóxicas como modelos positivos, lo que nos crea una gran vulnerabilidad de normalizar patrones tóxicos en nuestras vidas.

Sara Ferro Martínez

Psicóloga y coach

Grupo Crece

Paren el mundo que me quiero bajar... Sobre la frustración y otras emociones negativas..

PAREN EL MUNDO QUE ME QUIERO BAJAR

fru1.jpg

El mundo es un lugar frustrante. Cada día, una persona se enfrenta a decenas de frutraciones en sus diferentes grados (desde que se derrame el café por la mañana a que tengas que echar dos horas extras por un error en el trabajo, pasando porque la persona con la que habías quedado para despejarte se le haya olvidado vuestro compromiso, cancelando el encuentro a última hora).

El mundo es un lugar tan frustrante que el ser humano destina cantidades astronómicas de tiempo y de dinero a buscar maneras que disminuyan ese número de frustraciones diarias a las que nos  enfrentamos: aplicaciones para que no tengamos que esperar al autobús o para que no nos enfrentemos al rechazo de alguien al ligar cara a cara, gimnasios que abren 24 horas para que no tengas que adaptarte, pastillas que modulan nuestro estado de ánimo, videojuegos que puedes reiniciar si no estás el primero en la partida…

fru2.jpg

Tiempo y dinero invertidos en mandar un mensaje:

“La frustración es el enemigo, TIENES DERECHO a no tenerla”

Este mensaje cala tanto en los adultos que, a la hora de enfrentarse a la crianza y educación de los hijos, la brújula que guía las decisiones dentro del gran abanico de opciones, es en muchas ocasiones la misma: la mejor opción será la que resulte menos frustrante para los pequeños.

Los seres humanos, en su tendencia antropocentrista, tienden a sobreestimar su capacidad para controlar y manejar los devenires de la vida y la naturaleza, creándose lo que, en muchas ocasiones, no es más que una falsa ilusión de control.

Entonces, ¿qué sucede cuando una persona se encuentra, dentro de este contexto, con la frustración? La respuesta es clara: la frustración se duplica, sumándose la frustración por el suceso a la frustración por no haberlo podido evitar.

El progreso es, sin duda, algo necesario para una sociedad, y es claramente necesario invertir en ello, pero no podemos olvidar que el camino que lleva al crecimiento de una sociedad está relacionado con la fortaleza de la misma, así como de la capacidad de adaptación a las circunstancias que puedan surgirle. Por ello, a la vez que buscamos crear condiciones más propicias, necesitamos ser conscientes de que, por mucho que avancemos como sociedad, nuestras emociones seguirán formando parte de nuestras vidas y no existen fórmulas (y ojalá nunca surjan) para acallarlas.

Partir de la necesidad de ser más felices, reducir la frustración, evitar la tristeza, etc. como brújula y vara de medir del progreso, es una base irreal que nos puede hacer entrar en una trampa constante y peligrosa.

La frustración no es más que una emoción cuya función es la de hacernos más fuertes y adaptables. Viene a enseñarnos que no podemos tenerlo todo controlado, que no tenemos tanto poder. A veces, frustrarnos puede ser hasta un alivio.

Sara Ferro Martínez

Psicóloga y coach

Grupo Crece

9 claves para pensar en positivo...o por lo menos, intentarlo

IMG_1160.JPG

 

Hay varias razones por las que uno se impide a sí mismo pensar de forma más positiva. La razón que más me llama la atención es esa máxima del pensador negativo que dice que si se piensa en positivo uno se lleva más decepciones, así que mejor vivir en la angustia el sufrimiento y el miedo de forma permanente y recibir una buena noticia después que nos alivie. Es curioso cómo el ser humano sigue prefiriendo un horror sin fin a un final horroroso…

Hablamos de PENSAR EN POSITIVO, no de ser inconscientes, ni de estar en los mundos de Yupi,  y ni siquiera hablamos de no querer ver lo negativo u obviarlo. Simplemente hablamos de ver TAMBIÉN ese lado positivo de las cosas. Existe. Al igual que existe el negativo. Ninguno de los dos es más real, y ninguno de los dos es menos real…es decir: co-existen. ¿Por qué sólo préstamos atención a uno?¿ Por qué consideramos que es más consciente y responsable la persona que ve lo malo que puede ocurrir? Podemos darnos cuenta de los problemas o dificultades y también de vivirlos de forma positiva y no recrearnos de forma obsesivamente negativa en ellos.

Te proponemos que pueden ayudarte a mirar esa parte positiva y, por tanto, empezar a pensar en positivo.

1 Acepta la imperfección:

es fundamental para que tu mente se llene de positividad. No todo es perfecto ni va a suceder justo como tú quieres. Reconocer la existencia de los errores, los defectos, lo imprevisto de las cosas y las personas como algo connatural al ser humano y al mundo en general  te permitirá dejar de sufrir cuando ocurran. Porque van a ocurrir.

2. Pon límites a la propia responsabilidad: 

Si nos creemos responsables de cada problema (una separación, un hijo que pasa por un mal momento, etc.) sólo sentiremos culpa. La idea de que somos responsables de todo oculta otra idea , más negativa aún: creer que todo está bajo nuestro control.

3. Deja de lado la victimización:

Frases como “¿por qué me toca siempre a mí?” o “siempre tengo mala suerte” o “¿por qué a los otros sí y a mí no?” nos alejan de la responsabilidad sobre nuestros actos. Si no me siente responsable, no puedo hacer nada para cambiar nada.

4. Piensa en lo que quieres que pase, no en lo que no quieres.

Por ejemplo, "quiero aprobar este examen" en vez de "no quiero suspender ese examen". Aparecerán sentimientos más proactivos que te dirigirán a tu objetivo, en vez del miedo, que te bloqueará.

 

5. Habla con frases positivas:

IMG_1161.PNG

Tu lenguaje influye en tus pensamientos así que abandona frases como “No puedo”, “No es posible” y cámbialas por “Voy a probar a ver qué pasa”.

6. Pregunta, no supongas:

muchos de nuestros pensamientos negativos suelen provenir de suposiciones que tenemos en la mente y que no hemos contrastado con la realidad. Una mala cara de alguien o una llamada no contestada pueden activar pensamientos negativos por causas que nos inventemos. Pregunta siempre al otro.

7. No generalices demasiado:

que una relación no saliera bien, o una persona nos mintiera no significa que ocurra en todos los casos. Si sacas conclusiones que empiecen con “siempre” o “nunca” detente y cuestiónate esas palabras tan grandes ¿ De verdad “siempre…o nunca…”?

IMG_1162.JPG

8. Agradece y reconoce lo bueno de los demás:

empieza a ser consciente de lo que los demás te den u ofrezcan. No te fijes siempre en la falta ( lo que justo no han tenido en cuenta o el día que lo hicieron mal). Ampliará tu campo de visión.

9. Aprecia lo bueno que tienes en tu vida:

Tendemos a pensar en nuestros problemas sin darnos cuenta de que en nuestra vida hay muchas cosas buenas y positivas. ¿Y si haces un listado de todo lo bueno que hay en tu vida y lo lees cada día?

Raquel Ibáñez Ortego

Psicóloga y formadora

Grupo Crece

 

Hacer o recibir críticas: una expresión con mala fama

criticafoto.jpg

PARTE 1: CONCEPTO ADECUADO DE CRÍTICA Y PRIMEROS PASOS PARA APRENDER A HACERLAS

De alguna manera, el término criticar, o hacer una crítica en nuestro entorno, está mas bien asociado a algún hecho negativo, a una descalificación o al descubrimiento de una debilidad que debemos corregir. Es por ello, que puede ser algo que tendamos a evitar por no hacer daño, y que podemos recibir defensivamente por lo mismo.

Sin embargo, la cuestión no está en que el termino criticar sea en si negativo, sino en que las personasrealizamos o recibimos mal las críticas.

¿Cómo hacer bien las críticas? Ataca a la conducta o a los hechos, no a la persona.

Para responder a esta pregunta, hemos de tener claro, que la crítica nunca ha de realizarse a una persona en sí, sino a unas conductas, hábitos o rutinas, que generan algún problema o conflicto. Por ejemplo, podemos criticar que, en nuestro piso, no hay un hábito de limpieza que nos parezca adecuado, o que los platos y cacharros de la cocina se dejan sin lavar, en lugar de criticar que nuestros compañeros o compañeras sean unos “guarros” o unas “dejadas”. En el primer caso, criticamos una conducta que nos genera un problema y en el segundo, atacamos a una persona, aquí está la diferencia.

¿Es suficiente con esto? No. Lo adecuado es ser también un motivador del cambio.

HgCUscf.jpg

Para hacer críticas constructivas o conseguir cambios en una relación, lo más adecuado es introducirse como motivador de esas soluciones, por tanto, como parte importante en esos cambios. Aunque gran parte de los cambios los acometa la persona receptora de la crítica. En el mismo ejemplo, en lugar de decirles a mis compañeras que “tienen que ser más limpias”, orientaríamos la crítica a algo así como “¿qué podemos hacer para resolver esta situación?”. De esta última manera, el sujeto activo que pide el cambio, se compromete en buscar soluciones.

Pasos para hacer bien una crítica:

1) Describe de forma objetiva la situación

Tratando de no mostrar un punto de vista, centra tu crítica en hechos los más objetivos posibles, y transmítelos de forma impersonal, sin adjudicar responsabilidades a la otra persona.

Ejemplo: “Desde hace varias semanas, he visto con cierta frecuencia, que los cacharros de la cocina se quedan sin fregar durante varios días”

Ejemplo incorrecto: “La cocina está hecha una pocilga, eres una guarra y dejas todo sucio siempre”.

2) Expresa como te hace sentir. Con mensajes yo y lenguaje emocional

Consiste en expresar una emoción ajustada, utilizando la primera persona, al respecto de lo que te generan esas conductas o hechos.

Ejemplo adecuado: “Cuando ocurre esto, me siento molesto, ya que para mi es importante la limpieza y disponer de menaje limpio cuando lo necesito”.

Ejemplo inadecuado: “Es imposible vivir con gente tan poco responsable y respetuosa”.

3) Empatiza con la otra persona

Este paso ayuda a establecer una conexión empática con el otro, reduce la agresividad y enfoca la crítica de una forma más constructiva.

Ejemplo adecuado: “Entiendo que trabajas hasta tarde, o que fregar es pesado y costoso, o puedo entender que cada uno tengamos una concepción sobre lo que es limpieza u orden”.

Ejemplo inadecuado: “No parece que pienses en lo que me molesta esto a mí, te da igual, vas a lo tuyo…”.

4) Exprésale el deseo de que se resuelva el problema

Después de exponer lo que ocurre, expresar las emociones y empatizar, viene el momento fundamental, la búsqueda de soluciones. Antes de ello, es conveniente resaltar la importancia del cambio, para que la otra persona lo tome más en serio. En las críticas nos involucramos, no damos una orden.

Ejemplo adecuado: “Estas cuestiones pueden parecer menores, pero para mí es muy importante que busquemos una forma conjunta de resolverlo”.

Ejemplo inadecuado: “Necesito que cambies y dejes de hacer esto”.

 ¡Próximos pasos y cierre del artículo en el siguiente post!

Alberto López Viñau

Psicólogo y coach

Grupo Crece